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El NUEVO TEATRO

El sábado 16 julio, 2016 a las 5:44 pm
Phánor Terán - Gestor Cultural - Tunía - Cauca

Por Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó

Uno de los fenómenos más interesantes en las últimas décadas de la vida teatral en Colombia, sea la aparición de agrupaciones y manifestaciones teatrales cuyos actores no pertenecen a los estratos medios y altos de la sociedad colombiana.

El teatro como práctica social, en su gran mayoría y con las excepciones que confirman la regla, ha sido desde los inicios de la república práctica y patrimonio de los estratos universitarios que como se sabe igualmente, hacen parte de la minoría ilustrada de la población colombiana.

Y como patrimonio de estos estratos, siempre ha sido concebido y promulgado como parte fundamental del ideario romántico de estas juventudes, de estos intelectuales, de esta cantera de lo que llamamos en locombia, clases medias y medias altas: concepción del teatro como herramienta de la diversión social sana, como promotor de la educación y del sentido crítico frente al país de las desigualdades.

Así lo expresaban en el siglo XIX, los principales gestores del teatro y así se sigue expresando en el ideario de cualquier reunión por pequeña que sea de sus líderes y directores más connotados.

La aparición de grupos comunitarios en las zonas urbanas, el despliegue de formas que hasta ayer eran tenidas como formas menores del teatro, y lo que es más diciente y problemático aún para el mismo tradicionalismo teatral y el Estado, su exigencia económica que les permita vivir del teatro como profesión diaria, han venido a cuestionar seriamente todo aquello que hasta el momento se consideraba la práctica usual del estímulo a las artes escénicas, y aún del papel mismo del teatro como elemento privilegiado de conciencia nacional.

Casi por vez primera podría hablarse de un teatro “popular” por la conformación de los grupos, que no viven del reconocimiento del estado o del status del artista en el mundo social, ubicados en los extramuros del orden y el desorden. Equiparable estos quehaceres teatrales, sin lugar a dudas, a otras manifestaciones de los ciudadanos de cuarta categoría, los incolae (ciudadanos sin ciudad y sin ciudadanía), como han sido siempre y lo siguen siendo, las artesanías, la música tradicional y popular, las danzas populares, tradicionales, las ancestrales y las llamadas folclóricas.

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