Sábado, 17 de abril de 2021. Última actualización: Hoy

El poeta de la calle

El lunes 27 abril, 2020 a las 2:20 pm
El poeta de la calle
Otros artículos de este autor aquí

El poeta de la calle

Elvio Cáceres, es un caminante de la palabra de pasos perpetuos del que fluyen poemas de inspiración sublime; su talento equiparable a aquellos bardos trovadores, juglares viandantes surgidos de fuentes preclaras de diáfana inspiración. Elvio es producto del amor furtivo de Aureliano Quiñónez y María Cristina Cáceres de ancestros tumaqueños. Su madre llegó a Popayán en el año 1952 para legarle a la ciudad un bardo peregrino que de cuerpo presente deambule las calles de la ciudad colonial como poesía viviente.

Lo conozco desde niño, cuando jugamos futbol en los potreros del maracaná en el barrio Santa Inés. No se parece a Neruda, pues no escribe poemas de amor ni canciones desesperadas, el sólo declama divagaciones pensadas mientras transita vendiendo bártulos y cacharro, con su risa mágica y palabras de rima cadenciosa que fluyen en su recital eufónico.

Es un negro distinguido, afable y cordial, que encontró en la vía láctea el ajedrez como fuente inspiradora para olvidar la conflagración sangrienta que ha teñido de sangre la bandera de la patria. Como jugador del deporte ciencia, desde su sapiencia divagante declama: “Ajedrez, sueño con él, es él quien llega a mi vida, ah, sentir aguerrido, escaqueado las penas, mis jugadas son tiernas: son sencillas… es decir: cuanto más juego, más tierno, cuanto más tierno más sencillo, fui peón por largo tiempo de mi llanto, fui lanza suicida de mi canto, caballero en la derrota de mi risa, soy torre equilibrada en mi existencia y rey, que ama a su dama. Pero su amor fue brisa y al paso me deja en tablas mi pasado. ¡Jaque me grita la vida! ¡Mate el destino!”.

Su obra poética es casi toda oral, sólo se han escrito el poemario “Defensa Hindú, un conjunción del juego de ajedrez con la existencia y las ganas de luchar en la vida por alcanzar utopías del vivir, el saber y el ser. Se ufana de ser un poeta pensante, y así lo reconocen: «Soy un ajedrecista de la poesía que me gano la vida vendiendo ungüentos, herramientas, tiza china para matar insectos, augurios, hasta mentiras piadosas y halagos espontáneos”.

Nació en Popayán en el barrio Alfonso López, soñó con ser futbolista profesional, por su parecido con el legendario “Pelé” de no haber fracasado en su intento, lo llamaríamos “El poeta del fútbol” y no el Poetas de la Calle como lo conocemos quienes lo admiramos y amamos.

En 1983, se camufló en el mar de los siete colores en San Andrés Islas, para amar entre versos y palmeras a Claudia María Restrepo, donde fue instructor de ajedrez en las mañanas, en las tardes vendía bloqueadores solares y cremas a los bañistas.

Tiene cinco hijos Estefanía y Joan Emanuel Cáceres Restrepo de su relación insular y Paola, Tatiana y Natalia, de su relación con Ana Solarte Castillo. Todos ellos concebidos por culpa de los poemas de amor de Pablo Neruda y el influjo poética del nadaísmo de Gonzalo Arango, de los que sustrajo su prosapia para interpretar el escenario urbano y esgrimir su literatura espontánea, natural y crítica, bajo cuya influencia descifra desde la vía láctea la inmensidad del cosmos, pues su anhelo no es hacerse poeta, sino sentirse vivo disfrutando de lo natural y simple que deviene de su poesía.

Sus obras más renombradas son: Defensa Hindú, Poemas al Ajedrez (Premio de Poesía Festival Iberoamericano de Jazz y Música del Mundo de Popayán en el año 2005 y Viajero del canto. En tiempos de cuarentena extraño su abrazo cálido, sus pausas callejeras provistas de cachivaches, risa franca y poesía ensoñadora.

Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?