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El legado inmortal de Jorge Isaacs

El martes 15 octubre, 2019 a las 11:08 am
Jorge Isaacs – Imagen cortesía de: https://bit.ly/32fZJy0
El legado inmortal de Jorge Isaacs

El legado inmortal de Jorge Isaacs

“Fría y larga noche de invierno es la vejez. Los infortunios de la patria me han entristecido. Afortunados los que pueden reír”. 1894

Entre 18820 y 1900, Isaacs, Pombo y Carrasquilla sin duda alguna son los iniciadores de una época brillante de nuestra literatura. De manera magistral logran superar la tensión impuesta por los cánones europeos y darles una oportunidad a las formas de expresión propias. Acto simbólico que luego desembocarían en la más grande oleada de escritores hasta llegar al Gabo.

Es menester recordar que El 17 de abril de 1895, Colombia se quedó sin su mayor exponente y quizás sin el único que, a punta de romanticismo, realismo, costumbrismo y modernismo logro inmortalizar el esplendor del Valle del Cauca. Moría solo y desconsolado Jorge Isaacs. La tristeza cubrió a la capital del Bunde Tolimense, la suya era una muerte esperada por las calamidades económicas y la fuerza destructora de la Malaria que se había sumergido en sus huesos y que bajo dolores espantosos se llevaba en un simple plumazo al autor de la novela “María”; obra inmortal que por el poder de sus personajes eliminó toda posibilidad de amalgamación entre la aristocracia colombiana y sus esclavos recién libertos.

Es oportuno reconocer que esta magna obra de la literatura colombiana en sus líneas teje de manera armónica los odios y amores de blancos y negros que solo por la moción de los efectos pueden ser felices. Permite identificar que Efraín y María son parte de ese mundo real que se funde en la geografía de un Valle lleno de esperanzas y miedos y que solo pueden describir los colores de las rosas y las azucenas.

En su discurso literario, Isaacs se inmortaliza en un suicidio simbólico, y no, como hacendado o judío, como poeta o escritor, como combatiente o inspector de construcciones, como político o diplomático prudente, como jurista incrédulo o etnógrafo crédulo, como explorador minero o soñador de utopías, como cazador perene de un reconocimiento que le fue esquivo y que solo hace poco se le concedió.

Hoy, en pleno siglo XXI el nombre de Jorge Isaccs se ha agotado al tratar de cumplir con los trámites de una rutina inusual al ser leído con censura en la escuela tradicional y en la academia impúdica, con escozor en los claustros mezquinos y en las boticas propias del medioevo. Por ello, María y Jorge vigilan de manera sombría las imágenes literarias que aún adornan la vieja Hacienda “El Paraíso” o la Casa de la Sierra.  

Ellos, junto a Nay/Feliciana Mayn, Carlos, Emigdio no dejan que el barro, el cemento, la teja, el zinc, la madera y el hierro se pierdan en el tiempo y su memoria se desperdicie en el olvido de los miles de hombres y mujeres que aún se empeñan en boicotear su magna obra y su legado. No obstante, y pese a las vicisitudes, un mar de diferencias de ideas, credos, fuerzas físicas y espirituales corrompieron la coherencia previa de sus sueños de amor juvenil e irónicamente lo llevaron a querer permitirse ser el libertador de una sombría tierra; tierra que luego lo vio morir en el menor detrimento, arropado en su vieja casona bajo la luz titilante de una lámpara tan agotada como sus sueños de grandeza y poder.

Ya es hora de potenciar en nuestras escuelas, colegios y universidades la imagen de un hombre versátil, apasionado y de múltiples facetas como lo fue Jorge Isaccs. Desde hoy es menester nuestro recordarlo como un hombre que tendrá vida eterna como Aureliano Buendía, Gregorio Samsa, Don Quijote de la Mancha, El Conde de Montecristo o Edipo Rey.

El hombre en cuya vida se sintetizo todo el espíritu del siglo XIX.

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