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EL MIO: UN DISPOSITIVO CULTURAL PARA CALI

El sábado 14 marzo, 2009 a las 12:35 am

Por: Guido Germán Hurtado Vera
Historiador y Politólogo
Profesor Universidad Autónoma de Occidente
gghurtado@uao.edu.co

La designación Sistema Integrado de Transporte Masivo (SITM) se destina a una cadena de medios de transporte (del latín trans, «al otro lado», y portare, «llevar») que actúan simultáneamente para trasladar una gran cantidad de personas de un lugar a otro en lapsos, relativamente, cortos. Algunos países como Chile, Guatemala, Perú y Venezuela y algunas ciudades como Medellín, Pereira, Cúcuta y Cartagena han adoptado este sistema siguiendo los ejemplos de TransMilenio de Bogotá.

El 1 de marzo de 2009 Cali ha inaugurado el Masivo Integrado de Occidente (MIO). Una obra que se inició con la construcción del primer tramo el 15 de junio de 2004 y que debió haber entrado en funcionamiento en los primeros meses del 2006. Es decir, comenzó con un retraso de casi 4 años. De otro lado, un macroproyecto que se calculó en 345 millones de dólares y que asciende hoy alrededor de los 500 millones de dólares, eso si no se presentan nuevas demoras.

Ayer, jueves 13 de marzo, tuve mi primera experiencia con él. En la mañana compré una tarjeta y la recargué con 6 pasajes. Abordé el articulado, T14 Universidades, en la estación del Centro y me dirigí hacia la estación de Jardín Plaza y desde allí hice el recorrido hasta las universidades. Cruzar la ciudad es una práctica habitual, un movimiento rutinario para la gran mayoría de sus ciudadanos que, asumido como parte de la vida diaria, no constituye propiamente un viaje. Sin embargo, el anterior desplazamiento constituyó en mí motivo para pensar la ciudad y lo que puede significar el MIO.

Afuera y adentro del articulado se vive, se siente y se palpa la ciudad. Afuera, bajo un gran calor, un número considerable de gente dispuesta, de caras alegres espera ver arribar el gigante azul. Llega y abre sus puertas electrónicas y es abordado con calma, sin apretujones. Adentro, dotado de aire acondicionado, escoger puesto significa buscarlo donde se pueda admirar el paisaje urbano. Hay despliegue de miradas, una cierta comunicación visual, no se escuchan las emisoras de salsa, merengue, vallenatos y otros ritmos a altísimos volúmenes, no hay vendedores ambulantes y ya no hay gritos del conductor del bus. Un perfecto clima. Hay pues una pequeña dosis de solidaridad. A diferencia de la experiencia de cruzar la ciudad en un bus, el MIO recrea la asociación y rompe con ese cuerpo mecánico de mutismo y apatía.

Afuera, Cali, no ha perdido su peculiar susurro, su esencia, su saborcillo de mixtura imperecedera. El desbarajuste del tráfico, la invasión del espacio público, la contaminación, el ruido y la incertidumbre y las estrategias de vida más heterogéneas todavía brotan. El trasporte urbano se resiste a morir, todavía tiene su público. Una gran mayoría de los habitantes hacen uso de este medio de trasporte porque el MIO no ha desarrollado todas sus fases.

El articulado ha atravesado la Calle Quinta y termina en colinas de Ciudad Jardín. El paisaje del recorrido ha cambiado. Al lado izquierdo y derecho se observa otra ciudad. Hay otra apariencia, si bien física pero otra apariencia. Y en cada estación del trayecto suben otros pasajeros. Observo, en la gran mayoría, sus rostros, sus cuerpos, sus gestos, son mucho más amables. Afuera y adentro se está transformando la ciudad y con ella sus habitantes.

Podrán, muchos, criticar un halo de embelesamiento en el escrito. La verdad, es una simple mirada que permite abordar muchas de las bondades de un Sistema que comienza a funcionar en una ciudad que cada día muta. De la misma manera, no se pretende ocultar una serie de problemas que se han presentado a lo largo del macroproyecto. Se trata, insisto, de reflexionar, si se quiere tímidamente, acerca de la relación de los dispositivos tecnológicos con la cultura, en aras de ir consolidando un verdadero proyecto de ciudad acorde con el desarrollo humano.

¿Qué podría aportar entonces el MIO a la ciudad? Primero, el rescate de una sociedad que contribuya a las personas un sentimiento de participar de un proyecto particular, que les permita reconstruir sus costumbres como parte de algo integrado cultural y socialmente. Segundo, pasar de la incertidumbre a la construcción de modos legítimos de vida, de convivencia, de disfrute de ésta. Y finalmente, aprender a negociar las redes de modo adecuado, esto es desde el conocimiento de una nueva lógica de convivencia que pasa por conectar el Sistema a la cotidianidad de la vida.

Cali, 20 de marzo de 2009.

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