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El sábado 22 mayo, 2010 a las 10:54 pm
EL ROJO SE VISTE DE PÁLIDO Y FRÍO

politicayseguridad.blogspot.com/2009/09/refle…

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
 
Que un ser humano llegue a los 145 años se diría un portento si se compara con la edad a que llegó Matusalén. Una mujer en el viejo continente se alza la bata y pregona “yo soy la campeona en ser la más vieja del mundo”. Y ojalá que muchos llegásemos gozar de las dichas de la vida y los mimos de los tataranietos.

A las instituciones también les llega el orín y, como a los pianos finos, si no se les cuida, se llenan de polvo y gorgojo y se destartalan. Es lo que le está sucediendo a nuestro Partido Liberal. Nació con Ezequiel Rojas, como una rosa carmesí y lozana. Tuvo una juventud erguida y llevó sobre su pecho la bandera igual que su sangre. Se batía ardiente y daba vigor a los brazos desnudos y el verbo fluía.

Enarboló consignas y alzó el puño en plazas y convenciones. Enardeció al pueblo y millones de voces gritaron “¡Viva el gran partido!” Detrás de ella formaron Uribe Uribe, López el viejo, Santos, Gaitán, Galán que hicieron vibrar las fibras de Bentham, Voltaire y desde la Revolución francesa volvieron a entonar aquellas palabras: libertad, fraternidad e igualdad. El liberalismo simbolizó siempre la amistad para con el pueblo, pueblo, y la lucha por la igualdad social y económica en medio del goce de la libertad.

El liberalismo consiguió derechos laborales, derecho a la tierra y vertió su voluntad hacia el respeto por los derechos humanos. Mientras fue fiel a esos principios, el pueblo se vistió de rojo y las mayorías triunfaron sobre las alianzas de otro orden y justicia. Entonces, empezaron las guerrillas a asolar campos y ciudades, llegó el narcotráfico con la droga y el dinero fácil a dañar la juventud y el comercio y por fin llegaron los paras a servir de fuerza de venganza y muerte.

Murieron Lara Bonilla y Galán y sus seguidores se olvidaron de las banderas de lucha de la honestidad y la defensa del pueblo. Hubo alianzas malditas, hubo el festín de la plata, la gran bonanza económica e imperó el poder de los ricos emergentes. Colombia acabó con la fe en el trabajo y el terror se adueñó de campos y pequeños pueblos que poco a poco se perdieron en el olvido. Entre el hombre común y los líderes se abrió un hondo abismo de apatía y falta de solidaridad.

Se contaminaron los gobiernos, los estamentos, las fuerzas militares y de policía y reinó el desenfreno, la corruptela y desestabilización del Estado. El liberalismo se confundió con el nuevo régimen de caos y el pueblo quedó entre el fuego oficial, el tráfico de armas, el negocio de la droga, la confrontación guerrerista, el deterioro de las relaciones con países hermanos, la venta del patrimonio patrio a inversionistas extranjeros y la venalidad se adueñó del Congreso, de contratistas y Estado.

¿Dónde estaba el liberalismo, como fuerza moral del país? Algunos se aliaron con el nuevo régimen, algunos fueron a la cárcel, y los demás cedieron al Polo el “laissez faire” en el Congreso y el periodismo empezó a destapar las ollas podridas.

¿Dónde está el liberalismo que no lo vemos? ¿Dónde está el protagonismo, dónde las contrapropuestas? De seguro, está congelado y espera a la segunda vuelta para no quedar sin burocracia o morir morado y con frío.

21-05-10 – 18:06 p.m.

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