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Jueves, 11 de agosto de 2022. Última actualización: Hoy

El punto y coma

El lunes 11 julio, 2022 a las 2:43 pm
Foto cortesía de: http://escribalia.es/

El punto y coma.

Donaldo Mendoza

A finales de la década del setenta, una profesora del programa de literatura, en Humanidades, me encerró en círculos rojos los pocos puntos y comas que había puesto en una disertación: «Evite el uso del punto y coma, opte por la coma o el punto seguido». En adelante, sin chistar, le hice caso; pero empecé a sentir que una larva de frustración crecía en mi interior. Desde entonces, siempre que leía, daba especial atención al uso del punto y coma, y con lápiz los dibujaba al margen.

En una relectura reciente, me topé con varias de esas marcas en el tomito La patria y los días I, una antología de crónicas publicadas por Colcultura en 1971. En su crónica “Milagro y servicio de la palabra”, el ensayista y crítico Hernando Téllez (Bogotá, 1908 –1966) usa con tal propiedad el bendito signo, que deja curados a los portadores de la incómoda duda. Un párrafo de esa crónica estará al final de este artículo, para dar paso ahora a los casos que un manual de gramática presenta respecto al uso correcto del punto y coma. Saquen papel y lápiz.

  • En un texto de varias frases, cuando ya se han usado una o varias comas, se procede a separar estas frases con punto y coma. Ejemplo: «Me seguían: un amigo, que iba para el centro; un vecino, que se quedaba en el granero; dos desconocidos, que saludaron al pasar…»
  •  En oraciones que se construyen con varias frases seguidas, y un solo sujeto. Ejemplo: «Charles Darwin calificó los años escolares de poco provechosos; adquirió entonces gran afición a las ciencias naturales; escribió varios artículos que le valieron la amistad de distinguidos científicos; invitado por un amigo naturalista, embarcó en el Beagle; visitó diversas islas del Atlántico y del Pacífico…»
  •  Delante de, pero, sin embargo, no obstante, y otras expresiones adversativas análogas, cuando separan frases de alguna extensión. Ejemplo: «Quisiera contarte todo lo que pasó; pero, lamentablemente, tendría que callar muchas cosas».
  •  El dueño de un granero podría fijar un aviso como éste: «Precios, por kilo: arroz, $4.500.; papa, $3.000.; avena, $7.000.» Vamos ahora al texto de Hernando Téllez, en donde el uso del signo punto y coma aporta una práctica didáctica sobre este tópico gramatical. «En busca de la felicidad los hombres conquistaron la palabra, no hay duda. Pero al usarla, es evidente que se han extraviado también. Un exceso de palabras, en la política, crea el caos y desencadena las guerras, suscita los odios, destruye el frágil equilibrio de los Estados; un exceso de palabras, desfigura el esquema esencial del amor; un exceso de palabras nos traiciona en un momento decisivo de la vida personal; un abuso del lenguaje puede romper para siempre el lazo que ata dos vidas, dos corazones, una amistad; una palabra mal empleada, aniquila, en un instante, el costoso edificio de un tratado entre dos pueblos y crea la incancelable querella; una palabra basta para herir irrestañablemente un alma pura; una palabra puede esclavizarnos para siempre…».a periodista Patricia Lara (El Espectador) incluyó en su columna un texto del padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, en su discurso de entrega del Informe Final. “La escucha de las víctimas nos ha sacudido brutalmente: ante las kilométricas filas de niños y de niñas llevados a la guerra; la procesión interminable de buscadoras de compañeros e hijos desaparecidos; la multitud de jóvenes asesinados en ejecuciones extrajudiciales; las fosas comunes y los cadáveres de muchacho y muchachas rurales desperdigados en las montañas, muchos de ellos indígenas y afros que fueron llevados como guerrilleros o paramilitares o soldados y murieron sin saber por quién peleaban; los miles de mujeres abusadas y humilladas; los poblados masacrados y abandonados; resguardos indígenas y comunidades negras devastados y en confinamiento; millones de hogares desplazados que abandonaron parcelas y ranchos; los miles de soldados, policías, exguerrilleros y exparamilitares que deambulan cojos, mancos o ciegos por los explosivos…”

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