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El reino de la frase corta

El domingo 4 abril, 2021 a las 1:25 pm
El reino de la frase corte
Imagen: Archivo web.

El reino de la frase corte.

Parte I.

Pablo Cesar Peña - Columnista

Es indudable que las grandes industrias televisivas y en general los dueños de los medios de comunicación de noticias y de opiniones publicadas, que no de la opinión pública como erróneamente llegaron tales conglomerados económicos a creerlo, han perdido buena parte de sus oyentes, televidentes y lectores por el acceso libre a internet que hoy día tienen las personas para informar, informarse e incluso como foro para el debate público de los temas más diversos del acontecer nacional, regional y local.

Pues bien, aquello que sin duda es expresión de la democratización de un poder fáctico, el de los medios de comunicación, que históricamente se han mostrado ajenos a los frenos y contra pesos propios de un sistema político como el que nos rige, si ha permitido vislumbrar con claridad meridiana que el debate púbico parece vedado a la razón y tiene lugar en un plano absolutamente pasional en donde el agravio personal, la estigmatización y los estereotipos contenidos por lo general en frases cortas sacrifican la dialéctica, la sindéresis y a menudo hasta la más elemental lógica que demandan razonamientos más complejos propios de sociedades más maduras que la nuestra.

Desde esta tribuna debe precisarse categóricamente y sin ambages, que no se propone una regulación de las redes sociales o de otros medios de comunicación que limite el derecho fundamental a la libertad de expresión, hacerlo, si aceptamos que hipotéticamente se pudiere en una materia como esta proceder de buena fe constituiría una ingenuidad casi infantil, ahora bien, si se hace con conciencia plena es una protuberante arbitrariedad que raya en el totalitarismo; dado que, así como Shakespeare sostuviera en un recurso argumental propio de la dramaturgia que “a menudo el traje revela al sujeto”, las redes sociales y otros medios de comunicación nos revelan de manera palmaria el tipo de sociedad que somos, por tanto la regulación principalmente de las redes sociales nada resolvería. Nadie en su sano juicio comprendería que existiendo un sitio de gran altura al que acuden las personas para arrojarse con el propósito de quitarse la vida, el trabajo para evitar un problema de salud mental tan serio se enderezara a inhibir la ley de gravedad en aquel lugar; así como no resultaría inteligible que, si tenemos problemas en la sociedad como en efecto los tenemos, intentemos resolverlos limitando o regulando los medios a través de los cuales se expresan esos problemas.

Las redes sociales y otros medios para el debate público son consecuencia y no causa, esto es, no hemos logrado como sociedad discutir en el plano de la transigencia, son muy pocos los esfuerzos argumentales por lograr poner a salvo la persona del ataque personal y rebatir con respeto sus argumentos; incluso axiomas antaño tan positivamente valorados como el reconocimiento que merece una persona que acepta que incurrió en un error, con lo cual lejos de negar su condición humana la valida reconociéndose como falible, lo que debería de inmediato hacer cesar cualquier ataque y exaltar aquella actitud, se convierte hogaño en objeto de mofas y de una hilaridad francamente delirante, lo que apareja como consecuencia natural que cada vez menos se reconozcan los errores propios y se haga el propósito de enmienda, condenándonos a tener una sociedad irreflexiva y por tanto intransigente, que desecha la resolución pacífica de las diferencias y abona cada vez más el terreno para la violencia.

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