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EL MIEDO A LA OPOSICIÓN

El lunes 10 febrero, 2020 a las 8:12 pm

EL MIEDO A LA OPOSICIÓN

EL MIEDO A LA OPOSICIÓN

A propósito del lanzamiento del libro ALTERNATIVA, del periodista Enrique Santos, en el que se hace una recopilación homenaje a esa revista que por pocos años fue la verdadera voz de la oposición en Colombia, durante el oscuro gobierno del Estatuto de Seguridad Nacional de Turbay Ayala y que hoy, con adornos y demás perendengues, parece re-editarse en el cuerpo ajeno del uribismo en cabeza de Iván Duque y sus copiadores a nivel regional y local, vale la pena abordar el sempiterno miedo del colombiano promedio, a ser y hacer oposición.

Sin importar que ya, desde el pasado año, y recién inaugurado el infausto gobierno uribista de don Duque, la llamada bancada alternativa en el Congreso de la República, dispuso de buena manera, de una herramienta democrática por muchos años anhelada y luchada, la Ley 1909 de 2018 (el Estatuto de la Oposición), la mayoría del pueblo colombiano desconoce este importante avance democrático y los pocos que medio tienen idea, o están temerosos de su aplicación o no lo encuentran útil a sus fines politiqueros y terminan por menospreciarla.

Si bien es cierto que en las elecciones de autoridades y corporaciones locales y regionales se dio un mínimo avance en la apropiación de los espacios de decisión política regional por los movimientos alternativos, desafortunadamente este pequeño paso se vio opacado por la re-edición de los grandes, medianos y pequeños cacicazgos politiqueros de toda la vida, bien sea en nombre propio o con nombres prestados y manipulando discursos de género, ambientalistas, indígenas, afros y hasta de izquierda, lo que de alguna manera abrió el espacio para ejercer, a nivel local, el esquema gobierno-oposición.

Malformada políticamente como está la sociedad colombiana, y acostumbrada como está a agachar la cabeza en posición genuflexa a los poderosos, haciendo de lado la posibilidad de ejercer su sagrado derecho al disenso, en muchas partes las nuevas y nuevos mandamases locales se dieron a la esperada, pero no tan noble tarea, de acabar de desinformar a las comunidades, minimizando la posibilidad del ejercicio de un verdadero control político a sus gobiernos, a través de la manipulación del miedo, menospreciando la posibilidad de veeduría y denuncia, de quienes han tenido el arrojo de declararse en oposición, en un escenario de violencia política como el colombiano.

Las comunidades deben saber que declararse en oposición, no es un acto de violencia en contra de tal o cual mandamás local, al contrario, es un derecho de orden constitucional. La oposición bien ejercida es la garantía de encaminar a tal o cual gobierno municipal por la ruta del cumplimiento de sus promesas electorales, el apego estricto a la ley, en otras palabras, la oposición termina corrigiéndole la plana a la funcionaria o funcionario que meta la pata.

Sin embargo, dentro de los círculos de oportunistas carroñeros del poder, afanados como estaban, están y seguirán estando por la adecuada repartición de la mermelada municipal (contratos, puestos, exenciones, permisos, licencias, etc.), no falta el eficaz lambiscón de turno que pretenda proteger la virginal carrera político-administrativa de la mandataria o mandatario de turno, gritando a la tribuna comunitaria, voz en cuello y con gesto descompuesto, la triste especie de que “no hay que afanarse para declararse en oposición, porque la bienhechora funcionaria o el gentilhombre administrador tiene el sagrado derecho de cometer ilícito, para poder ser criticado”, y eso que en muchas oportunidades el adulón de marras ostenta en alguna de las paredes de su hábitat el cartón que lo acredita dizque de profesional de las leyes o de educador de hombres nuevos.

Si, en Colombia, la tierra de los más avispados, del emprendimiento naranja, de las gentes de bien que se auto-defienden armadas, hacer lo correcto es riesgoso, bien sea, quien lo dijera, por el rechazo social materializado en el calificativo del mas pendejo que no aprovecha la papaya en el gobierno, por la presión política o hasta armada para la entrega de puestos, contratos, concesiones, pot, pbot, licencias, etc., a las mafias del amiguismo, la contratación y de las otras, por lo que ser y hacer oposición se convierte, quien lo creyera, en ese salvavidas para el mandatario de turno, para poder ejercer de la mejor manera una administración local para todos, sin el miedo a ejercer debidamente el poder.

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