ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Viernes, 9 de diciembre de 2022. Última actualización: Hoy

¿El fin de la izquierda en Latinoamérica?

El miércoles 2 diciembre, 2015 a las 8:07 am
Jaír Villano

Por Jaír Villano / @VillanoJair

La elección presidencial del ingeniero Mauricio Macri en Argentina y lo que podría pasar este 6 de diciembre en Venezuela, ponen de presente una condición que se está presentando en otros países donde gobiernos de izquierda gobiernan (o gobernaron). Esto es que modelos de gobernanza, que en principio se erigieron como alternativos, vienen en desgaste.

La circunstancia que atraviesan los opositores en Venezuela, las protestas de los indígenas en Ecuador, la polarización política en Argentina, amén de la precaria imagen de favorabilidad que detentan Rousseff en Brasil y Bachelet en Chile ponen en duda el prestigio que algún día tuvieron gobiernos con modelos de neodesarrollismo. Surge entonces una pregunta: ¿Por qué la izquierda, que se destacaba por su apoyo a las clases populares y su crítica al capitalismo despiadado, parece llegar a su debacle?

Varias son las causas que podrían explicar este malestar. En primer lugar, un flagelo que hasta antes de que estos gobiernos llegaran al poder era fustigado: la corrupción. Este infortunio –que desde una perspectiva pragmática, resulta inherente al ejercicio político– es una de las razones por las que los gobiernos progresistas han minado su confianza. Lastimosamente, los escándalos por este mal cobijan gobiernos de países como Chile, que hasta antes contaba con una de las presidentas de mejor imagen: Michelle Bachelet; Brasil: que en los gobiernos Lula y el primero de Rousseff demostraron cómo reducir sustancialmente la pobreza, no obstante lo cual luego ello se vio desdibujado por un sistema de hurto que involucraba militantes del partido de gobierno.

De igual forma, los ya documentados casos presentados en la Venezuela de Chávez y Maduro (y aquí también cabe el visceral Diosdado Cabello), la Argentina de los Kirchner, la Ecuador de Correa, la Bolivia de Morales, la Nicaragua de Ortega, –con la magnífica excepción de Mujica en Uruguay–, indican que este tipo de prácticas malsanas se permean a lo largo y ancho de esta parte del planeta. Y en todos los gobiernos, claro, pues en Guatemala Otto Pérez Morales quiso hacer de las suyas, y en México, Perú y Colombia los casos de presunta corrupción por parte de sus mandatarios están a la orden del día.

La corrupción, aunque parezca lugar común, es una malversación política que pasa su cuenta de cobro, máxime si se considera que es la izquierda la que se ha encargado de vituperar esta clase de delitos.

Por otro lado, el mesianismo y autoritarismo con que gobiernos como el de Maduro, Correa, Ortega y los Castro gobiernan, es otra de las causales que podría explicar el descontento de la población.

Las intimidaciones a la oposición, el control de los medios de comunicación (un ejercicio copiado a los fascistas), además de la estigmatización a la protesta ciudadana son yerros antidemocráticos que le han restado credibilidad a gobiernos que, dado su horizonte político, deberían ser más abiertos y tolerantes con mecanismos de participación ciudadana que enriquecen el debate público.

Izquierda en Latinoamérica

A todo lo cual habría que sumar la inclinación por perpetuarse en el poder, Caracas, Buenos Aires, Quito, La Paz, Managua y La Habana han sido víctimas de este vicio que solo sirve para alimentar vanidades de funcionarios cuyo mesianismo no les permite avizorar que la democracia consiste en la alternancia del dominio estatal. (Aunque esto, es menester reiterar, es tan de izquierdistas como de derechistas).

Estos líderes políticos deberían seguir el ejemplo de Pepe Mujica, quien entendió que las transiciones son necesarias, muy a pesar de que el hoy presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, se ha distanciado de algunas de sus políticas más controversiales, como la venta de la marihuana en farmacias y la aprobación del aborto.

Por último, aunque son más las razones, está el modelo de desarrollo que han implementado estos países. Muchos de estos, -Brasil, Chile, Venezuela, Ecuador, El Salvador, etc. –, han basado su economía en el principio neoliberal de los países de tercer mundo: la exportación de commodities.

Con lo cual no se ha alterado el statu quo, sino que se ha modificado en función de financiar unas causas que, dado el auge en los precios de las materias primas, sirvieron para apoyarlas (en la mayoría de los casos con desmesurado populismo); pero tras la caída de los onerosos costos ha dejado a los gobiernos sin estrategias de desarrollo económico y por eso muchos de esos países atraviesan agudas crisis.

Ya lo había advertido el FMI: las economías de estos gobiernos se mantendrán a la baja, pues como los neoliberales, el modelo de prosperidad se reduce a la exportación de materias primas, que como si fuera poco están contribuyendo a la destrucción de los ecosistemas.

Así, estas son algunas de las causales que podrían explicar la exigua credibilidad de la que hoz goza la izquierda latinoamericana. Desde luego, no todos los gobiernos actúan de las formas descritas, muchos de ellos se alternan.

Lo importante es que esta orientación política reflexione en su proceder. Quizá el alejamiento del dominio público le permita refrescar su mirada y entender los mensajes que está enviando la ciudadanía.

Dirán que por qué no se critica de la misma forma a los neoliberales. La cosa no es tan compleja: del explotador solo se puede esperar bofetadas, en cambio del redentor se esperan bondades. O por lo menos, utopías.

Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?