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EL RÍO DE LA VIDA

El sábado 29 septiembre, 2018 a las 8:39 am
LA GUACHARACA EN EL RÍO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy Otras publicaciones de este autor en: https://bit.ly/2teqPbL

EL RÍO DE LA VIDA

EL RÍO DE LA VIDA  

Imagen tomada de: https://bit.ly/2OnBAlo

 

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y llegados, son iguales…

Jorge Manrique

Allá afuera, por la ventana, oigo el ruido de la vida. Me incluyo yo, el pensante. Como lo descubrió el filósofo. El que afirmó que si uno piensa, existe. Era nada menos que el físico Descartes. Y el otro que salió del río y se aterró porque las aguas no se lo tragaran. También era filósofo, Heráclito. A miles de años de distancia.

Sí: oí ondear las olas del mar y abrí la ventana para ver si estaban altas y estaban encabritadas. No había un solo carro por la vía, sobre el pavimento. Era el eco de todos los que corren con sus motores en movimiento allá, al otro lado que yo no veo. Al moverse en las calles con sus motores se hacen sentir, pero las paredes y las calles que se interponen no permiten verlos. Ya se han ido con su ruido a otra parte.

Suceden en el mundo tantas cosas… Algunas se hacen oír pero no las vemos. Otras suceden y nunca nos daremos cuenta que sucedieron o pasaron cerca de nuestra nariz o nuestros ojos. Son olas diminutas, unas, otras grandes como un descubrimiento  y otras más grandes como el paso del leopardo o el león por la selva o el desierto.

La vida es un río, dijo un poeta. Manrique. No es tranquilo siempre, con sus aguas mansas. También se encabrita como un león ante su presa que huye inútilmente para salvar su pellejo y algo más que no lo ve ni lo presiente. O si lo huele va por él y no se salvarán sus carnes y lo que haya por dentro.

Pero hagámosle caso a al poeta y sigamos la corriente que él nos ofreció. La vida es como un río de aguas que se deslizan por su cauce. A veces es ancho y generoso. Otras, el curso se achica y las aguas se encajonan y se lanzan rápidas por entre piedras y suenan y su eco se oye desde lejos. Sabe uno que va bravo o tormentoso.

A veces las aguas caen mansas desde una cima, en cascada y el humano se pone debajo para deleitarse con el golpe delicioso sobre la espalda. Las aguas mansas pueden correr cristalinas y casi sin producir oleaje o golpear con su brazo las piedras. Parece el río un manso cordero y formar un pozo para que allí retocen niños, mujeres y muchachos.

De las aguas mansas, líbrame, que de las malas me cuido yo. Una cosa es que alguien crea que un río que no produce espuma en su lomo cuando corre es porque está quieto y no tiene peligro. Un río semeja al ser humano. A veces está sereno y otras corrientoso y violento.

5:05 p.m.               27-09-18

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