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El Norte del Cauca diverso y conflictivo

El sábado 6 junio, 2015 a las 7:27 pm
Felipe Solarte Nates

Por: Felipe Solarte Nates

Por avatares de la historia y particularidades de su variada topografía y etnias que a lo largo de los siglos lo poblaron, el norte del Cauca es un territorio diverso con sus desarrollos económicos, sociales y culturales resumiendo el conflicto violento que ha desangrado al país, desde la Colonia, cuando los paeces, que debieron ser los mismos pijaos, se opusieron fieramente a la conquista española y fundación de ciudades en la cordillera central -que delimita por el oriente al Valle geográfico del Cauca y limítrofe con los departamentos del Huila, Tolima y Valle-, destruyendo 7 veces a la población de Caloto, que fue refundada en sitios diferentes como Silvia y Tierradentro, antes de establecerse donde hoy está; y en la Independencia y posterior cosecha de guerras civiles que enfrentaron a ‘patriotas: godos y cachiporros’, durante el siglo XIX y el periodo de la ‘violencia’ que desde el ascenso al poder de Olaya Herrera, en 1930, generó respuesta armada de los conservadores, que no querían perder el poder hegemónico ejercido desde que en la presidencia de Rafael Núñez, consagraron junto a la Iglesia, la Constitución de 1886.

En los ejércitos patriotas no sólo fueron figuras caucanos como los generales Mosquera, Obando, José Hilario López, y otros que durante décadas se enfrentaron por intereses económicos e ideales liberales y conservadores. En las tropas que participaron en las numerosas guerras civiles después de la Independencia, como carne de cañón, participaron miles de mestizos que dependían de los casi señores feudales y también negros esclavos que alineaban en sus filas, muchos de los cuales aprovechaban la confusión reinante para unirse a los libertos que años antes se habían volado de haciendas esclavistas, -como Japio y otras cercanas destinadas a la explotación de oro, en los reales de minas de Quinamayó, Dominguillo y Quilichao y al sostenimiento logístico del sistema colonial-, para internarse en los densos e impenetrables bosques y guaduales surcados de numerosos humedales a orillas del río Cauca, agrupándose en palenques, donde vivían libres, dedicados a la pesca, caza, recolección de frutos nativos y el cultivo del plátano, yuca, mientras daban rienda suelta a su frenética música de tambores y a los saberes y sabores tradicionales, que por tradición oral les habían transmitido sus antepasados desarraigados de prósperos reinos africanos, por los negreros portugueses.

Los orígenes de Bolívar, amamantado por la negra Hipólita, a quien consideraba su madre y criado entre esclavos de su padre, durante su traviesa infancia, más la participación de numerosos de ellos en las tropas patriotas, influyó que la libertad de los esclavos fuera incluida en el ‘programa de gobierno’ de los libertadores; pero la poderosa influencia de esclavistas del Gran Cauca y otros Estados donde este sistema de producción era hegemónico, fue uno los motivos principales para desencadenar numerosas guerras civiles con los liberales abanderados de la causa antiesclavista y que sólo en mayo de 1853, durante el gobierno de José Hilario López aprobaran la Ley de abolición, que motivó al “poeta-soldado”, Julio Arboleda a embarcarse por Buenaventura, para vender en Lima, 99 esclavos de su propiedad, según contó en reciente conferencia el poeta y novelista guapireño, Alfredo Vanín.

Durante la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, además de Caloto, la “Ciudad confederada”, centro económico, político y religioso en el periodo de la colonia española, a lo largo y ancho del norte del Cauca, florecieron poblaciones como Quilichao, centro de explotación de oro, y alrededor de los ‘palenques’ poblaciones como Puerto Tejada, Padilla, Guachené, Ortigal, Villarrica, entre otras, que después se convirtieron en municipios, al igual que sus vecinos Miranda, Corinto, Toribio, Jambaló y Caldono, asentados en las estribaciones y montañas de la cordillera central y Buenos Aires y Suárez, en la occidental, donde, desde el asesinato de Gaitán, se asentarían las guerrillas liberales para defenderse de los ‘chulavitas’, las cuales a mediados de los años 60s, serían reclutadas por las Farc, al mando del sargento ‘Pascuas’ y Tirofijo, viejo ‘baquiano’ de las montañas y poblaciones ubicadas en el área de influencia del Nevado del Huila; mientras a partir de 1971, los indígenas fundarían el Cric, “para la recuperación de la Tierra y su Cultura”, amparados en antiguos títulos de propiedad expedidos por la Corona española, entrando en conflicto con los tradicionales terratenientes caucanos, las fuerzas armadas y el poder judicial, defendiendo la actual propiedad privada; y en meses recientes confrontando con los industriales del ‘clúster’ de la caña de azúcar, configurando y resumiendo el panorama del actual conflicto colombiano, hoy focalizado en el departamento del Cauca y que en diferentes escenarios institucionales de la república colombiana y en La Habana, le buscamos soluciones democráticas y pacíficas.

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