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El reino de la frase corta – Parte Final

El lunes 26 abril, 2021 a las 7:09 am
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Imagen: Archivo web.

El reino de la frase corta – Parte Final.

Por: Pablo Cesar Peña.

Pretender que en las discusiones de los temas que interesan a la sociedad todo argumento puede ser reducido a una frase corta y además que per se sea respetable, constituye una ingenuidad descomunal o revela una intensión calculada de impedir el entendimiento de las cosas en su complejidad.

Es frecuente leer o escuchar en las redes sociales, en otros foros de opinión y en general en medios de comunicación que los dirigentes políticos que nosotros mismos elegimos “no han hecho nada”; a riesgo de resultar impopular, lo cual en el escenario académico es apenas natural porque como bien nos advierte Sartre: “la verdad se presenta desnuda pero en las metrópolis la prefieren vestida”, esa afirmación, la de que nuestros dirigentes políticos “no han hecho nada” es una falsedad del tamaño del mar, porque tal estado de inmovilidad es ajeno a la propia naturaleza de electores y elegidos.

Aceptar que nuestros dirigentes políticos “no han hecho nada” (frase corta) y permanecieron orondos en sus cargos, dice mucho más del tipo de ciudadanía que tenemos que de nuestros propios dirigentes, esto es, la más elemental lógica deductiva es insistente en revelarnos como falsa esa afirmación, que además contradice la teoría filosófica del incesante cambio que propuso Heráclito de Efeso.

Ahora bien, ¿de manera intempestiva en ese espacio de opinión emergió un defensor de oficio de nuestra dirigencia política especialmente en el Cauca?, pues no, pero es momento de decir de manera categórica que la etiqueta, el titular, el estigma y el agravio personal contenidos por lo general en frases cortas que lanzan lodo de manera indiscriminada sobre las personas, manchan y hacen de un lado que resulte difícil luego retirar las maculas porque la explicación de los hechos siempre es más compleja que el agravio mismo y, del otro porque tal ambiente de discusión nubla la reflexión crítica y por tanto veda el espacio para la razón.

Que nadie entienda mal, este espacio de opinión no exhorta a la ciudadanía a callar, ¿qué autoridad tendría para hacerlo?, pero si la invita respetuosamente a emitir opiniones informadas que enriquezcan el debate público y que propugnen por mejorar este clima, en el que se responde con toda suerte de agravios antes incluso de escuchar las explicaciones o inclusive cuando aquellas previamente han resultado en un ofrecimiento de excusas. Es propio del honor personal reconocer en una discusión que esta cesa cuando el interlocutor reconoce su equivocación.

Hoy día se disponen de más y mejores medios de información que los que tuvieron nuestros mayores, por ello resulta sorprendente que ellos estuvieran más informados que nosotros, ¡debe ser que la formación que echamos de menos, en algo difiere de la mera trasmisión de información!

Sostengo que es falso que nuestra dirigencia política no haga nada no porque necesariamente este de acuerdo con sus procedimientos y resultados, sino porque no se compadece con la realidad afirmarlo en tanto la generalizaciones por lo general contienen injusticias, toda vez que al analizar la gestión y resultados a nivel de un buen número de congresistas, varios gobernadores, diputados, múltiples alcaldes, concejales y en general innumerables servidores públicos, se llega a concluir que hay mucha gente valiosa formulando y desarrollando políticas que materializan el plausible propósito de servir bien a la gente, no me refiero a nombres en concreto porque agregaría una polémica innecesaria y sería una subjetividad palmaria y el propósito de esta opinión, más que militante es invitar a la ciudadanía a investigar por su propia cuenta, de tal manera que puedan formarse una opinión más informada sobre los propios dirigentes que eligen, señalando que muchos no es que no hagan nada, sino que buena parte de lo que hacen va en contra de los intereses de sus propios electores.

Cuando el oráculo reveló a Sócrates que era el hombre más sabio de Grecia de acuerdo con los diálogos de Platón, este entró en profunda reflexión, concluyendo que sí lo era porque él reconocía su propia ignorancia (“solo sé que nada sé”) y al hacerlo se preocupaba por llenar los vacíos de conocimiento que tenía, en cambio los sofistas creían saberlo todo lo cual naturalmente era falso y por ello no iban en procura de nuevo conocimiento.

De esa suerte, cuando se afirma que: “nadie hace nada” o que “ninguno sirve para nada”, es imposible ver que hay personas valiosas, que hay ejecutorias significativas y que vale la pena analizar en particular los resultados de cada quien para adoptar una decisión informada y que no termine yendo en contra de los propios intereses, porque incluso los dirigentes políticos por quienes la ciudadanía tiene mayor aversión si hacen, pero en contra de aquella, por lo cual si el análisis no contiene esa diferenciación se da trato igualitario a lo que es abiertamente distinto.

Lo que advierto es que, así como los sofistas en la antigua Grecia creía de manera simplista ser dueños del conocimiento, lo que incluso degeneró el término sofisma al significado que hoy día se le asigna, nosotros al cubrir bajo el manto de la frase corta a toda nuestra dirigencia política propiciamos un clima de desconfianza, desazón y de pérdida de la esperanza que nos lleva necesariamente a elegir de manera equivoca, como equivocados estaban los sofistas en la antigua Grecia.

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