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EL KINDER DE DOÑA MARÍA

El martes 30 enero, 2018 a las 5:10 pm

EL KINDER DE DOÑA MARÍA

EL KINDER DE DOÑA MARÍA

Imagen de: http://bit.ly/2rSJf10

Por Fanny MorenoEstudié en el Kínder de Doña María, – bueno, así lo conocía todo el mundo -, pero poco tiempo después de estar recibiendo mis primeras clases, me enteré con orgullo que su verdadero nombre era Kínder de Nuestra Señora de la Valvanera.

Doña María Upegui era española y aunque radicada en Medellín desde muchos atrás, posiblemente eligió este nombre para sentirse más cerca a su patria. Este es el resumen que encontré en Internet acerca de dicha advocación:

“La aparición de la imagen está relatada en la Historia Latina, escrita en 1419 por Rodrigo de Castroviejo, Abad de Valvanera, como traducción de un texto en latín del siglo XII escrito probablemente por Gonzalo de Berceo. Cuenta que el ladrón Nuño Oñez, oyendo el rezo de la que iba a ser su víctima, se arrepintió de sus crímenes, encomendándose a la Virgen María para que le ayudara a cambiar su vida. Un día durante sus oraciones se le apareció un ángel, indicándole que fuera a Valvanera en busca de un roble que sobresaliese de los demás. De su pie brotaba una fuente y contenía varios enjambres de abejas. Allí encontraría una imagen de la Virgen María. Acudió a dicho lugar con el clérigo Domingo y encontró la imagen. En ese lugar comenzarían a edificar un lugar de culto a la Virgen, en el último tercio del siglo IX. Con este hallazgo se daría origen al Monasterio de Valvanera, donde actualmente se venera a esta imagen, custodiada por monjes benedictinos. La coronación canónica de la imagen tuvo lugar en el Espolón de Logroño el 15 de octubre de 1954”.

Al ver esta fecha, observo que Doña María no esperó la coronación oficial para fundar su Kínder, ya que yo empecé a estudiar allí en 1953, poco antes de cumplir mis siete años y entiendo que éste operaba desde hacía algún tiempo. A pesar de ser llamado Kínder, ella dictaba clases hasta tercero elemental, por lo que mis padres no vieron la necesidad de cambiarme de plantel cuando superé el primer año, en el cual, – vale la pena anotarlo -, no recibí las esperadas clases de un Kínder sino todas las materias correspondientes a primero elemental. 

En 1954 mi padre nos llevó a vivir a Barrancabermeja, por lo cual tuve que retirarme del segundo grado. Él, sabedor de la importancia de la educación temprana y a pesar de sus múltiples ocupaciones como administrador-encargado de varias fincas ganaderas en esa zona, se las ingenió para mantener mi equilibrio entre aquella vida de campo que me fascinaba y las clases de matemáticas (aritmética la llamaban) y castellano, o sea lectura y escritura. Por ello, a nuestro regreso, a mediados de 1955, Doña María, después de un corto examen oral, me recibió con beneplácito en su clase de tercero elemental. Eso sí, me advirtió que el examen escrito sería el día de mi ingreso y que si no demostraba estar suficientemente capacitada, me pasaría para segundo sin ninguna consideración. Tan buena resulté en las principales materias, que antes de finalizar el año me pidió que le ayudara en la clase de primero elemental. Con mucho orgullo – y posesionada de mi papel -, tomaba una tiza y comenzaba a llenar aquel negro y provocativo tablero que parecía pedir ser llenado de hermosas palabras como papá y mamá.

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Texto realizado a partir de un ejercicio voluntario de escritura con mis recuerdos de niña.

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