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El libro y la lectura

El martes 29 abril, 2014 a las 7:45 pm
Diogenes Diaz Carabalí 2

Diógenes Díaz Carabalí

Dos hechos hacen que por estos días hablemos del libro: la muerte del Nobel García Márquez, que renueva los ánimos para volver sobre su obra; y la Feria Internacional del Libro de Bogotá que convoca a escritores, editores, aficionados, doctos, pantalleros y aquellos que buscan un antojo para volver sobre el libro, desde luego a precio módico, aunque muchos prefieran deleitarse con un emparedado después de recorrer los stand de uno de los eventos más importantes de América Latina sobre la industria editorial.

Pero estos dos eventos dan también para revisar nuestra limitada posición frente al conocimiento, en un pueblo que ni lee ni tiene fácil acceso al libro. No para volver sobre la pírrica cifra promedio que avergüenza, sino con la intención de cuestionar por qué a la autoridad nacional, regional y local no le importa el problema, causa de que muchos de nuestros adolescentes no accedan a un cupo en la universidad, a los jóvenes se les dificulte conseguir un puesto de trabajo, los adultos malcríen a sus hijos y sus comportamientos irracionales den como resultado seres ignorante y violentos, y los viejos nada tengan que compartir con sus nietos si no malacrianza, viejas nostalgias de fracasos y miopía prematura. También en política, la causa de elegir gobernantes incapaces está en la pobre interpretación de la realidad, en la limitada mentalidad pastoril.

Muy pocos gobernantes realizan esfuerzos por acercar el libro al lector potencial. Bogotá, desde hace rato desarrolla programas para que el ciudadano tenga en sus manos el tesoro de un texto escrito. Medellín ha trabajado metodologías promocionando su literatura, sus autores, sus libros. Con envidia el gobernador del Cesar, un joven abogado, entrega libros a las instituciones educativas, organiza bancos de lectura, lleva la lectura a círculos de encuentro. Estos casos se pueden contar con los dedos de las manos y sobran dedos.

De resto, paren de contar. El libro es un ser extraño. Produce alergia. En muchas regiones es como si sus autores constituyeran peligro evidente, no se aplica ningún recurso para su promoción, menos son apoyadas o sus obras publicadas. Y da pena ir por las bibliotecas de las instituciones educativas. Los estantes son adornados con publicaciones de multinacionales de escaso valor literario, alejadas de la realidad.

Nos quejamos de nuestra gente, de los problemas conexos con la ignorancia: maltrato infantil, maltrato a la mujer, violencia intrafamiliar, aumento de la drogadicción, violencia juvenil, anarquía social, limitado horizonte de oportunidades, baja capacidad de análisis, dependencia política, pobre capacidad de decisión, racismo, discriminación; la causa está en el desconocimiento elemental del ser humano, en los bajos niveles de aprehensión, en la incapacidad para tomar decisiones acertadas, en el estrecho horizonte sobre las perspectivas de vida. En la ignorancia. Es decir, en la baja capacidad y calidad de lectura.

Como las grandes editoriales venden lo que el mercado exige, está libre el espacio para el libro científico, para publicar creación literaria, tanto que en Colombia lo único que ofrecen son textos sobre seudo-héroes de la violencia y el narcotráfico. Deberían las instituciones oficiales, junto a las universidades, cubrir el espacio que dejan los editores en su afán por la ganancia rápida con la publicación de “Basura” que se agota en menos de lo canta el gallo, publicando y promoviendo a sus autores, para ponerlos en las manos de la gente, y ella comenzará a leer por simple dinámica. El problema es que los gobernantes tampoco leen.

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Otros artículos de Diógenes Díaz Carabalí: http://bit.ly/1mW4GEp

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