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El famoso Macías y los honorables

El viernes 26 julio, 2019 a las 2:25 pm
El famoso Macías y los honorables
Imagen: http://www.vanguardia.com
El famoso Macías y los honorables

El famoso Macías y los honorables

Si hay en Colombia una institución política desprestigiada a la enésima potencia desde cualquier contexto en que se la mire, es el llamado Congreso de la República, conformada por 102 Senadores y 166 representantes. Siempre que se hacen encuestas sobre la aceptación o no de los colombianos sobre el mismo, queda “estancado” en los últimos lugares o en el peor de los casos, en el último, siendo por así decirlo una vergüenza nacional que hace dar ira e intenso dolor de patria por muchos motivos que si nos ponemos a comentarlos ahora, no alcanzaríamos a hacerlo con propiedad.

De toda esa larga y ominosa lista de desafueros o lunares del Congreso que lo hacen quedar bien mal ante la opinión pública, recordemos a guisa de ejemplo lo sucedido con el senador Ernesto Macías del Centro Democrático el pasado 20 de julio / 19, durante la instalación del nuevo período de sesiones, cuando quiso hacerse el célebre a su manera de manera torpe (como lo hizo durante la presidencia del senado por un año completo), queriéndose oponer al derecho de réplica que tienen los partidos de la oposición según la ley, por medio de una jugarreta a través del micrófono que él creía estaba apagado, cuando todo el mundo en ese recinto lo estaba escuchando, afirmando al final: “esa es mi última jugadita de presidente”, siete palabras que hicieron quedar por el suelo a los honorables que allí estaban.

Ahora bien, sabiendo que el Congreso no goza del aprecio popular, cualquier presidente de otro país que se precie de tal no “premiaría” de la manera como lo hizo al aumentar en forma astronómica con $ 1.400.000 más su asignación mensual como congresistas, quedando en $ 32.741.755, equivalentes a 39,5 salarios mínimos legales vigentes, mediante el decreto 1265, teniendo en cuenta de parte de algunos de ellos esa apatía de algunos, junto a las largas siestas en el recinto, su mala educación al no escuchar, sus largas sesiones con los celulares, en fin, premiando lo que un día comenté a propósito sobre esas “actuaciones” de los “honorables” como “el espectáculo del Congreso”. Comparemos esas asignaciones mensuales inmerecidas con lo que gana un colombiano de a pie, quien lucha por sobrevivir, con un mínimo de $ 828.116.

Concluyendo en que no hay comparación posible entre los “honorables” que trabajan menos y ganan más y los que trabajan más y ganan menos, con salarios mínimos de pobreza y sacrificio, de manera honesta y con más sacrificio y valor. No hay derecho a que los mantengamos a “ellos” los “honorables” por siempre y para siempre. Ellos no se los merecen.

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