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EL GUAYABO

El domingo 18 noviembre, 2018 a las 12:21 pm
EL GUAYABO

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

EL GUAYABO

Ah, qué fea es la sensación con la que amanece quien se pasa de cervezas o de tragos. La llaman «guayabo», como si fuera un mal recuerdo o el nombre de un árbol cargado de murciélagos que le cayeran a uno en montón por cabeza, estómago y asentaderas.

Amanece el día siguiente el paciente y se siente como raro. Corre por su cuerpo un malestar y no se explica por qué. No duele la cabeza ni el estómago ni órgano alguno del cuerpo en especial. Pero uno está como zombi y torpe y no tiene ganas de estar de pié o sentado o de hacer algo serio. Sí, hay como una especie de modorra, de fiebre, aparece una lenta somnolencia y no hay ganas de caminar o de salir a visitar a familiares o de pasear.  

Los síntomas, al principio no los sospecha uno. ¿Por qué el desgano, la apatía, el rechazo del cuerpo a moverse con la agilidad de siempre? Todo se va juntando y, de pronto, uno se acuerda de que hace unas horas se estaba tomando unas copas o cervezas. No. No era el fruto de un árbol, ni falta de sueño, o de la larga caminata de ayer o que está llegando la vejez o que…cualquier otra conjetura. …¿pero por qué ese malestar será difícil de identificarlo como efecto de la bebeta de ayer? No, no puede ser que una inocente velada con un amigo al frente de la casa haya sido la causante de la calentura de hasta los codos.

No. El guayabo tiene una cara de inocencia que no le pertenece. Es el castigo a una cerveza de más o de un trago de más. Nadie le dice al paciente – a tiempo – que se detenga. Todo lo contrario. El amigo o los contertulios están en el mismo oficio y han comprado el tiquete para el mismo destino. Con seguridad tendrán al día siguiente los mismos síntomas y desgano existencial.

Si uno está de buenas y le faltaron una o dos cervezas o un traguito más para un guayabo negro, el guayabo vendrá tal como queda descrito. Porque si hay más plata para seguir en la bebeta o está muy buena la cerveza el guayabo será más fuerte. No quiero- ni los lectores aguantarían – que diga lo que pasaría si uno se saltó la raya en la tomata. El guayabo al día siguiente atormentará al inocente sujeto, si es que no sucedió nada más en la noche como anticipo.

Pobres los humanos, con exclusión de Adán y Eva que no tuvieron en el Paraíso el néctar ni la cerveza ni el ron ni el whisky. Pobres, digo, los humanos que si alzan el codo y pasan el delicioso trago por la garganta, saben de antemano las consecuencias.

Bien sabido es que existe en la vida la ley del contrapeso. «Quien la hace, la paga». Sí, a la bebeta le sigue el guayabo quiera o no quiera.

17-11-18                                              11:39 a.m.

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