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EL GATO

El viernes 12 junio, 2015 a las 8:14 am
Rodrigo Valencia

Rodrigo Valencia Q. ©

El gato se despierta; ronronea en torno al eco que dejan en él los ruidos de las nubes, sincero gesto de devoción por la amiga que deambula en torno a los rincones (a ella le gusta el amor, siempre el amor en las nubes). Mira si dentro de él hay realmente un ruido de valor, algo que propicie esta tremenda reflexión por la Cazadora de gestos interiores. El gato mueve los ojos en torno, sube a la ventana donde asoman recuerdos en distancias que el tiempo hace nítidas por la cercanía de espejos paralelos; allí el limbo de él parece captar un destello, una sensación suprema, atemporal, en donde las fisuras del odio se alisan y toman brillo, y repentinamente se apoderan del instante. El tiempo dura mientras la ventana atrae a la luna y le da de comer ciertas palabras esquivas, y entonces Cazadora aparece con su vestido de noche; viene a embrujar al gato solitario, al gato que en silencio grita a los ecos sin regreso; cada grito es un desnombre, un deshacerse de algo que estorba la existencia… Todo va cayendo, todo va desapareciendo, y no es un fingimiento; y entonces, paulatinamente la ventana es un marco donde Cazadora es protagonista del suceso que el gato tendrá en su próximo delirio de tejados. El traje de noche se esparce como un viento donde las estrellas hablan y los sentidos se desnudan para entenderse mutuamente en un encuentro del destino, deliciosa forma de entregar la vida sus secretos y razones, para así seguir descifrando laberintos y estructuras, al parecer ausentes de sentido. La luna alumbra; son sombras cazadoras las que perfilan las montañas.

Gato

RVQ.

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