Martes, 17 de julio de 2018. Última actualización: Hoy

EL POEMA SE DEFIENDE SOLO

El domingo 10 junio, 2018 a las 11:30 am
EL POEMA SE DEFIENDE SOLO

Una flor rosada, hoy, en una matera casera

EL VOTO EN BLANCO = ABSTENCIÓN

Otras publicaciones de este autor: Leopoldo de Quevedo y Monroy 

EL POEMA SE DEFIENDE SOLO

 Ya hará unos 20 años que empecé a asistir a recitales de Poesía en Cali invitado por el Grupo Plenilunio. Conocí a dos poetas que ostentaban la bandera del grupo en sus manos. Milton Fabián Solano y Alejandro Astorquiza. Milton Fabián de paso fuerte y mirada de halcón, dirigía la batuta y el Norte. Alejandro, pausado y soñador, me enseñó una frase: “El poema se defiende solo”.

Una vez que los versos de un poema han sido escritos, desnudos o bien enjaezados, espulgados y tronantes o mojados y ateridos de frío, así hay que cuidarlos y venerarlos. O sea, cuando el medroso poeta empieza a teñir el renglón para desgranar su canción de letras y sonidos y cierra su concierto con el punto, la obra es sagrada.

El poeta sabe, -antes de poner el punto final de su poema-, que letra por letra, sonido por sonido fueron como joyas que escogió o como sonidos que tejió sobre un pentagrama y los colgó en el oído del mundo. Solo el mundo le sirvió de testigo de su trabajo, de su curia para crear una catedral o el ala de un colibrí o para recoger el treno de una viuda.

No habrá lugar para la duda, el descuido o la negligencia a la hora de escribir, de escoger cada palabra y cada sonido de la composición que intenta crear el poeta. Cada letra o sílaba o palabra serán sopesadas en la balanza del significado exacto, de la extensión del verso, del sonido armónico del conjunto. El momento de la creación es sagrado y quien crea es un pequeño dios, como lo espetó Huidobro. Solo él toma la medida, hace sonar cada acento y pule el lomo de su criatura y le dice luego al poema, como Miguel Ángel a su Moisés: ¡Levántate y anda!

No de otra manera se puede asegurar enfáticamente la frase de Astorquiza. Nadie le podrá quitar o añadir u omitir en la lectura una coma, una letra o un acento a un verso del poema. Su creador, el poeta, lo sabía. Cuando lo pensó, lo calibró, lo escribió, pronunció y lo golpeó sobre el yunque para ver cómo sonaba. Poemar, escribir un verso es un acto sagrado.

Ni el crítico ni otro poeta amigo, ni el principiante podrá tomar prestado el comienzo, medio verso o una imagen crispante para insertarlo en uno suyo para lucirlo. Ni necesitará ser alabado posteriormente para que sea publicado o citado. Sonará como corneta en un desierto y lo oirán los sicomoros, los mercenarios y los dátiles que cuelgan de las palmeras.

Cuántas, imágenes, metáforas, diamantes o minúsculas joyas se hallarán bruñidas en la espalda de un poema. Nadie atrevido osará cambiar o alterar por un sinónimo o por otra palabra aunque sea más sonora.

Cuando un principiante o un mal poeta quisiera lucirse hablando bien apropiándose una línea o un par de palabras no podrá decir que las halló al azar o distraídas en el bazar de un vecindario.

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