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El encanto del Alto Magdalena – Crónica de viaje

El lunes 15 enero, 2018 a las 5:17 pm

El encanto del Alto Magdalena – Crónica de viaje

Fotografías: David Luna – Hernán Luna / Hay maravillas ecosociales tan cercanas, en nuestro propio entorno, que por esa misma condición a veces pasan desapercibidas a nuestros ojos y entendimiento; generalmente hacemos parte de un paisaje que es invisible para quienes lo constituimos, o como se dice popularmente, los árboles no nos dejan ver el bosque.

La familia Proclama del Cauca decidió, antes de iniciar las labores periodísticas 2018, año en que cumple 35 años de actividades continuas, hacer una pequeña gira por el oriente del Cauca y gran parte del departamento del Huila con intención turístico-ecológica, pero con una visión y actitud que esté menos al servicio de la reproducción de la economía, la organización sociopolítica, el consumo y los estilos de vida imperantes, un poco más alejados de todos los malestares y conflictos sociales que agobian a la sociedad colombiana.

La idea y su concreción fue que el grupo de 15 personas hiciera el recorrido, de ida y regreso, desde Santander de Quilichao, norte del Cauca, hasta el Desierto de la Tatacoa, norte del Huila, atravesando el Parque Nacional Natural Puracé, que fue declarado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera en 1979, donde nacen los principales ríos de Colombia, admirando previamente el Valle de los Frailejones que es la hermosa vegetación cobertora del páramo con delicadas inflorescencias amarillas, y lagunas tranquilas y claras, ideales para la contemplación pues proporcionan una inmensa sensación de paz. En esta primera etapa también pudimos apreciar la cadena volcánica de los Coconucos, que hasta comienzos de siglo XX era una serranía que permanecía nevada. Luego de sobrepasar el municipio de Isnos, llegamos al de San Agustín, en las estribaciones del Macizo Colombiano, donde se encuentra la laguna del Magdalena que da nacimiento al río del mismo nombre, siendo este el eje hídrico vital más importante de toda Colombia.

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La primera noche pernoctamos en el casco urbano de San Agustín. Llama la atención este municipio no sólo por la diversidad cultural y lo multiétnico sino porque sus habitantes trascienden en lo social y en su ecosistema. Se esfuerzan en su relación social propia y con los turistas, se siente el espíritu de convivencia sana, su bien-ser, su bien-estar y su bien-hacer. Fuimos excelentemente atendidos. Ah, y disfrutamos de algo típico del Huila, su famoso Doble Anís. Se me estaba yendo la mano, pero estuve feliz.

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La segunda etapa fue la visita al Parque Arqueológico de San Agustín, otro Patrimonio Cultural de la Humanidad, declarado como tal por la Unesco en 1995. Hace parte de la zona que fue habitada por importantes culturas indígenas incluyendo la enigmática y aún investigada de San Agustín, la cual dejó impresionantes estatuas megalíticas y complejos funerarios de fama internacional. Allí conocimos, de primera mano, aspectos históricos vinculados al mundo simbólico y ritual de los antepasados indígenas.

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Conocimos el Estrecho del Río Magdalena (San Agustín), donde el río queda obligado a reducirse para pasar entre las rocas que forman un canal de 2,20 metros de ancho; rodeado de montañas, tupida vegetación y en la ribera de grandes piedras sirviendo de marco al caudal de agua limpia, a solo diez minutos del municipio y a 70 kilómetros de su nacimiento. Es la parte más reducida del Río Magdalena en toda Colombia, constituyéndose en un atractivo natural que cautiva y fascina porque el río tiene tramos de más de 1.000 metros de ancho en algunos sectores antes de su desembocadura (tiene 1.528 kilómetros de longitud). Dicen que en este punto las corrientes inferiores del cauce alcanzan peligrosos 70 kilómetros por hora.

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Luego estuvimos en Obando, corregimiento de San Agustín, donde existe otro Parque Arqueológico y Museo que guarda un gran tesoro primitivo. Allí, en 1992 se encontraron urnas funerarias, grutas que fueron aposentos sagrados, escaleras que descienden hasta ellas y en algunas se puede acceder a su interior en similitud a las tumbas de Tierradentro, Cauca. Dentro del complejo se construyeron 2 kioscos, en uno de estos se exhiben piezas de alfarería, vasijas de barro, réplicas de piezas en oro encontradas allí (las piezas originales se exhiben en el museo del oro en Bogotá, la más famosa es el “Pez Alado”), y pinturas que evocan el estilo de vida de nuestros antepasados; en el otro kiosco se exhiben para su venta productos típicos de la región: tejidos en fibra de plátano, souvenirs y panela, producto gastronómico típico.

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Según nos informaron los guías, los vestigios que se exhiben en el parque museo pertenecen a una cultura anterior a la de San Agustín (la cultura perteneció a 1300 AC y desapareció en 700 DC).

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Para despedirnos, visitamos el restaurante típico Obandicuy, donde el plato especial es carne asada de cuy.

Llevábamos 218.5 kilómetros recorridos. La tercera etapa fueron otros 136 kilómetros más, para llegar al municipio de Rivera, otro de los 37 municipios del departamento del Huila.

Es reconocido como el «Municipio Verde de Colombia», famoso por sus aguas termales y su microclima con bellos rincones de exuberante vegetación. El poblado fue corregimiento de la ciudad de Neiva hasta el 17 de mayo de 1943, cuando tomó el nombre «Rivera» en memoria de José Eustasio Rivera, escritor nacido allí en 1888, destacado por su obra poética pero sobre todo por su novela La vorágine, considerada como un clásico de la literatura hispanoamericana.

Momentos de felicidad, de significado y de plenitud. Estábamos alojados en el hotel Villa Tiffany, disfrutando de la amabilidad doméstica de su administrador, desde donde se puede apreciar que Rivera está ubicado sobre la vertiente occidental de la cordillera oriental y el valle del río Magdalena.

Con unos 25.000 habitantes, Rivera está limitado al norte con la capital del Huila, Neiva, al sur con el municipio de Campoalegre, al oriente con los municipios de San Vicente del Caguán (Caquetá) y Algeciras y al occidente con el municipio de Palermo.

Nuevamente, nos llamó la atención comprobar que aquí las gentes en su co-existencia, tienen como fundamento la dignidad y los principios subsecuentes del bien común y la solidaridad.

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Es para destacar el lugar preferencial de encuentro, de convivencia y crecimiento espiritual: las aguas termales, con temperaturas que oscilan entre 42 y 33 grados centígrados, ubicadas en la vereda Aguas Calientes. Son fuentes no azufradas, pero con alto contenido de minerales. Por otra parte, las aguas termales de Rivera son el espacio propicio para recuperar la salud perdida, al tiempo que se disfruta de los atractivos recreacionales allí presentes.

Las aguas son azules y transparentes, lo cual contrasta con el verde de los bosques y jardines y se pueden sentir brotando por las rocas.

La tercera etapa la Capital del Magdalena, y del Huila, Neiva; Villavieja y el Desierto de la Tatacoa.

En Neiva nos recomendaron recorrer el malecón desde la zona de artesanos (al norte), con restaurantes y bares, pasando por el monumento al Mohán (y subir hasta su terraza), la venta de pescado, hasta la plazoleta con la monumental escultura del maestro Rodrigo Arenas Betancourt (1974) dedicada a la cacica Gaitana, con su hermoso mirador al río Magdalena y la confluencia con el río del Oro, aguas arriba.

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El monumento a la Gaitana, representa el rechazo de una raza digna y altiva ante la crueldad y el salvajismo de los invasores españoles que a sangre y fuego la avasallaron, pero no la vencieron.

Según el escultor, este monumento es de simbolismo múltiple: la rebelión contra la opresión extranjera, el enfrentamiento entre el mundo casi vegetal y puramente animal de La Gaitana y su guerrero y la civilización europea simbolizada en un hombre casi todo de hierro, Añasco y el Centauro, fruto del mestizaje, que cae llevando en su mano la cruz y la espada.

Los caballos simbolizan ese elemento de la conquista que, sin desvirtuar el valor del hombre, da a los invasores una superioridad abrumadora sobre los aborígenes.

La figura de La Gaitana tiene dos caras: una amable, amorosa, tierna, bondadosa, maternal que mira al sol y simboliza la madre, la esposa, el sentimiento fraternal de toda mujer. La otra: guerrera, feroz, indómita, llena de ira y de venganza, con los cabellos al aire y la actitud bélica, es la rebeldía, la oposición al yugo español, la explosión de la libertad reprimida, la heroína ofendida en el más caro sentimiento.

La figura de La Gaitana descansa en un jaguar o tigrillo joven de potentes garras y afilados colmillos en actitud de ataque, que insinúa la naturaleza exótica y exuberante del nuevo continente.

El guerrero que domina y corona el conjunto, armado de arco aún tenso del certero disparo, porta una máscara de halcón o águila, ave de rapiña y veloz vuelo, animal adorado por los aborígenes y en el cual creían convertirse después de la muerte (1).

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Muy cerca, en el mismo Malecón, se encuentra la Torre de El Mohán, del escultor Emiro Garzón Correa. Construida en fibra de vidrio, materiales sintéticos y mármol molido, sobre una estructura de hierro. La obra es de una arquitectura funcional, por cuanto desde la parte interior se puede acceder por unas escalinatas hasta la parte superior de una torre con un mirador, en la cual se puede apreciar la parte céntrica de la ciudad y el paisaje del Parque Isla.

La escultura en su esencia es una mezcla de la cultura precolombina, mística, mitológica y un poco diabólica de la teogonía de nuestros antepasados, pero puesto en un contexto moderno para vivificar la importancia del río y la recuperación de su cauce (2).

Desde diferentes miradores pudimos avistar también la Represa de Betania, construida en la desembocadura del río Yaguará en el Magdalena, en los municipios de Campoalegre, Hobo y Yaguará. Tiene varios fines: la generación de energía eléctrica, controlar el caudal del Río Magdalena, para el riego de tierras y para la piscicultura. Tiene una superficie de 7.400 hectáreas cuadradas y una profundidad máxima de 76 metros. Es también un atractivo turístico ya que en esta se realiza anualmente el Festival del Agua.

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El almuerzo fue un fenomenal tamal huilense brindado por uno de nuestros amigos de la capital del Huila preparado con el amor y cuidado de la abuela, quien se mostró encantadora atendiendo a estos quilichagüeños que también felices degustaron sus atenciones.

Luego, pasamos por Villavieja, municipio que ocupa la mayoría del territorio del desierto de la Tatacoa, llamado por los españoles “El Valle de las Tristezas”. Estábamos en la parte norte del Huila, a mitad de camino… debíamos comenzar a planear el regreso. Llevábamos 493,3 kilómetros recorridos.

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Dice Wikipedia: “El Desierto de la Tatacoa es uno de los escenarios naturales más atractivos de Colombia, ocupa 330 kilómetros cuadrados; es la segunda zona árida más extensa de Colombia después de la Península de la Guajira. Tiene dos colores característicos: ocre en el sector del Cuzco y gris en la zona de Los Hoyos… Su nombre “Tatacoa” se lo dieron los españoles, remitiéndose a las serpientes cascabel y no, como se podría pensar, a las culebras inofensivas de color negro. Como lo revelan los científicos, la Tatacoa durante el Período Terciario fue un jardín con miles de flores y árboles que poco a poco se ha ido secando para convertirse en un desierto… Es un rico yacimiento de fósiles y es un gran destino turístico…”

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“La zona está muy erosionada y cruzada por cañones secos que se desarrollan transitoriamente en los meses del invierno. Estas misteriosas formas se crean sobre superficies arcillosas, generando en el paisaje cárcavas laberínticas que pueden alcanzar hasta 20 metros de profundidad… Encontraremos allí: tortugas, roedores, serpientes, arañas, escorpiones, águilas, lagartos y tigrillos que comparten este espacio, escondiéndose en la tierra seca y entre los cactus que alcanzan hasta cuatro y cinco metros de altura”.

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Aquí nos hospedamos en casa de doña Orfanta Soto, donde disfrutamos de las costumbres y platos típicos de la región, especialmente el asado de cabrito. Pero principalmente de las piscinas construidas en la mitad del desierto, lo cual produce una sensación de plenitud y superioridad ante las inclemencias del clima que invitan a pasar todo el día tomando refrescante cerveza en medio de las protectoras aguas cristalinas.

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Por las condiciones geográficas y atmosféricas perfectas para la observación de los cuerpos celestes, en el desierto encontramos dos observatorios astronómicos, el Municipal y el Astrosur, ubicado en La Posada el Tigre de Marte.

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La Tatacoa no cuenta con la polución lumínica ni auditiva, la energía eléctrica es producida por el aprovechamiento de la radiación electromagnética procedente del Sol, a través de paneles fotovoltaicos y colectores solares térmicos para recolectar la energía.

Este atractivo llama mucho la atención de los turistas que pernoctan allí, para disfrutar del silencio, del paisaje y de la tranquilidad del lugar.

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Desde el desierto de la Tatacoa para dirigirnos hacia Santander de Quilichao debimos recorrer 44,4 kilómetros hasta Neiva, otra vez, para comprar bizcochos de achira en cuya producción prevalece el rol de la mujer tanto en las labores agrícolas de beneficio y panificación, siendo una tradición que se transmite de generación en generación y constituye una fuente de ingreso de los habitantes de varios municipios del departamento de Huila que viven de esa actividad.

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La achira generalmente no es fertilizada en las zonas de cultivo porque la respuesta a la aplicación de abonos orgánicos es muy buena, enriquecida por afrecho de la misma planta de achira más otros desperdicios domésticos, por lo cual se produce una materia prima sin contaminantes, contribuyendo a la salud humana.

Después recorrimos los 124 kilómetros entre Neiva y La Plata, municipio que limita con nuestro departamento del Cauca, muy parecido a Quilichao por sus factores socioeconómicos, pero que tiene lugares de interés como el Parque Nacional Natural Puracé, la estatuaria monolítica de Moscopán, la estatuaria de Aguabonita, las laguna San Rafael y San Andrés, el parque García Rovira, el parque de La Pola, las termales de San Sebastián, entre otros.

Debimos pasar rápido por aquí pensando en una etapa más que nos faltaba, otra vez en territorio caucano, en inmediaciones de los municipios de Páez-Belalcázar e Inzá: el Parque Arqueológico Nacional de Tierradentro, la principal reserva arqueológica de Colombia, declarada en 1995 por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, por ser un importante reservorio de la cultura precolombina.

Fue imposible llegar. La famosa vía Transversal El Libertador, es una monumental trocha que lleva varios años construyéndose y destruyéndose en la cual hasta Vargas Lleras, cuando era vicepresidente, vino a inaugurar puentes que se le derrumbaron. Una vía de nunca acabar.

Decidimos seguir de largo y recorrer los 150 kilómetros que hay entre La Plata y Popayán con toda la paciencia y resignación necesaria para no olvidar lo conocido del departamento vecino en medio de la desdicha que es transitar este sector.

Nos faltaban todavía los 82.5 kilómetros que intentan, hasta hoy infructuosamente, comenzar a convertirlos en la “doble calzada Popayán-Santander de Quilichao” en la cual tampoco ya nadie cree, aunque hace parte de la también famosa vía Panamericana, sector Cauca. Tras recorrer en total 895 kilómetros, al fin, llegamos.

Del recorrido por los municipios del Huila asimilamos otra lección: una sociedad en equilibrio, digna, optimista del mañana, debe ser una construcción conjunta de hombres y mujeres, que buscan no sólo supervivir, sino que luchan solidariamente por una convivencia armónica y por un futuro viable y decoroso para las generaciones futuras.

Pudimos deducirlo al observar sinergias en casi todas las actividades, fomento de una economía social y solidaria, trabajo fraterno y desarrollo de alternativas locales a partir de la integración de las culturas originarias, así como la defensa del medio ambiente, implementación de herramientas simples para desarrollar emprendimientos que tengan como base las prácticas productivas limpias, y el respeto por el entorno y las costumbres para mejorar de la calidad de vida de la colectividad.

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Próxima aventura: recorrido por los 42 municipios del departamento del Cauca.

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(1) Texto tomado de: http://colombianeivahuila.blogspot.com.co/2011/05/monumento-la-gaitana-neiva-huila.html

(2) Texto de: http://huilaturistica.blogspot.com.co/2011/10/monumento-torre-del-mohan-neiva.html

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