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El periodismo debería ser sólo crítico

El domingo 22 octubre, 2017 a las 2:15 pm
El periodismo debería ser sólo crítico

El periodismo debería ser sólo crítico

En medio de las ferias de Santander de Quilichao, cumplidas hace ocho días, cuando Proclama del Cauca criticó a la Alcaldía Municipal porque se tiró 130 millones de pesos en la fiesta, y porque los otros millonarios ingresos por la utilización de los espacios y bienes públicos los convirtieron en un negocio privado, algún comunicador-contratista de la Alcaldía salió a decir en las redes sociales, auto-protegiéndose, que los periodistas no deberíamos criticar nada porque con ello no hacemos ningún aporte ni éramos propositivos para el funcionamiento de la sociedad o su administración pública.

Me pareció un concepto muy grave por ser la opinión de un comunicador-social egresado de una universidad.

Pero luego, analizando el asunto, caí en cuenta que tiene razón porque es totalmente diferente ser comunicador-social a ser periodista, y entendí, entonces, por qué se justificaba en el comunicador esa apreciación, contraria a la del periodista.

El maestro de periodismo Miguel Angel Bastenier (q.e.p.d.), demostró que el comunicador es el que trabaja en alguna institución, social, política, educativa, gubernamental y hasta religiosa que “no se le puede identificar como periodista porque tapa, encubre y desvía la información. Por el contrario un periodista definido, es un investigador social y se encarga de destapar, descubrir y ser verdaderamente objetivo en la acción, y no solamente en la teoría”.

Se hizo evidente, otra vez, que el responsable de las comunicaciones de cualquier entidad gubernamental no tiene por misión informar, sino atender a las necesidades y objetivos del jefe, presentar de la manera más decorativa posible el desarrollo de lo que hace la entidad para la cual trabaja, lo que está frecuentemente reñido con el ejercicio del periodismo.

Además, comprendí el mensaje del comunicador-contratista quilichagueño porque los periodistas trabajan en el campo de la información y los comunicadores en el campo de la comunicación, obvio, ¿no? No es lo mismo comunicación que información. Ambos campos son diferentes, “se parecen como los limones se parecen a las mandarinas. Los dos son cítricos, pero de sabor y uso muy diferente. Los limones abundan, las mandarinas no tanto”.

Todo, para decir que ni a un alcalde o jefe de administración pública, ni a su equipo burocrático, ni al entorno familiar o de contratistas, les gusta les que critiquen sus acciones ni las transacciones que hacen con los recursos públicos.

A pesar de ello, creo que la única función del periodismo debería ser la crítica permanente, y sólo la crítica, como fórmula para mantener el equilibrio entre el gobernante y sus comunidades, que siempre serán las víctimas de sus errores y que no tienen comunicadores sociales a su servicio que les diseñen su estrategia comunicativa para su desarrollo. Allí entonces el periodismo crítico se vuelve primordial.

Uno de los postulados fundamentales de Proclama del Cauca tiene que ver con el fomento y la promoción de la libre expresión y la autonomía periodística. Entendemos que estos principios son de imprescindible importancia para toda la sociedad y para el fortalecimiento de la democracia y nuestras libertades.

También hay que aclarar que los medios de comunicación no son herramientas para hacer justicia aunque tienen la capacidad de hacer investigaciones; no pueden suplantar la justicia, pero sí exigirla.

Por estas razones todo periodismo debiera ser crítico, todos los periodistas debiéramos ser incómodos al mandatario que considere inoportuna la libertad de prensa y de opinión, igual, a quien le moleste una sociedad informada.

¿Y por qué no publican lo bueno?, nos preguntan constantemente. Simplemente porque lo bueno de una administración debiera ser lo normal, lo obligatorio y eso, lo normal, lo cotidiano, no es noticia. Se eligen y se nombran es para que cumplan con un plan de gobierno, con un plan de desarrollo, donde no se proyectan cosas malas. Eso lo debe hacer el comunicador social al servicio de la entidad, y está bien, es su obligación, y también puede ser la del medio de comunicación cuando existe un contrato distintivo para publicidad institucional, que es un convenio que se ejecuta de manera legal y procedente, pero que debe manejarse con extremada precaución pensando siempre en el beneficio de las comunidades. Otra cosa es exigir silencios o que se publique solo lo que parece bueno, porque hacerlo puede ser un indicio sobre la existencia de algún foco corrupto, de incapacidad o incompetencia, y en consecuencia, la exigencia pasa a ser un S.O.S. solicitando que los medios nos tapemos los ojos. Que no se critique tanto, como exigía el comunicador-contratista, un imposible para el verdadero periodismo independiente.

A propósito, todavía recuerdo la doctrina Uribe sobre el periodismo, cuando en sus 8 años de gobierno planteó serias restricciones a la prensa, acusando a los medios de comunicación de ser “caja de resonancia” del terrorismo. Fue una estigmatización con su política de “seguridad democrática” que categorizó a los periodistas en dos: los “patriotas”, que le hacían coro al Gobierno, obra de la domesticación, autismo y disciplinamiento coercitivo, mientras que los periodistas críticos e independientes fueron tachados como serviles del “terrorismo”. Casi siempre la independencia trae consigo la estigmatización y la discriminación por parte de gobiernos autoritarios o corruptos, que es lo mismo.

Con Uribe, las fuentes de información de la prensa se restringieron a las oficiales, y se dio un cambio en el lenguaje periodístico de manera que era de conveniencia al Gobierno, a pesar de que se desvirtuaba la realidad.

Esas épocas adversas para la profesión no podrán regresar ni permitirse a nivel local ni regional.

Si no se ejerce el periodismo crítico e investigativo como una esperanza por la defensa de lo humano, de la dignidad, de la decencia, entonces, triunfa la barbarie y la impunidad, como aquel comunicador-contratista lo pretendía hace ocho días, en beneficio de su empleador. ¡Qué tal!

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