Lunes, 25 de mayo de 2020. Última actualización: Hoy

EL ÍNTIMO DE RODRIGO VALENCIA Q.

El domingo 5 abril, 2020 a las 1:02 pm
EL ÍNTIMO DE RODRIGO VALENCIA Q.

EL ÍNTIMO DE RODRIGO VALENCIA Q.

EL ÍNTIMO DE RODRIGO VALENCIA Q.

   Podría decir que esta cuarentena, que no la cuaresma, me impuso la lectura de un libro: Jesús, el íntimo, del artista y escritor Rodrigo Valencia Quijano. “Una ficción poética sobre el Maestro de los pocos”, publicado por Samava Ediciones, Popayán – 2017. Noventa y cinco páginas de fácil lectura gracias a una fuente amigable. La portada y contraportada tienen sendos retratos de la imagen con que el artista quiso aproximarse al rostro posible de Jesús. En cuanto a la estructura, el autor dio nombre a sesenta y seis episodios de un personal, íntimo evangelio. Y justificó la razón de alinear todo el texto a la derecha por la supuesta corrección, justicia y legitimidad de esa orientación.

   En una breve presentación, de bastante hondura espiritual, el maestro Julio César Espinosa da pistas del personaje que nos presenta los breves episodios: “…un interlocutor-poeta, formado en los abismos de la reflexión”. En efecto, este poeta (que será en adelante la figura del narrador) se presenta como un hombre que sigue en secreto al Maestro. Y en adelante, hay una íntima comunicación entre ambos espíritus. Tendremos entonces un poeta que se involucra con el Jesús de Galilea, en su propio tiempo histórico.

   En efecto, esa ficcional cercanía histórica la necesita el poeta para ahondar en el mensaje de la nueva doctrina –veremos si buena también– y en los problemas que siguen siendo foco de discusión veinte siglos después de su origen. El primero, en razón de la peculiaridad del forzoso retiro domiciliario, es el cierre de los templos. A propósito, ¿sí era intención de Jesucristo que el mundo se llenara de templos en su nombre? El poeta prioriza el punto de vista de la primera persona para decir: “Yo soy el Dios vivo, no una edificación de piedra.” / “Esta casa es un buen templo para la piedad”. / “Mi templo eres tú… Yo soy tú y tú eres Yo”. Con el sustento de que la casa tiene la dignidad de un templo, para el “Conocimiento Místico, Íntimo y Trascendente”.

   Otro problema, de las entrañas de la doctrina cristiana, es la Verdad. Y la tremenda dificultad para acceder a una determinada respuesta. Como maestro en el artificio del discurso metafórico, a Jesús le incomodaban las preguntas y solía recurrir a las parábolas, para que desde ellas el discípulo hiciera el debido discernimiento. Esa actitud es causa de que hasta hoy algunas preguntas permanezcan insolubles, incluso para los que fungen de ser los más creyentes.

   Y en los Evangelios, como en este libro, siguen servidas las dos trascendentes preguntas: ¿Qué es la Verdad? La respuesta parece que no se da por el principio, sino por el final: “Si os conocéis a vosotros mismos, entonces podréis mirar las cosas como son”. Y la otra pregunta, con la cual algunos aspiran unir el mundo terrenal con el del más allá: “Maestro, cuando muramos, ¿nos reuniremos con nuestros padres, abuelos, hermanos, amigos y demás seres queridos? El Maestro responde con pregunta: “¿Por qué mente o pensamientos tan sensuales?” Pero es buena la línea que cierra también este final: “Seréis como ángeles… presencia espiritual pura”.

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