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El Mordaz Mensaje de los Maestros a sus Alumnos

El martes 5 febrero, 2008 a las 12:20 pm

Por Alfonso J. Luna Geller

El pasado lunes 4 de febrero se realizó una exitosa marcha cívica que por lo multitudinaria y global, superó todas las expectativas. Fue una protesta patriótica en contra del secuestro y la violencia, los mayores males que flagelan a nuestro país y que son ejecutados por unos sectores –de izquierda y de derecha- que han hecho suya la deshumanización y el narcotráfico como métodos supuestamente eficaces de lucha política y de enriquecimiento rápido.
El mensaje positivo que se regó como pólvora por todo el mundo es que los colombianos -las grandes mayorías, quiero decir- repudiamos la violencia como método de solución de conflictos, la imposición ideológica por medio de las armas, el secuestro político o económico, el enriquecimiento ilícito, en fin, la perversidad de unos pocos contra los sueños y luchas cotidianas por una mejor calidad de vida de toda la población inerme.
El mensaje negativo, especialmente aquí, en Santander de Quilichao, irónicamente corrió por cuenta de quienes tienen la responsabilidad de generar en nuestros hijos mensajes positivos de vida: los maestros sindicalizados, que nuevamente politizaron el acto cívico perjudicando con su actitud obstinada la formación psicológica y cívica de sus alumnos.
Los profesores, siguiendo instrucciones políticas de Fecode, la Federación Colombiana de Educadores, consideraron que la marcha del 4 de febrero, “que comenzó como una justa reacción ciudadana contra la práctica del secuestro y por la liberación de los secuestrados mediante un acuerdo humanitario, terminó cooptada, en todo y por todo, por el uribismo. En consecuencia, ha sido manipulada hasta desnaturalizarla y convertirla en un plebiscito de respaldo al régimen uribista y a la política de sangre y fuego de la “Seguridad Democrática”. Por lo cual se negaron a participar en el acto cívico y no permitieron que lo hicieran los alumnos.
Alguien me comentó, al preguntar por la ausencia en la gran manifestación cívica del sector educativo, que “tengo la mala impresión de que el gobierno está manipulando las innumerables voces de protesta contra el secuestro y la violencia, por eso no asistimos”. Otro, decidió no marchar porque dizque con eso le hacían un favor a Uribe.
Me parece que lo cierto es que el magisterio sólo sabe y convoca a expresión colectiva cuando alguien toca los intereses personales de sus asociados, no los de una sociedad que clama un cambio de actitud a favor de la paz. Son terriblemente egoístas y mezquinos al inventarse el cuento de que la marcha contra las Farc y el secuestro fue una marcha pro reelección de Uribe.
Según esta consideración simplista, también manipulada políticamente, no puede haber unión de todos los colombianos en torno a la no violencia porque además de los secuestros cometidos por las Farc también existen las masacres de las AUC, el desplazamiento de campesinos, la pobreza, etc y la marcha no fue organizada contra todo eso. Pero, cualquiera de los jóvenes que no pudieron asistir se preguntará, con lógica: ¿si uno está en contra del secuestro y la violencia patrocinada por un sector es porque está a favor del secuestro y la violencia que ejerce otro sector? Ese es un escrutinio tétrico. ¡No, señores! Los secuestros, las masacres, los desplazamientos forzados, las desapariciones, la miseria, no necesitan ser comparadas entre quienes las ejerzan, sean de derecha o de izquierda, para que merezcan nuestro absoluto y contumaz repudio.
Hacer esto, como tendenciosamente lo hicieron los profesores el pasado lunes 4 de febrero, es enviar a la juventud quilichagueña un mensaje mordaz, es politizar un sentimiento mayoritario, es empequeñecer la gravedad de una situación que todos queremos superar, es algo en contra de la expresión cívica de la ciudadanía desprevenida sin intereses politiqueros o prestacionales inmediatos que es lo único que buscan cuando sacan a los muchachos a protestar en las calles porque se les demoró el pago del mes unos ocho días.
Nos queda esa sensación y de ahí que invitemos a actuar con sensatez; cualquier persona equilibrada apoyaría las protestas contra los criminales. A propósito, dijo inteligentemente, como siempre, en su más reciente columna Héctor Abad Faciolince: “La barbarie no se debe politizar; hay que repudiarla y punto, sin importar la ideología a la que pertenezcamos. La condena de los actos éticamente inadmisibles no se debe volver relativa mediante comparaciones. Ni condenar las masacres es de izquierda ni condenar los secuestros es de derecha. Ambos crímenes son inadmisibles y ya, y es irrelevante si quienes los condenan son enemigos políticos míos, pues también mis contrincantes políticos pueden tener razón (y me puedo unir a ellos) en algo. Qué me importa si son uribistas la mayoría de quienes organizan esta protesta colectiva contra los secuestros de las Farc. En esa protesta tienen razón y por lo menos en ese punto hay que estar con ellos. No unirse a ellos es un error lógico y ético. Sin contar con que, además, es un enorme error político”.
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