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El escultor más universal del sur colombiano

El jueves 4 julio, 2019 a las 5:19 pm
el escultor más universal del sur colombiano

Emiro Garzón, el escultor más universal
del sur colombiano

Nació en el Caquetá, en Belén de los Andaquíes, hacia 1950. Llegó al Huila siendo un niño, después de que su padre cambiara la casa por una escopeta, para lograr arribar a la ciudad a través de la manigua.

Su arte empezó, dice él, horadando limones que crecían en el huerto materno, con alambres de púa, y esta fue su primera aproximación al arte neofigurativo, pero también, sus primeros juguetes… Y jugó a la guerra que presenció en el campo, con soldados de barro y ese fue también su primer contacto con lo que se perfilaría décadas más tarde como una consagración al arte de Canova y de Miguel Ángel.

Emiro Garzón 1

Empezó joven, haciendo flores de papel maché para vender en las calles de Medellín que le permitieran mantener a su familia, y continuó en el oficio del barro, el mismo que le atribuyeron al Dios judeocristiano del que reniega, para crear al hombre. “El arte hace parte de la unidad del hombre” -afirma en esta entrevista-.

Sus primeros trabajos escultóricos los fundió de forma experimental en un horno de cremación, afirma, “quedaron horribles”. Luego llevó sus sueños a obras surrealistas con un elevado contenido conceptual, que vendía con poco éxito en los vernissages de la capital.

Emiro Garzón 2

Para entonces Rómulo Rozo y Luis Alberto Acuña eran los referentes de la escultura neofigurativa colombiana, representando el primero el americanismo en tótems en México; y el segundo, los arquetipos universales de nuestras culturas indígenas en Villa de Leyva.

Emiro Garzón 3

El escultor que aún no consolidaba un lenguaje estético tuvo un día una cita con una joven de apenas 15 años de origen muy humilde, a cuya familia le costó convencer para permitirle cortejarla en una cita, la cual su mejor amigo le terminó arrebatando. Cuenta que para sublimar el deseo, modeló las nalgas de la joven mientras dormía en la cama con su amigo. Escondió la obra entre papeles y un tiempo después un comerciante de arte que le visitó en su casa, la descubriría diciendo: “¡Eureka! Esto es lo nuevo”.

Indudablemente, el trabajo erótico del novel artista, salido del monte, con dehesa en el pelo y de ropa algo andrajosa, tuvo un éxito inusitado en los vernissages más estilizados de la capital y en las galerías de arte mundial. Con ello vino la perfección de la técnica y luego la exploración de la cera perdida…

Emiro Garzón Correa, es el único artista que ha podido vivir de su arte en el Huila. En Europa tuvo en Fernando Botero un defensor de su obra; y William Ospina prologó su libro antológico.

Habla al igual que Heidegger, con un verbo rudo, pero piensa universalmente, siente con hondura y su obra habla por él muy alto. Emiro fue mi inquilino por dos años en Neiva, en la casa donde el poeta Ángel Sierra Basto murió escribiendo “Xenias y Apophoretas de Menein Laos” y Peter Schonowski también produjo varios capítulos de “Der Multikulti-Vorstadt-Stenz”. En esta casa produjo algunas de sus obras de arte costumbrista-neofigurativo y hay muchas anécdotas que si el tiempo me lo permite, algún día procuraré contar.

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