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Lunes, 11 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

El ocio

El jueves 27 junio, 2019 a las 7:23 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2KG1hvW
OROS Y TIERRAS

El ocio

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

A Eugenia Galeano Pacheco

Sí, el ocio, así como se dice, se oye y lo vemos ahora en este comienzo de la cuartilla de hoy. Ocio: andar por ahí, como sin rumbo, rondar sin afán ni programa, andando por lares desconocidos o conocidos como si no los conociéramos… Andar desprogramados, a veces, es una diversión plausible. No nos atamos a lo mismo, a lo conocido y rutinario.

Entonces, hablar de ocio es válido, útil y necesario muchas veces. Sobre todo cuando vamos de paseo o nos damos la libertad de ir a ver qué pasa… O cuando uno en domingo o días festivos permanece en la casa descansando de la actividad semanal en el trabajo.

Habrá tiempo para trabajar, para estudiar y meditar, para conversar en familia o para divertirse en una salida a pasear por el campo o a conocer algún lugar o municipio.

Sí, el descanso también se puede llamar ocio. Dejar de dedicarse al estudio si esa es la ocupación principal u olvidarse del trabajo en un fin de semana o por una fiesta nacional o de vacaciones.

El ocio es aquella práctica por la que los italianos se inventaron aquella expresión: il dolce far niente. El dulce hacer nada. El joven poeta romano Virgilio en la Mantua antigua lo cantó bellamente en su égloga I, que suena mejor en su latín que el sonido de la flauta que lo acompañaba: Tityre, tu  patulae recubans sub tegmine fagi, silvestrem tenui musam meditaris avena… Tu, Tityre, lentus in umbra formosam resonare doces Amaryllida silvas… Qué sonoridad, qué versos tan descriptivos, qué cadencia y pintura del momento de la tarde que caía…   

Títiro, recostado tú bajo la sombra de la higuera haces meditar a la tenue flauta en una musa silvestre… Tú, Títiro, tendido en la sombra enseñas a resonar a las selvas con mi hermosa Amarylida…  

Estoy practicando la riqueza del ocio. Qué placer volver a repasar el latín en la voz de Virgilio que le canta su amiga Amarilis. No se perdía una sílaba, un acento, en las palabras que utiliza el poeta para cantar al amor. Le sirve la hora de la tarde, la sombra de una higuera tupida y para ello invoca a las diosas y pone a su amigo Títiro a enseñarle a la selva a cantarle a su amada.  

La modernidad ha despreciado lo que las civilizaciones primitivas amaron. El amor, la sombra amiga de una sencilla higuera, la placidez de la tarde…y hasta reconocen que una flauta flaca es capaz de domesticar la pavura de la selva…

Felices de nosotros citadinos que miramos con añoranza nuestros campos y volvemos a ellos de cuando en cuando. Nos volvemos niños, saltamos, corremos con nuestro perro, sudamos y nos echamos sobre la hierba a descansar. Miramos el río de lejos y oímos su rumor al caer la tarde. Apreciamos la soledad de los campos y la quietud de los árboles cansados de esperar la lluvia.

Ahh, me pareció que era hoy festivo…

26-06-19 – 6:02 p.m.

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