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El ruido

El jueves 6 febrero, 2020 a las 2:50 pm
El ruido
Imagen cortesía de: http://www.cochlea.org/es/ruido
El ruido

El ruido

La palabra ruido me viene a la memoria desde que entré a bachillerato. En las clases de historia para nombrar una época oscura de una época con pocos hechos memorables, sobretodo en Bogotá, sede eterna y principal de la cultura en nuestra patria, Colombia. No ocurrían sucesos de importancia cultural, que hicieran parte de la historia de Bogotá o de Colombia y los historiadores nombraron como «la época del ruido». Si no ocurría algo de importancia, ¿de dónde provenía el ruido?   

Porque, eso sí, cabría para cualquiera de las grandes ciudades colombianas y de otros países en donde el ruido predomina por encima de sucesos culturales, climáticos, o cambios bruscos en la política, el arte o el pensamiento, en general.

Las grandes ciudades con tantos trenes, metros, buses, carros particulares, máquinas de fábricas producen sonidos de día y aún de noche. No cabría usar esa expresión para expresar una época de quietud intelectual o de inactividad política o de pausa en la producción industrial o intelectual.

Más bien esa expresión que se acuñó para expresar algo distinto del sonido material y raso que producen los motores que pululan por las numerosas vías de nuestras ciudades, valdría si -aunque fuera por la noche- que no transitaran buses, metros, carros particulares en nuestras ciudades.

Hoy a nadie se le ocurriría hablar de ausencia de ruido, -ni de noche- o escandalizarse del ruido de nuestro vecindario a la 1:00 a.m. Hasta a esa hora transitan y bullen vehículos de motor por nuestras carreteras y ciudades populosas, a cualquier hora.

Que lo recuerde la historia, fue el presidente Carlos Lleras Restrepo, que, el 21 de abril de 1970 -con reloj en mano- mandó a Colombia a recogerse en sus casas a las 6:00 p.m. bajo el arresto en cárcel si alguien estaba fuera en las calles en la noche que empezaba y era sorprendido por las autoridades de policía. Esa noche ningún vehículo circuló porque las vías estaban vacías. No hubo ruido en Bogotá ni en Colombia esa noche de tiempos idos -y casi coloniales todavía-…  

Habrá y ha habido ausencia de ruido de motores en las vías «en estado de sitio» decretado por el gobierno, pero, en días corrientes, los oídos humanos tendrán que soportar el ruido inclemente de autos particulares, buses de servicio público, trenes, metros, vendedores que ofrecen sus productos y hasta de cuidadores de carros que ofrecen sitio al pie de nuestras viviendas urbanas.

Los ciudadanos rasos tendremos que soportar callados tanto ruido que produce esta sociedad de consumo permisiva. Las autoridades y los concejales en sus ciudades parecen sordos o son amigos y hasta propietarios de los vehículos o servicios que producen tanta polución auditiva y visual en calles y recintos. No hay leyes suficientes para los autores materiales e intelectuales que causan esta clase de polución en nuestros vecindarios.

Ojalá pudiéramos decir: «qué dicha que no hay ruido»… Aquí, hoy y ahora en mi propio edificio, un vecino ha contratado una máquina de hacer ruido para «reparar» su apartamento. Nadie nos ha advertido ni pide excusas por causarnos esta molestia.

06-02.20 – 9:23 a.m.

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