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El malabarista-presidente en su laberinto

El domingo 16 febrero, 2020 a las 2:25 pm

El malabarista-presidente en su laberinto

El malabarista-presidente en su laberinto

Cuando al malabarista-presidente le dijeron que ya era hora de ponerse a trabajar en serio en lo de la presidencia de Polombia, porque la gente de la Bodeguita ya no aguantaba más tanta jodedera de la mamertería nacional e internacional, con lo de la defensa de los periodistas Marxi-lenin-mao-castro-chavi-maduristas y que era necesario que se pusiera a untarle las tostaditas de los representantes de la gente bien que se auto defiende armada, con untuosa mermelada ministerial, a lo único que atinó el imberbe encargado de la presidencia de Polombia, fue a preguntar si la Bodeguita era la del Medio, en Cuba, que entonces, lo mejor era invitar a su amigo el tal Maluma y a Silvestre, no el gato.

El pospúber malabarista, guitarrista, cuentero y cuasipresidente, con los ojos entre cerrados empezó a refunfuñar en un soliloquio casi ininteligible, por los corredores de la Casa de Nari, que casi no conocía, por lo de la viajadera. – ¡Ah qué vaina eso de estarle haciendo caso al jefecito eterno!, …es que uno ya no sabe quién es el que manda, si Donald el copetón, José O., Palomita, la Mafe, Jaimito Baily, José Gabo, Nesticor mi cuñis, Carlitos V. el turquito Nassar o quién ¿?!, ¡¡por dios Guepetto ayúdame!!- casi que alcanzó a gritar.

El joven malabarista-presidente aún no entendía a qué hora se dejó enredar en el cuento ese del Venezuelagate, si lo de él era jugar a la veintiuna con la pelotica, tararear rockcito en español con su guitarra y sus amigos artistas, contar cuenticos de enanos, naranjas y unicornios azules; que a él lo que le gustaba era conversar, eso sí con gente bien, que no grite, que no responda, que no opine, que no diga que no y que le aplaudan todos sus gracejos, por tontos que sean, y no terminen siendo unos faltones como Pachito el electrocutador, eso era lo de él, la Conversa más grande del mundo, no eso de estar entrando por atrás al tal Guarumo, Guayacán… Guaidó, ese… Guaidó, en compañía de gente de quinta que aparece en los carteles de la policía, gas!..fo!.

Mientras revisaba su amplio armario para elegir qué guayabera ponerse para ir a conversar con la gente bien, pensaba: ¡Bendita la hora en que le creía a mi jefecito Guepeto, ups, “varito”!, que el burro de Maduro se caía con los acordes de Maluma y amigos, que, al tal Guarumo, Guayacán, Guaidó, sí lo respetaban en todas partes y que sí tenía poder… ¡cómo me deje enredar por Holmes -el gris- y le creí que él sí sabía de defensa y no le creí a pachito lo de la vagancia, al fin –el gris- también es delfín y los delfines nada de nada y ahora no agarraron a la tal Merlano y el burro del Maduro sí, ¿cómo queda uno?, como un ibídem y el bigotón muerto de la risa con el ventilador prendido.

Mientras tanto los olímpicos y los excrementales en compañía del coscorroneador pida que pida, es que así es muy difícil ¡! …casi que lloraba el infante encargado de Polombia. Entretanto, mientras el párvulo presidencial deambulaba y deambulaba física y mentalmente, a la gente de bien de Polombia, también le asaltaban las dudas.

Que si se debería cambiar el estatus de la Champeta como música de sexta y de barriada negra a música embajadora de la nación, por lo de Shakira y la ahora fiesta nacional del super bowl, cuya fecha al igual que las del Black Friday y el Valentine´s day, deberían entrar en las fiestas de guardar, con lunes Emiliani y todo, dentro del festivo calendario Polombiano. Que si a la tal Merlano habría que traerla a la tierrita, que si al niño Arias habría que ponerle piscinita en su retiro espiritual o que si finalmente al joven Maluma habría que nombrarlo como alto consejero presidencial para que converse con esos capuchos, fuma pielroja, revoltosos estudiantes que perturban la tranquilidad de la gente de bien, a la que no le queda más remedio que auto defenderse de gente fea o sospechosa, ya que el comunismo del siglo XXII anda por ahí, dizque reclamando derechos y acabar a los capullitos del ESMAD, cuando lo que deberían era estar trabajando, así fuera por horas, como el niño Ivancho, el malabarista-presidente.

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