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El pintor payanés Rodrigo Valencia Quijano, finalista del Concurso Nacional de Poesía Casa Silva 2014

El domingo 26 octubre, 2014 a las 8:08 pm

Casa Poesia Silva

Eduardo Gómez, Giovanny Quessep y Carmen Millán, el pasado jueves 23 de octubre de 2014, en su calidad de jurados del Concurso Nacional “El amor en la poesía” emitieron el siguiente fallo:

El poema ganador fue el siguiente:

EL AMOR COMO UN RÍO

Seudónimo: Eurídice
Nombre y apellido: Cristina Maya

El amor como un río sin fronteras ni límites,
el desvelado amor que aún palpita en el vacío de la noche,
en el rincón oscuro, en el refugio donde el fuego se aviva,
en la inquietante ondulación del aire.

Amor que no se atreve, que mira de soslayo, que se esconde,
amor de la mirada, que ansía, que deleita y delira,
amor que aguarda siempre, que olvida las palabras,
que solo pronuncia un mismo nombre repetido.

Amor a la distancia estando cerca, amor sombrío, el de la noche extinta.

Amor que imagina lejanos mares,
naufragado en una playa de noches siderales, “de lejanos relámpagos,”
el siempre ausente, el que vuelve y se aleja:
“Como otra nave entre tus naves, regresa siempre mi nostalgia.”

El que divaga en tumultuosas calles, en extranjeros mundos.

El de las tierras desiertas, el de la muerte.

El de las noches con “una estrella de menta que enciende toda sangre.”

Amor taciturno, como una flecha hincada en la piel,
aprisionado en la estancia secreta,
en un bosque de almendros donde la primavera nunca muere,
amor que no claudica, el que se vierte en la primera sangre
y aguarda en la alcoba entre los blancos velos.

Amor traicionado, tormentoso, el de los amantes furtivos,
el que se niega, y se oculta…

Amor perdido, ignorado,
olvidado por siempre entre las fechas de un oscuro almanaque.

El que nos punza y nos hiere,
el que nos acoge y redime.

El amor como un río,
que no cesa,
que no cesa…

Felicitaciones, por el merecido reconocimiento a Rodrigo Valencia Quijano, quien participó con la siguiente la obra que le mereció la mención honorifica:

EL AMOR…

Seudónimo: Nubio
Nombres y apellidos: Rodrígo Valencia Q.

No soy de los que cuidan un ritual de amores; mis últimos amores los
agravó el señuelo.
Yo viajé por ellos como un Ulises engañado por el mar, pero ahora mi
barca vuela a recoger los truenos. Nadie será capaz de reconocer las
manos que dieron flores.

En el amor se nace como un desheredado; remendaréis los abrazos y
el final del río será el comienzo perpetuo.

No necesitáis un mapa; todo lo enseña vuestra propia brújula; las
lúnulas le harán caso desde el vértigo, y entonces encontraréis las
palabras precisas.

Comenzad a deshilachar el campo con su árbol; la huerta será
entonces una serenata, la bailarina alucinada tocará la luna, el
jugador solitario oirá las parcas, el pensador abandonado volverá el
camino sobre sí.

Estoy seguro, no caerá una caravana de abrazos; mis últimos amores
fueron un vendaval de soledades; mis besos tuvieron el sabor de lo
que falta.

Siempre habrá un caminante regresando, y entonces las palmera
regresarán más fácilmente al cielo.
El amor es regio para acelerar los ríos; moja el estrépito de las nubes
dulces.

Sortilegio es el amor; entre más lo llamas, más se esconde.
Los ojos del amor nacen sin párpados; no quieren cerrar un instante
la puerta del olvido, el agua no los lava en la cuna de las cenicientas.
Se necesitan príncipes azules para despertar el corazón del día.

Quizás habrá un espectacular renacer de aves migratorias, la estepa
resucitará, incluso con todos sus espantapájaros.

Amor en altamar, amor en bajamar; amor en los castillos destruidos
por la antigüedad; amor en los lagos donde los rezos nacen; amor en
los punteros acelerados de mi reloj.
Cantar al amor es oír los cántaros cuando madrugan llenos de
alucinaciones.

Encontrar el amor es olvidar el resto de palabras difíciles; caerán
debajo de la cama mientras el ojo sube a los tejados.

Se excita el diccionario con la esencia de las sinrazones, el amor
las permite cuando se levantan temprano y una mano es capaz de
acariciarlas.

El amor tiene un ojo prohibido: ronda lo inevitable, las almohadas
reservan el poder de la entrada.

Escuchemos su parpadeo tras las ojivas eternas, el cielo saldará las
cuentas incompletas.

Abrirse al amor es cerrar la puerta de las batallas; si acaso hay
caprichos, el amor les tira flores que se secan en el aire.
Recoged los pétalos, guardadlos en las estribaciones, un farol puede
cuidarlos sin interferencias ni celos.

En verdad os digo, el celo es el guardián del amor en los extremos de
la desolación. Nunca oigáis un celo; puede petrificar miradas,
fermentar las estaciones del año.

La luna es un trineo que viaja de noche a noche vigilando los amores
dormidos.

Mucho hay de luna en el amor; tiene ella cara de lumbrera
aunque él no alumbra; oscurece los catalejos y los miradores.

El amor es como el arcoirirs: siempre desaparece hasta el próximo
aguacero.

Cerrad los ojos cuando aparezca el amor; quizás podáis reconoceros
sin el florero de las siete lunas.

Enamorarse es perder el nombre en una carta exiliada de sí misma.
Oiréis las canciones como si fueran vuestras, regresando a las espinas
del rosal.

Tirad una flor a una mano sedienta, quizás retorne delirando en los
desiertos.

La escalera para subir al amor es un bajar a todos los despojos.
Tiene su ángel el amor; a veces vuela entre los precipicios, ayuda a
sobrevolar el crepúsculo, el apagarse de las sonrisas.
Sin embargo, amarás; tendrás que hacer una coraza para resistir sus
estallidos.

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