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¿EL HIJO DE JOSÉ EUSTASIO RIVERA?

El sábado 28 febrero, 2015 a las 10:38 am

EL HIJO DE JOSÉ EUSTASIO RIVERA

A comienzos de los años ochenta vi por primera vez a Armando Cuervo Romero en las marchas que se realizaban en solidaridad con Palestina.

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

Acostumbraba el doctor Cuervo portar en estas movilizaciones con elegancia su fino sombrero de paño y debajo del brazo los libros de Derecho, la asignatura dictada por él desde el 77, cuando Maza Márquez, director del Departamento Administrativo de Seguridad- DAS, lo trajo de los Llanos Orientales, para interrogarlo, puesto que en su estadía en Uruguay, fue abogado de cuarenta y tres Tupamaros detenidos durante la dictadura cívico – militar de Bordaberry, no queriendo regresar a los Llanos, cuando Márquez lo soltó prefiriendo quedarse de docente, pero también ejerciendo su profesión de abogado en la capital.

Pero sólo fue hasta el día del atentado al Papa, que me enteré que era abogado, y que ejercía como profesor de la Incca. Aquel día hablamos, contándome de su niñez y parte de su juventud  en Cuba donde realizo estudios en los Escolapios de Guanabacoa. Me dijo, que era hermano medio de Lillo, el famoso caricaturista de la Revista Bohemia, que dibujaba a un viejo con su perro. A partir de esta conversación nos descubrimos en torno a afectos por la Revolución Cubana, mostrándose en toda su dimensión intelectual y humana, pactándose una verdadera amistad entre nosotros hasta el final de su vida.

Estudió Derecho en la República Oriental del Uruguay, participando en todas las luchas estudiantiles y populares, que se dieron durante la década de los cincuentas, relacionándose con importantes personalidades de la política y la cultura del país, como fueron entre muchos el escritor Eduardo Galeano, que ejercía como empleado bancario y del actual presidente José Mujica, ambos del MLN-Tupamaros por él defendidos. Durante el tiempo que permaneció en el Uruguay, ocupó diferentes cargos como jurista de la Central Única de Trabajadores, siendo miembro del Parlamento y fundador del movimiento “FIDEL”- Frente de Izquierda de Liberación. Se casó matrimonio del que resultaron dos hijos  Gabriela y Armando. Gabriela por el personaje de la novela de Jorge Amado a quien admiraba como escritor. Cuervo amaba la poesía, que hacía y conocía ampliamente, sobre todo de Nicolás Guillén. Relataba que durante las torturas y encerramientos, sufridos en los calabozos cuando lo detuvieron por sus cercanías con los tupamaros, lo había salvado de morir o enloquecer, la poesía del poeta cubano, que de memoria repetía. El atentado a su casa del barrio montevideano Luna de Malvín, y las amenazas a él y familia, determinaron  su prisión. Cuando sus torturadores se enteraron de su nacionalidad propusieron que se fuera o lo mataban. Aceptó y regresó a Colombia su país que dejó de niño cuando sus padres se lo llevaron para Cuba.

Decía que su mamá fue la primera secretaria del Congreso de la República donde conoció a José Eustasio Rivera, siendo su padrastro el embajador Lamar y Galvis de Cuba, que al finalizar su gestión diplomática, decidió con su familia regresar a la isla caribeña. Armando Cuervo Romero, llevaba el apellido de su madre, porque a diferencia de “Lillo” apocope de Manolillo, y de “Presi”, como le decían a su segundo hermano. Armando no era hijo del diplomático cubano, afirmando, fue engendrado por el escritor y poeta huilense autor de la Vorágine. ¿De dónde a Cuervo le nacía esta historia, que él aseguraba ser verdadera? Su mamá residente en Estados Unidos desde el triunfo revolucionario, quedándose el embajador con Manolillo en Cuba. Ella vino a visitarlo a Bogotá y cuando Armando Cuervo la interrogó de sí era hijo del escritor, le contestó: “Me llevaré este secreto a la tumba”.

Hacia el 83, Cuervo fue retirado de la Universidad por su adicción al licor, a pesar de ser un profesor de excelencia, y un magnífico profesional con oficina en el centro de la ciudad. Al morir su funeral sólo fue acompañado hasta el Cementerio Central, por pocos docentes y miembros del PCC del cual era militante en la Universidad, y por algunas personas a las que gratuitamente prestó sus servicios de abogado sacándolos de la cárcel.

Su tumba permaneció sin un epitafio hasta desaparecer tiempo después. Así fue el final de Armando Cuervo Romero, el hombre, que aseguraba ser hijo secreto de José Eustasio Rivera.

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