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Viernes, 10 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

El lunes 9 mayo, 2011 a las 8:11 pm
EL MODERNISMO NO ES UNA MODA NUEVA

 
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

A mi nieta de ocho años, en el colegio donde cursa sus primeros años de aprendizaje, le han puesto de tarea identificar qué lugares de la ciudad de Cali tienen aspecto moderno y cuáles estilo antiguo. Su maestra, por supuesto, ha quedado retratada en el listado de lugares que escogió y en las dificultades históricas y artístico-culturales en que puso a sus pupilas. Y no solo a las niñas sino a sus padres que han tenido que volver a repasar conocimientos y a revolver libros y enciclopedias para resolver las travesuras de la profesora. Porque a eso apunta esta inusitada tarea “escolar”.

Los padres tendrán que salir con ella a mostrarle los lugares, que bien deberá conocer su maestra, mirarlos con lupa e identificar sus características y luego comparar con los criterios que los estudiosos de la cultura han fijado para etiquetar con la denominación de “moderno”, sea un edificio, una estatua, un puente o una columnata.

Desde las últimas décadas del siglo 19 sus inquietos pensadores reaccionaron con sus innovaciones en contra de las concepciones de sus antecesores. Fue un movimiento que se fue dando como un turbión incontenible. La pintura, la literatura, la arquitectura, en el mundo conocido sufrieron una conmoción interna y dejaron como ríos embravecidos los cauces reconocidos hasta esa época. La libertad, la sencillez, la falta de medida y el no uso de cánones impuestos por una autoridad fueron las guías de esta nueva corriente de pensamiento.

Entre nosotros los latinos, Rubén Darío cantó glorioso a la juventud, sin la cortapisa del metro ni la rima, con el versolibrismo. También Silva puso un modelo alto con la musicalidad de su Nocturno. Quedaron atrás los versos alambicados, aburguesados y con sonsonete. La arquitectura utilizó menos adornos y empleó materiales nuevos con los que cambió el paisaje y la forma de habitar. La economía debió cambiar de rumbo a tono con el nuevo pensamiento y la industria introdujo en sus métodos el uso de las máquinas, la teoría de tiempos y el concepto de respeto por las conquistas laborales.

Detrás de la palabra “moderno” hay todo un andamiaje, complejo y difuso. Desde ese tiempo preciso de la historia hasta ahora, ha habido muchos cambios, pero el joven de hoy quiere llamar moderno o postmoderno a lo que él vive y acepta. Y lo demás está pasado de moda, es “caduco” porque no es su estilo o porque pertenece a la época de sus padres o a la época de los dinosaurios y las momias.

Modernidad no viene de la insabora palabra moda, ni siquiera de modo de estilo. Tiene unos tintes y un aroma fuerte que sabe a revolución de ideas, a marca de toda una época, pero que no intenta ser eterna.

Debió ser muy productiva la tarea, aunque no muy proporcionada a la corta edad de la niña que miró con asombro cómo una palabra rara es tan rica y abarca tanta cultura y llena el mundo entero.

09-05-11 – 11:15 a.m.
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