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El poder de las madres

El sábado 13 mayo, 2023 a las 8:34 am

El poder de las madres.

Por Elkin Franz Quintero Cuéllar.

El amor es un acto de valentía, nunca de temor: el amor es compromiso con los hombres. Dondequiera que exista un hombre oprimido, el acto de amor radica en comprometerse con su causa.

Freire.

            Es de conocimiento universal que la madre es la poderosa imagen y la primera figura que atraviesa el imaginario humano y sobre la cual construye la fuerza de nuestras vidas. Esas primeras impresiones que quedan en nosotros, con el paso del tiempo se convertirán en una profusión de símbolos que conformarán el universo cosmogónico no sólo de la raza humana, sino de todas las culturas. Amparados en los mitos, la madre ha sido considerada por excelencia, el sostén del tránsito humano hacia la felicidad.

            En definitiva, en este mes de mayo, la reflexión que debemos realizar acerca del poder de las madres nos permitirá identificar elementos interesantes para repensar la maternidad desde una perspectiva ética y feminista contemporánea, y nuestras implicaciones morales en relación con la sociedad actual tan necesitada de amor, caridad, paz y, sobre todo, que deje de ser un día motivado por el consumismo. Debería ser un homenaje sincero al papel protagónico que posee la madre.

            En este sentido, la madre como imagen es un gran tejido semántico, que desde los primeros tiempos se asocia con el amor infinito y desinteresado, y que potencia el retrato de nuestras resistencias y sueños y a su vez, modela cada una de nuestras emociones para enfrentarnos a la vida con seguridad y arrojo. Pero, por otra parte, no hay que ignorar los procesos actuales de transformación de los vínculos humanos que se muestran cargados con nuevos contenidos, mayores fragilidades y crecientes ambigüedades que buscan denigrar el rol de las madres en la sociedad.

            Desde la perspectiva anterior, los nombres que asume la madre en toda la antropología social remiten a un denominador común: protectora y pieza clave en el papel que desempeña en la educación del niño desde el momento mismo de la concepción y posterior nacimiento, crianza y la vejez, cuando se tiene la fortuna de su compañía. Pero debo advertir, no sólo es la expresión maternal la que nos regocija en momentos de angustia y cuando todo parece perdido. Recordemos que la imagen femenina ha sido puente y faro y, ha estado presente en todas las épocas y tiempos. Como olvidar a Dulcinea del Toboso, Sherezade, María, Úrsula, Helena de Troya, Wendy, Cristin, Penélope, aunque personajes literarios, son imágenes universales que perduran en el imaginario cultural de la humanidad por su valentía, consejo, belleza e inteligencia.

            La figura maternal apuesta por lo intuitivo, sensible, amoroso, y permite asumir la complejidad del ser humano en sus múltiples escenarios. Es quizás por estas magnas expresiones que en la actualidad se anotan sus nombres en las nuevas poéticas, estéticas y narrativas para erigir las expresiones de lo femenino, buscando traer a la escena mundial la sensibilidad excluida y desterrada de su poder. Quizás, solo así, se potenciarán las diversas formas de comprensión social y evitar los cismas que provocan la conformación inteligible y sensible de nuestro ser.

            En los tiempos actuales, y gracias a las dinámicas sociales urge retomar la imagen de la madre por la vía de los afectos para la reivindicación humana y alcanzar las formas que no fueron tomadas en cuenta a la hora de las conceptualizaciones del hecho social y que nos permitirá analizar otras maneras de pensarnos como sociedades.

            Muchos coinciden en afirmar que los hijos son, ante todo y fundamentalmente, un objeto de consumo emocional que, como todo objeto de consumo, sirven para satisfacer una necesidad de acuerdo a la época y al espacio geográfico. Por lo tanto, para poder romper con las tradiciones y los automatismos del género, habría que profundizar también en el conocimiento y la explicitación de aquellas necesidades que se pretenden satisfacer en los hijos y que, irremediablemente decepcionadas, producen las dolencias y excesos modernos que caracterizan nuestros tiempos y que generan dolorosos efectos sociales por la ausencia o exceso de la figura maternal.

            En nuestros tiempos, la figura de la madre parece estar atrapada en la enorme telaraña del registro imaginario que la desvincula del amor. La confusión entre la actividad que realiza y la persona real que la ejecuta, que se promueve a partir de las distintas representaciones y creencias respecto a la maternidad como una cuestión vinculada directamente a las mujeres, suprime la distancia necesaria donde pueda instalarse ese elemento trascendental que permitiría la relación divina con su criatura, y que podría reorientar la responsabilidad y la humanización al conjunto de la sociedad para evitar que colapse.

            En definitiva, la reflexión sobre el poder de las madres ofrece elementos interesantes para repensar la maternidad desde una perspectiva ética y feminista contemporánea, ya que muestra las implicaciones morales implícitas en las dinámicas sociales actuales. Llegados a este punto, me atrevería preguntar ¿qué es lo que está debajo del pomposo imaginario materno, tan amplio y profuso pero que no se respeta ni se reivindica? Juzgaría que, por una parte, hay una ingeniosa necesidad mediática de sostener lo que este imaginario representa y por otra, dejar exclusivamente sobre la cima de la pirámide social la figura paternal. Craso error.

Noctámbulo

Hace unos años,
lejos de casa dejé de orar.
Desesperado abrí la ventana
y la noche se movió abismalmente llena de soledades.

Cayo furioso sobre mi jardín ese distante y oscuro cielo.
Meciéndose entre los árboles al ritmo de mi penar
parecía afanoso buscar

la esencia del ser que eliminó mi oscuridad.

Rápidamente husmea la noche,
mueren las estrellas en distante llanto.
Mis heridas se abren en ráfagas violentas de culpa
y todo mi ser tiene ganas de orar.

En esta noche,
lejos del abrigo de mi madre
soy barco de ausencias perdido en ultramar.
Nunca he estado más lejos de su amor.0

En este día vuelve la calma,
mi madre y yo volvimos a orar.
Orar junto a ella ha sido por siempre
mi más perfecta y extraña felicidad.

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