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“El leviatán algorítmico”

El lunes 20 mayo, 2024 a las 1:25 pm
“El leviatán algorítmico”
Carlos Fajardo Fajardo
Por Carlos Fajardo Fajardo
Poeta y ensayista colombiano

Uno de los más complejos problemas actuales que plantea la inteligencia artificial (IA) es su capacidad de “colonización digital”, lo que ha generado infinidad de reflexiones e interrogantes sobre la misma. Estas inquietudes se enfocan en descifrar un álgido dilema: si la máquina es como los humanos, o bien, si nosotros hemos asumido los roles de la misma. Frente a ello, tendríamos que preguntarnos si la IA siente y piensa como la inteligencia orgánica. Para los “transhumanistas”, defensores de la IA, la respuesta es afirmativa, pues todo el sentir y el pensar se pueden trasladar a un software y a soportes tecnológicos. Para los humanistas la negativa a la respuesta es evidente, ya que en el ser humano actúan deseos, pasiones, sellos en la memoria como huellas, heridas, historias personales y colectivas, rituales culturales que no son simples informaciones, sino sucesos vitales para el desarrollo de la subjetividad y de la comunidad. Por el contrario, la IA posee capacidad de acumular datos y actúa con una lógica combinatoria de dicha información. Acumula y combina, sin emoción ni sensación, informes algorítmicos ausente de relaciones con el mundo de la experiencia sensible, proceso donde el saber no se produce desde la intuición y la pulsión creadora. En ese aspecto, con su “lógica agregativa” (Benasayag y Pennisi), destierra toda experiencia de relación o de choque, que se da a través de las percepciones de las múltiples realidades, tanto objetuales, emocionales, intelectuales, como metafísicas[i].

Como resultado, la IA imita a las redes neuronales sin cuerpo orgánico; su único soporte es el hardware instrumental, utensiliar. Si lo neuronal es algorítmico en el ChatGPT, la máquina, se supone, podría superar todas las actividades intelectuales, creativas y reflexivas del ser humano. El ChatGPT puede hacer un “poema” con base en la combinatoria de datos que posee, pero de inmediato se encontrará una fácil estandarización y múltiples lugares comunes, ya que asocia y articula agregativamente lo que tiene como información, sin ninguna experiencia vital del mundo, sin “participar” de los fenómenos de la percepción de lo real, sin ser afectado por ellos. La máquina, puede “crear” algo “nuevo”, pero que no es producto de ese encuentro con la resistencia ante el mundo.

Rápida y con una estandarización en sus respuestas, la IA está poblada de información sin afectos, sólo con efectos tecno-virtuales, pues esta herramienta anula los gestos corporales que están llenos de signos, símbolos, registros sensoriales, emocionales, psicológicos. La máquina suprime los gestos, aun cuando se programa para que represente o simule alguno de ellos. Sin embargo, anula el encuentro afectivo con el “otro”; suprime la riqueza ética que brinda la alteridad. Sin cuerpo biológico, es un dispositivo sólo “extensivo” de datos agregados, sin angustias ante lo inefable, sin desgarramientos ante la aventura, sin deseo, sin temor ni temblor ante la pregunta metafísica, lo desconocido e inabarcable.

Claro, la máquina sólo “combina” y “agrega” datos, no puede percibir el paso del tiempo, pues ello no le “sucede” como dramática experiencia. Su accionar se reduce a una lógica estadística, no existencial, ni de transformación de la vida vivida. Busca, en sus infinitos catálogos, la manera de responder a las cuestiones formuladas con una racionalidad instrumental utilitaria, cuantitativa. Sin vivencia íntima del tiempo padecido y gozado, sin angustia, con una perpetua tranquilidad responde. A medida que actúa se autoalimenta con la información cargada por millones de usuarios, lo que hace que crezca exponencialmente. De modo que el ChatGTP sólo se manifiesta gracias a sus enciclopedias virtuales acumuladas en Google, asociando frases y palabras a veces, sorprendentemente, con sentimientos que guarda como datos en sus registros. Es una puesta en escena de los artefactos electrónicos sobre la inteligencia orgánica. ¿Podrá el algoritmo descifrar y cifrar, poetizar y comprender la esencia del ser, o estamos, parafraseando a Heidegger en el olvido del Ser?

Según el filósofo francés Érick Sadin, estamos en una pixelización casi total de nuestras existencias, lo cual es un fenómeno tecnológico, social, político, económico, antropológico, civilizatorio enorme. Un cambio epistémico, ontológico y ético se está operando debido a este “Leviatán algorítmico” como lo llama Sadin[ii]. El ChatGPT “no es en absoluto un lenguaje que se asemeje al humano. El Chat deglute con una ambición totalizadora todos los corpus que existen desde la noche de los tiempos. Es una empresa gigantesca […] Es un seudolenguaje. Está esquematizado, matematizado, industrializado, huele a muerte. Está en las antípodas de la manera en la que nosotros mantenemos una relación con el lenguaje”[iii].

De igual manera, el ChatGPT impacta en las capacidades esenciales para nuestro aprendizaje: produce textos, hace resúmenes, tareas, soluciona las necesidades escolares. Ello pone en un interrogante la función de la escuela para las generaciones futuras, las cuales dudarán del papel de la misma en su educación. Para Sadin, también sacudirá ciertas actividades y oficios poniendo en riesgo los puestos de trabajo de periodistas, profesores, abogados, guionistas, traductores, vendedores, intérpretes y, quién diría, de médicos.

Frente a este panorama, tenemos unas nuevas formas de control y vigilancia toleradas y, más aun, exigidas, que están cambiando nuestras maneras de sumisión y obediencia sin protesta. Queda convivir con la IA resistiendo sin integrarse totalmente a sus demandas y asimilando sus posibilidades y ganancias, integrándolas a las exigencias de los derechos éticos humanísticos. Moldeados digitalmente, no lo advertimos por estar inmersos casi totalmente en ello. De ahí que la IA se haya constituido, no en un “medio”, sino en un “fin” que produce guías, conocimientos, acciones, controles, “verdades” y decisiones para la vida, lo cual es aceptado con beneplácito como una “ayuda” desconociendo el poder de sometimiento a través de sus programas digitales.

Lo cierto es que hemos delegado algunas de nuestras acciones a los algoritmos, reduciendo nuestra praxis y pulsiones creadoras. Con el ChatGPT la lógica del cálculo nos somete con su hechizante poderío. Todo se calcula, se explica, se resuelve, se enumera. El ChatGTP es una herramienta a la cual damos órdenes, demandándole respuestas y tareas, creyéndonos soberanos, autónomos y amos, pero en realidad somos gobernados y capturados por su lógica estadística. Haciendo una lectura más abierta de sus funciones, podríamos afirmar que es una poderosa y necesaria fuente de información para algunas actividades, aunque habrá que desarrollar formas que faciliten una fusión con espíritu crítico ante el avance de su colonización digital. Esto exige ser estratégicos y aprovechar las circunstancias del pragmatismo mediático para imponer algo así como un Caballo de Troya en el corazón de la sociedad informatizada. Estrategia de aprovechamiento: en el adentro, como críticos no conciliadores; en la periferia, como sujetos reflexivos, combativos, resistentes, no escapistas. Se trata de aprender y, sobre todo de resemantizar y deconstruir sus lenguajes, asimilando de manera crítica los tecno-registros comunicativos globales.

Sin tragedia (pos-trágica), sin cuerpo y sin memoria viva, existencial, hecha de agregados, de combinaciones y de algoritmos sin órganos, la IA crea un régimen de verdad en el cual estamos inmersos.

* Poeta y ensayista colombiano


[i] Véase Benasayag, Miguel, Pennisi, Ariel. 2023. La inteligencia artificial no piensa. (El cerebro tampoco). Buenos Aires: Prometeo editorial.

[ii] Sadin, Éric. 2020. La inteligencia artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical. Buenos Aires: Caja Negra Editora.

[iii] Éric Sadin: “Los Milei van a florecer en todo el mundo”. Página12. Entrevista de María Daniela Yaccar. https://www.pagina12.com.ar/727963-eric-sadin-los-milei-van-a-florecer-en-todo-el-mundo

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Artículo publicado originalmente en: Le Monde diplomatique, edición Colombia https://www.eldiplo.info/

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