Jueves, 18 de agosto de 2022. Última actualización: Hoy

EL PENSAMIENTO Y EL OLVIDO

El lunes 1 agosto, 2022 a las 2:00 pm

EL PENSAMIENTO Y EL OLVIDO

Rodrigo Valencia Q

(Un diálogo con el escritor Donaldo Mendoza)

Ellos habían hablado algunas cosas por largo rato, y en ese momento el mundo se teñía muy débilmente con el color del astro de la noche; su redondez brillante era un sello de luz entre las pocas nubes, mientras el canto de las chicharras perduraba en el ambiente.

—La noche se hace más noche cuando el deseo arde… —aventuró uno de ellos.

—Guárdalo, es un buen verso; una buena línea. Como esa de Borges que hace poco evocaron Ospina y Abad: «No quedará en la noche una estrella, no quedará la noche.»

—Son más espléndidas las imágenes y las metáforas que no se piensan —respondió el otro.

—Vea, pues; hay que aprender a no pensar; por ahí nos vamos acercando a los místicos que a todo renuncian, y el alma entonces se llena con su vaciedad. Muchas veces he iniciado un ejercicio ascético: seguir totalmente el rastro de los pensamientos; a medida que uno los capta, inmediatamente desaparecen, y el ovillo sigue enredándose por otros lados; pero no logro mantener la atención por mucho tiempo, y en ello vale mucho el “hilo de Ariadna”.

—Es muy curioso lo que haces con los pensamientos. Hay un cuento de Gabo sobre “una idea que me da vueltas en la cabeza”. Y lo que hizo fue volverla un cuento, del cual un director mexicano hizo una película: “Presagio”. Creo que la escritura es la rueca para esos hilos de Ariadna.

—Si se piensa, se recuerda; si no se piensa, se olvida. Pensamiento y olvido no van juntos; el olvido es no pensamiento.

Pensamiento y olvido, ahí está la cara oculta de la luna. Estás en una senda del desapego, que tiene tantas vueltas y revueltas…

—Poco a poco voy desapareciendo; sólo conservo cierto cuerpo de materia aparente…

—Un cuerpo que sigue esclavo de la cotidianidad.

—No crea; el libro va cerrando sus páginas; la luz es un evento incierto. Una mínima parte será rescatada; el resto, al olvido eterno. Uno es como los escritos que va acumulando por ahí… Me pregunto ¿qué hacer cuando los poemas, los cuentos, los ensayos se quedan guardados? No llegan a nadie, el pobre autor se ilusionó con un arsenal que no explota. “Vanidad de vanidades…”

—Esos guardados suelen ser una espera a fuego lento; durante toda la vida somos autores de un solo libro. Escribimos por la evidencia de estar vivos.

—Esta mañana estaba tentado a leer unos cuentos de ficción; algunos leí hace mucho; eran entretenidos. Pensé un momento, y los devolví al estante; han envejecido, llevan años sin que nadie los toque allí; y eso me hace pensar en la vanidad de la escritura: cantidad de cosas que nadie reivindica con sus ojos… ¿Para qué se escribe, entonces?

—De una u otra manera esos guardados van entrando en lo que vas escribiendo. Y claro que sí, es una forma de vanidad la escritura, es exhibicionismo; publicar es exhibicionismo; pero la escritura es también una expresión de poder.

—A veces la escritura tiene poder. Necesitamos poder; si no existe lo inventamos, le creemos, le hacemos un altar… Toda la condición humana es una genuflexión a la adquisición de poder. Atlas mitológico es figura del poder desesperado; carga el mundo a cuestas, pero espera pasar ese peso a los demás; Zeus lo castigó con esa ingente empresa, y en cierto modo todos hemos heredado esas aspiraciones febriles, pero el cansancio termina por desmigajar toda pretensión. Ese es el castigo.

Después las voces se cansaron, no volvieron, se quedaron ellos en sus sillas, casi inmóviles; los árboles de la finca se veían negros, pero el vuelo de las luciérnagas irrumpía con música visible. Un perro le ladraba a la luna, y los dos se miraron; recordaron el verso de Silva. Nunca se pueden olvidar del todo las palabras del poeta.

**RVQ – DONALDO MENDOZA**

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