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EL ETERNO CAMBIO DE LA MADRECEIBA

El jueves 22 octubre, 2015 a las 1:48 pm
Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Ceiba - Av. Colombia - Cali

Desde la Av. Colombia de Cali, Ceiba adulta en florescencia por la vía a la Portada del Mar.

Posiblemente la vi de niño en Pacho junto al Río Negro o en Sasaima en mis paseos de muchacho en torno a la finca de Las Mercedes junto a las palmas de corozos y los naranjales de ombligonas. Vi a mi madre Blanca cuidar los jazmines de blanco olor y las hortensias lilas y rosas en el jardín de la casa bañada por la quebrada. Y mis correrías por Colombia cuando trabajé en el INTRA por Barranquilla, Valledupar, Cali, Manizales, Pasto, Medellín nunca me fijé ni oí hablar de ceibas.

Solo en la edad madura tuve el placer de identificarlas, cuando llegué al Valle del Cauca. Alguien me invitó a mirarlas en Guacarí y en Caicedonia o junto a los juzgados al pie de la Cámara de Comercio de Cali y a lo largo de las vías de todo el departamento. Luego las he admirado en muchos lugares de Colombia como las que acompañan el viaje de Neiva a Garzón, Pitalito y San Agustín.

Ceiba - Parque Gato de Tajada

Ceiba niña en el Parque del Gato de Tejada.

A la ceiba la he conocido recién plantada. Desde niña deja ver su hermosura, su timbre de cuna, su esbeltez, su color de intenso y delicado verde. Y su cuerpo lleno, su tronco de piel lisa y sus brazos elegantes con manos gordas. Cuando le llega la pubertad rebosan de vida y lozanía. Su falda está tejida de mariposas verdes y sus hojas con seis folíolos o semidedos. Más la fragancia de sus semillas, flores y de sus frutos semisecos.

Ahora las veo cómo lucen en parques, en avenidas o cuando uno cruza la esquina. Por todas partes se encuentra uno con una mujer de estas. Como que se le atraviesan en el camino para que se detenga y charle con ellas. Las muy coquetas se elevan frente al caminante o al turista y lanzan su sombra sobre el que pasa.

Sea que la ceiba tenga medio año o haya llegado a los 15 o tenga 80 años, como la que aparece al comienzo del texto, tienen la fuerza de la belleza de una mujer en la plenitud de su vida. Abren sus brazos llenos de collares de nácar y oro, dejan salir sus humores y de sus manos con seis dedos llaman a quien las ve, hasta su frente. Con su estatura avasallan a quien se arrima con la ubérrima pompa de su abundante cabellera. Como la Duncan o Salomé bailan despacio y miran de lejos para arrobar de su frescura y gracia a cuantos pasan.

Estamos en sequía, pero parece que fuera Primavera y nuestras ceibas están en florescencia. Hace unas semanas sus troncos estaban desnudos y ahora les han brotado retoños viches que luego cambiarán por verde fuerte. Es el milagro que año a año nos brindará la Naturaleza a los mortales.

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