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Domingo, 8 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

El paro nacional y el precariado movilizado

El lunes 2 diciembre, 2019 a las 11:09 am
El paro nacional y el precariado movilizado
El paro nacional y el precariado movilizado

El paro nacional, la protesta social auto-convocada y el precariado movilizado

Popayán, 27 de noviembre de 2019

El 21N emergió en Colombia una forma diferente de expresión política y de protesta social al calor de un paro nacional convocado por las Centrales Obreras, sindicatos y organizaciones sociales, protagonizada por lo que muchos llaman “clases medias” pero que en verdad es el “precariado colombiano” que empieza a despertar y a auto-descubrirse.

Por el marcado contraste que presenta este fenómeno con las marchas que programan casi como una tradición religiosa los dirigentes del movimiento sindical –estilo procesiones o desfiles–, pareciera un gran estallido que algunos comparan con lo que sucede en Chile u otros países de la región y el mundo, pero, en verdad, es solo una brizna de lo que puede estarse acumulando en las profundidades de la sociedad y que va a explotar más adelante con una potencia inimaginable.

Antes de avanzar con la descripción de los hechos y presentar un análisis parcial e inicial del proceso y movimiento en desarrollo, señalo en forma sintética algunas de las características más notorias de la protesta social y política que se ha desarrollado en Colombia en forma continua en los últimos 7 días del mes de noviembre a partir del 21N.

  • Nuevos sectores sociales citadinos, especialmente jóvenes y mujeres, aprovecharon la convocatoria al paro nacional para manifestar en forma masiva, creativa y festiva, su inconformidad con un gobierno inepto pero, también, para expresar otra serie de aspiraciones que se vieron reflejadas en sus consignas, marchas periféricas, plantones, cacerolazos, pancartas, performances, grafitis, velatones, bailetones, besatones, desfiles de motociclistas y ciclistas, bloqueos de vías y demás expresiones culturales llenas de rebeldía y alegría.
  • El acumulado de frustraciones y de necesidades expresadas en estos días de protesta están relacionados con aspectos estructurales de la sociedad colombiana como la enorme desigualdad, la injusticia e iniquidad, la prepotencia de las castas dominantes y de sus operadores políticos, el desempleo estructural, la destrucción de nuestro medio ambiente, la corrupción político-administrativa, el frustrado proceso de paz, etc., que hasta el momento –a pesar de los esfuerzos que se han hecho en el marco de la institucionalidad– no han obtenido la más mínima solución real. El modelo de desarrollo está allí detrás, pero pocos lo señalan.
  • El clamor general que se ha expresado durante todas las jornadas se ha centrado en denunciar y enfrentar la incapacidad de un gobierno que no tiene liderazgo y que cada que actúa comete graves errores que lo hacen ver débil, incompetente, incapaz y, además, fantoche y ridículo, al querer mostrar una fortaleza que no tiene. Las mayorías de protestantes movilizados saben que estos gobiernos no pueden resolver los grandes problemas del país pero manifiestan su inconformidad haciéndose ver, encontrándose con sus pares y siendo parte de una masa social que recién empieza a dar sus primeros pasos de autonomía y rebelión.  
  • Se nota la enorme desconexión entre la dirigencia del “paro” y los nuevos actores sociales de las protestas. Mientras las gentes en las calles están expresando un interés general de tipo político, los líderes del Comando de Paro estaban más preocupados por el diálogo y la negociación con el gobierno (que es lo que siempre han hecho) alrededor de los puntos del llamado “paquetazo”, y no lograban conectarse con el sentir y la evolución del movimiento. Esa desconexión han sido un factor de desmovilización y frustración, mucho más frente a la estrategia de guerra material y psicológica (terrorismo de Estado) que implementó el gobierno que no ha tenido una respuesta contundente y consecuente de los directivos sindicales, quienes creen estar al frente de la protesta pero en realidad se quedaron rezagados desde el principio. 
  • Es indudable que la influencia de los movimientos sociales y protestas que ocurren en el mundo y en Latinoamérica también jugó un papel importante en Colombia, sumada a la torpe actitud del gobierno y de Uribe que quisieron impedir la realización de la protesta con argumentos que solo ellos se creían (supuestas acciones del Foro de Sao Paulo, el complot desestabilizador de los castro-chavistas, etc.) lo que motivó a muchas personas a participar activamente por el solo hecho de llevarle la contraria al gobierno.
  • En el caso de Bogotá se pueden diferenciar cinco grandes clases de manifestantes y protestantes: a) Los trabajadores sindicalizados (docentes, trabajadores de servicios, etc.) que marchan tradicionalmente en orden y por un día; b) Los estudiantes que se agrupan alrededor de sus organizaciones y combos, pero que a partir del segundo día (22N), en el caso de los que son de estratos 1 y 2, y viven en el sur u occidente, se organizaron para bloquear estaciones de TransMilenio y después marchar hacia el centro;  c) Los pobladores de ciudades pequeñas que están ubicadas alrededor de Bogotá (Soacha, Madrid, Mosquera, Cajicá, Chía, etc.) que se organizaron para asistir a las marchas y concentraciones en la capital el primer día, y han seguido realizando marchas y otras actividades en sus cabeceras municipales; d) Los profesionales precariados y otros sectores medios, que se manifestaron alrededor de sus conjuntos residenciales e iniciaron el cacerolazo, ubicados principalmente en el norte y occidente de la ciudad. e) Los jóvenes “radicalizados” de diferentes estratos sociales, algunos con mensaje político, otros de “barras bravas” de equipos de fútbol, y muchos más que han acumulado grandes frustraciones, y les encanta la confrontación con la policía y otras formas de violencia, como un medio de expresar su grito desesperado de que están vivos, que son personas, y que la sociedad debe tenerlos en cuenta. A otros muchachos, ni eso les interesa.

Los hechos: desde el 21N hasta el 27N

El 21N se movilizaron aproximadamente dos millones y medio de personas en más de 550 municipios de Colombia.[1]

  • En solo Bogotá participaron en marchas aproximadamente 350 mil personas, y en las horas de la noche intervinieron en los cacerolazos más de un millón de personas, especialmente de barrios de “clases medias”, en el centro, norte y occidente de la ciudad.
  • En Medellín, Cali, Bucaramanga, Cartagena, Barranquilla, Pasto, Popayán, Neiva, Armenia, Manizales, Tunja, Ibagué, Santa Marta, Sincelejo, Buenaventura y muchas otras ciudades, se realizaron marchas multitudinarias que son un hito histórico de la protesta ciudadana y popular.
  • Aunque se presentaron confrontaciones con la fuerza pública (Esmad) en muchas ciudades, como lo que ocurrió en Bogotá en donde se atacó con gases lacrimógenos a la multitud concentrada en la Plaza de Bolívar aprovechando la actuación de jóvenes encapuchados (algunos infiltrados de la policía), se debe destacar lo ocurrido en Cali, en donde la misma fuerza pública promovió saqueos a comercios y utilizó grupos de “vándalos” para generar en urbanizaciones y conjuntos residenciales un clima de pánico y de terror mediante una campaña de medios,  redes sociales y montaje de ataques a residencias y apartamentos, situación que al otro día se replicó en Bogotá.
  • A lo largo de los siguientes 6 días se han realizado múltiples actividades de protesta hasta el 27N donde se realizó el segundo paro nacional con una participación menos numerosa, pero con hechos nuevos como el bloqueo de la carretera panamericana en el Cauca por parte del movimiento indígena.
  • La falta de dirección del movimiento, la estrategia de represión y de violencia manipulada por parte del gobierno, y la cercanía del mes de diciembre, atentan contra el fortalecimiento y la continuidad de la protesta, pero deja ver la potencialidad de los nuevos sujetos sociales hacia el futuro.        

[1] La Silla Vacía (2019). Crónica en vivo: Así se vivió el 21N en 10 ciudades del país. Crónica del 21 de noviembre de 2019.  Ver aquí.

El precariado colombiano: nuevo actor social en la protesta

Son sectores sociales conocidos como parte de las “clases medias”; habitan en las grandes ciudades en conjuntos residenciales y urbanizaciones, y son en su mayoría lo que identifico como “profesionales precariados”. Unos son asalariados de empresas o instituciones privadas o públicas; otros son pequeños y medianos “emprendedores” que prestan servicios de diversa clase; y, unos más, que posiblemente sea el sector que participó con mayor fuerza en las protestas, está compuesto por profesionales y técnicos que viven del “rebusque de cierto nivel”, subsisten de pequeños contratos o negocios, y sufren la precariedad laboral en medio de las presiones familiares y sociales. Hacen grandes esfuerzos por lograr el nivel de vida de los profesionales asalariados y/o de los “emprendedores”, pero están más cerca del desempleo estructural, de la informalidad permanente, la migración y la pauperización social. Este sub-sector social seguirá fortaleciéndose con los nuevos profesionales que salen graduados año a año de universidades públicas y privadas, sin que el aparato productivo cree las condiciones necesarias para ofrecerles empleos formales o las condiciones mínimas para que sus pequeños y medianos emprendimientos logren prosperar y construyan una verdadera estabilidad y sostenibilidad económica.

En el caso de Bogotá este sector social se había manifestado en agosto de 2013 en solidaridad con los pequeños y medianos productores de papa, leche y otros productos de Cundinamarca y Boyacá que estaban protagonizando una emocionante y beligerante lucha en el marco del Paro Agrario. Ellos, jóvenes precariados, llenaron la Plaza de Bolívar en horas nocturnas, sin líderes visibles, casi sin pancartas y sin banderas pero con un enorme espíritu de lucha, rechazando beligerantemente la actitud arrogante y soberbia del presidente Santos que había lanzado su famosa y provocadora frase de queel tal paro nacional agrario no existe[1].

Después de las 6 p.m. del jueves 21 de noviembre, los jóvenes precariados se sumaron al paro nacional, realizando marchas en diversos barrios y zonas de Bogotá, especialmente en el norte y occidente de la ciudad, y desencadenaron un bullicioso “cacerolazo” que tuvo réplicas en el resto de la capital, en Medellín, Cali y otras ciudades. Su participación fue alegre, pacífica, con un sentido periférico que no se corresponde con la centralidad de las marchas que se dirigieron desde las horas de la mañana hacia el centro de la ciudad, la carrera séptima y la Plaza de Bolívar. [2]

El día siguiente, 22N, el gobierno implementó durante todo el día una estrategia de confrontación abierta con los manifestantes que siguieron movilizándose, a pesar que algunos integrantes del Comando de Paro salieron a desautorizar la continuidad de la protesta, argumentando que el paro nacional se había programado para un solo día (24 horas), pero rápidamente tuvieron que rectificar ante la evidencia de que la gente se iba a mantener en la lucha, tanto con marchas y bloqueos del transporte como con otro cacerolazo y marchas periféricas.

Ya en las horas de la tarde y las primeras horas de la noche, entre el gobierno nacional y distrital ejecutaron la misma estrategia que se había utilizado en Cali para engañar a la población y generar terror utilizando la amenaza de supuestos “vándalos” que iban a atacar urbanizaciones y conjuntos residenciales. La policía había contratado delincuentes y jóvenes descompuestos para desde temprano destruir las estaciones de TransMilenio, realizar saqueos en comercios, y filmar falsos ataques a casas de habitación, para desde las redes sociales y teléfonos móviles, impulsar una campaña de pánico colectivo, utilizando a los medios de comunicación para crear el desconcierto y la alerta general, usando también a los mismos grupos de “vándalos” en sitios estratégicos para hacer más real la parodia y la pantomima del ataque generalizado.

El mismo gobierno distrital en cabeza del alcalde Enrique Peñalosa tuvo que reconocer al filo de las 11 p.m. del viernes 22N, que se había tratado de una campaña mediática para generar terror, pero lo hizo señalando a sectores politiqueros y oportunistas que quieren destruir nuestra ciudad y nuestra democracia”, palabras que fueron reafirmadas con el presidente Duque[3]. Ellos mismos, actuando en llave, decretaron ese día el toque de queda en toda la ciudad a partir de las 9 p.m. para darle mayor credibilidad al supuesto vandalismo, que fue coordinado desde la jefatura de la policía como lo demuestran los numerosos vídeos, fotografías y testimonios, que dejan ver que todo el operativo se planeó para desvirtuar y debilitar la protesta social, poniendo a la gente a exigir mano fuerte, legitimar la militarización de la ciudad y del país, y derrotar el movimiento.

No obstante en los siguientes días, sábado 23 y domingo 24, el movimiento se mantuvo en Bogotá y en otras ciudades, con grandes marchas, concentraciones, velatones, cacerolazos y actividades culturales al aire libre, en donde las cacerolas eran utilizadas de diversa manera como símbolo de la protesta. En el norte de la ciudad capital, más de 3.000 jóvenes rodearon la casa de Duque, gritando consignas de “inepto”, “incapaz” y hasta de “asesino”, como reacción a la agresión sufrida por el joven protestante Dilan Cruz a manos de un integrante del Esmad, quien le disparó a menos de 10 metros un proyectil letal que lo mandó de inmediato al hospital y que le causó la muerte que finalmente se produjo el martes 26 de noviembre.[4]

Que los jóvenes precariados bogotanos hayan obligado al presidente Duque a trasladarse al Palacio de Nariño para evitar la presión de las diarias manifestaciones alrededor de su casa de habitación, es un pequeño triunfo del movimiento social, que la prensa ha minimizado pero que simbólicamente tiene un gran valor. Al fin y al cabo, este sector social ha expresado de diferentes formas que su inconformidad gira alrededor de la incapacidad e ineptitud de un gobernante que todos saben que es “sub-presidente”, que no es autónomo, que es manejado desde Washington, desde la hacienda “El ubérrimo” del presidente Uribe o desde la oficina principal del Grupo Aval que maneja el mayor multimillonario del país, Luis Carlos Sarmiento Angulo.

Los jóvenes precariados, muchos de los cuales están entre los 28 y 45 años, tienen plena conciencia de que Duque no puede resolver ningún problema. No le creen y empiezan a sentir una especie de fobia por el presidente, por cuanto éste trata de ocultar su debilidad con falsas  poses, discursos y propuestas en las que nadie cree (“economía naranja”, “digitalización de la administración pública”, etc.), y ha intentado ser histriónico cayendo en situaciones ridículas que lo hacen ver como un payaso. Y además, todavía no ha cambiado la actitud de la campaña electoral, proponiendo proyectos y soluciones a problemas que no tiene bien identificados, esquivando las verdaderas iniciativas que tienen que ver con darle continuidad al proceso de paz, cumplir una serie de compromisos adquiridos con diversos sectores sociales (campesinos, indígenas, pequeños y medianos productores, etc.), y por sobre todo, liberarse de la carga de Uribe que es quien realmente –desde la sombra– le impone su agenda.

Es él quien lo comprometió con la campaña para derrocar a Maduro y “liberar” a Venezuela del “castro-chavismo”, operación en la que perdió más de 6 meses de gobierno, viajando por EE.UU., Europa y América Latina para realizar el “cerco diplomático” que lo llevaría a conseguir un triunfo internacional para tapar sus falencias y debilidades internas. Fue Uribe quien le impuso al ministro de defensa Guillermo Botero, un personaje oscuro y reaccionario que tenía como obsesión limitar y regular la protesta social, que fue utilizado para revivir el espíritu uribista dentro de las fuerzas militares, en las que se nombraron generales troperos que tenían la tarea de revivir la política de los “falsos positivos” (asesinato de civiles haciéndolos pasar por guerrilleros dados de baja) y sabotear desde adentro lo poco que queda del llamado “proceso de paz”. El descubrimiento del asesinato de 18 niños reclutados por grupos armados ilegales mediante un bombardeo indiscriminado, que había sido ocultado y fue denunciado en el Congreso en un debate de control político, obligó al ministro de defensa a renunciar y dejó todavía más debilitado a Duque, luego de que su partido (Centro Democrático) había sufrido una sonora derrota en las elecciones del 27 de octubre.

Los profesionales precariados, especialmente los jóvenes recién salidos de las universidades y que no encuentran oportunidad de trabajo, van a engrosar las fuerzas populares en lucha, y pueden ser un sector muy dinámico e influyente en las movilizaciones venideras. Lo más importante es que ya se están reconociendo dentro del campo de los explotados y oprimidos, y están en proceso de entender que su verdadero enemigo ni siquiera es nacional o gubernamental, que detrás de las empresas o entidades en las que trabajan está el poder de la Gran Burguesía Financiera Global, que está representada en Colombia por los bancos e instituciones financieras, las grandes transnacionales y los poderosos grupos económicos, que subordinan a todos los “emprendimientos” (pymes) a sus intereses capitalistas mediante préstamos onerosos, monopolio de la propiedad intelectual y tecnológica, y muchas otras formas, y son la verdadera causa de su cada vez más difícil situación. En la medida en que lo entiendan, su contribución a las luchas populares va a ser fundamental, por cuanto son personas con mayor formación intelectual, vínculos globales y acceso a la información, y pueden ayudar al resto del pueblo a avanzar por nuevos caminos, más creativos y transformadores de la realidad.

Constatar que un sector de las “clases medias” en Colombia, especialmente en las grandes ciudades, empezaron a movilizarse en esta coyuntura de protestas sociales, nos debe obligar a reflexionar sobre por qué en países con gobiernos progresistas dichos sectores fueron canalizados hacia proyectos políticos de “derechas”, como ocurrió en Brasil, Ecuador y Bolivia. ¿No será que las izquierdas y gobiernos progresistas no hicieron ningún esfuerzo por ganarse a dichos sectores sociales, y después de que los derrotaron en elecciones (incluyendo a Petro en Bogotá), plagiaron la teoría del “síndrome o complejo de Doña Florinda” para echarle la culpa a la gente, por “arribista” y “desagradecida”, con la intención de justificar sus errores?

El problema es que esas “clases medias” están compuestas por nuevos sectores sociales, entre ellos, el “precariado del siglo XXI”, que son actores críticos del asistencialismo y de invertir la mayor parte de los recursos estatales en subsidios improductivos, muchos de los cuales –como hizo Uribe en Colombia– son utilizados para hacer clientelismo de nuevo tipo, en vez de invertir en la industrialización de nuestras materias primas apoyándose en esos “emprendedores” y en los pequeños y medianos productores (“clases medias”), lo que sería parte de la solución a los problemas estructurales de dependencia de nuestros países con respecto a la economía de las potencias híper-industrializadas. Este es un tema a explorar y desarrollar.


[1] Alai.net (2013). Paro nacional agrario: saltos cualitativos en el movimiento social. Ver aquí.

[2] Ese sentido periférico pareciera rechazar la simbología tradicional del “poder”, concentrado alrededor de la Plaza de Bolívar donde está el Capitolio, la Corte Suprema de Justicia, la Catedral Primada y la alcaldía. Los jóvenes del norte de Bogotá prefirieron acosar directamente a Duque protestando varias veces frente a su casa. Ver aquí.

[3] El Tiempo (2019). Alcalde denunció un complot para generar terror en Bogotá y el país. Artículo de 23 de noviembre de 2019. https://www.eltiempo.com/bogota/el-complot-que-descubrio-la-alcaldia-para-desatar-el-caos-y-el-vandalismo-en-bogota-436614

[4] Video del cacerolazo frente a la casa de Duque: https://twitter.com/i/status/1197841402425688064

Conclusiones

A manera de conclusión podemos afirmar que:

  • La protesta social y ciudadana que está todavía en desarrollo rebasó los objetivos inicialmente propuestos por el Comando Nacional de Paro;
  • Esa situación se presentó porque algunos puntos sobre reforma laboral y pensional fueron concedidos por el gobierno aún antes de realizarse el paro nacional (así fuere de palabra), y los dirigentes no reaccionaron para recomponer el pliego de exigencias convocando a otros sectores, sentires y necesidades de la población movilizada y no movilizada;
  • La movilización ciudadana centró sus principales exigencias en lograr cambios sustanciales y efectivos en la actitud del gobierno frente a la manera de administrar los intereses colectivos. “Escuche presidente”, “libérese de Uribe”, “cambie Duque”, eran las solicitudes previas a la protesta, pero en medio de la protesta se iba transformado en “renuncie Duque”;
  • La dirigencia del Comando de Paro no estuvo a la altura del reto que le colocaron los nuevos sectores movilizados. Mientras la gente quería fortalecer el movimiento y ampliar su impacto político (no partidista), la cúpula de las centrales obreras le rogaban al gobierno para que se sentara a negociar con ellos mostrando plenamente su perfil puramente reivindicativo;
  • La agresión guerrerista y militarizada contra la protesta social planteó nuevas prioridades al movimiento. Exigir la destitución o renuncia de la cúpula de la Policía y deslegitimar a Duque como interlocutor creíble y confiable del movimiento social, era la actitud que tendría que haber asumido la dirigencia del “Paro” para fortalecer el movimiento;     
  • Por todo lo anterior, se requiere el impulso y desarrollo de un proceso de organización y participación que se corresponda con el espíritu de concurrencia democrática que exigen amplios sectores de la sociedad colombiana que no se sienten incluidos ni representados por las formas tradicionales de acción política y no confían en la institucionalidad existente;
  • Se necesitan con urgencia nuevos y más amplios canales de participación para desarrollar un verdadero Diálogo Social, que sea amplio, incluyente, participativo y transversal, que no solo incluya a sectores sociales y gremios sino que abra amplios y plenos espacios para las nuevas generaciones, las mujeres y las nuevas identidades de género, y desarrolle procesos y prácticas interculturales y pluriétnicas vinculadas con el cuidado de la vida y de la naturaleza.
  • La dinámica de movilización social y ciudadana que se ha desencadenado en Colombia requiere una nueva coordinación social y política de mayor cobertura y alcance, que consiga armonizar tres objetivos básicos:
  1. Fortalecer y ampliar la movilización y protesta ciudadana, generando procesos de auto-organización y representación amplia y democrática en localidades, regiones y a nivel nacional en todo el territorio colombiano;
  2. Identificar con precisión las principales exigencias de la ciudadanía movilizada, que respondan a intereses generales pero, a la vez, que sean  propuestas concretas y realizables a corto y mediano plazo.
  3. Construir los mecanismos, procedimientos y formas efectivas para desarrollar el Diálogo Social, sin dejarse condicionar por las dinámicas gubernamentales, que por un lado, quieren dilatar los tiempos para desgastar el movimiento, y por otro lado, tratan de reducir el diálogo y la negociación a cúpulas excluyentes, para finalmente no cumplir los compromisos firmados como lo han demostrado las negociaciones y falsos procesos de participación realizados por éste y anteriores gobiernos.   

Se pueden promover y organizar “Asambleas Auto-convocadas” en barrios y veredas, localidades y municipios, y organizar a partir de ellas, “Cabildos Ciudadanos y Populares” que sesionen en forma permanente con carácter constituyente.

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Lo ocurrido hasta ahora es el inicio del despertar. En Colombia el conflicto armado manipulado por las castas dominantes durante 6 décadas impidió el desarrollo pleno de las luchas sociales y populares. Además, una casta de dirigentes burocráticos se apoderó de la dirección de las organizaciones sociales y se ha constituido en una traba para su desarrollo político. También, se deben tener en cuenta dos factores que han impedido que la situación económica sea todavía más crítica: por un lado, la inyección de recursos provenientes de las economías ilegales (narcotráfico, minería ilegal, otras) representa el 2,5% del PIB, y las remesas en dinero que llegan del exterior corresponden al 1,9% del PIB, que alivian necesidades materiales de importantes sectores de la sociedad y son un factor muy importante para sostener el crecimiento económico y evitar la recesión que sufren casi todos los países de América Latina.   

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Tal parece que el pueblo colombiano quiere honrar el Bicentenario de la Independencia con mayores y más consistentes jornadas de emancipación social, de transformación democrática y de construcción de autonomía y soberanía política, que sean la base real y material para el logro de la justicia social, el bienestar económico y la realización cultural de las grandes mayorías de la Nación.

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