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EL ENCANTAMIENTO DE LA GUERRA

El sábado 29 septiembre, 2018 a las 1:29 pm
EL ENCANTAMIENTO DE LA GUERRA

Fotomontaje de referencia de Proclama del Cauca

EL ENCANTAMIENTO DE LA GUERRA

EL ENCANTAMIENTO DE LA GUERRA

En un corto pero contundente documento, el gran pensador colombiano Estanislao Zuleta, por allá por los años ochenta del siglo pasado, perfilaba el carácter lúdico e integrador de la guerra para la sociedad.

El maestro Zuleta afirmaba que la guerra era una fiesta, sentenciaba, y hoy día con mayor validez, que ante la incapacidad de la sociedad para resolver sus conflictos internos, ésta, o mejor dicho, sus gobernantes, optaban por la salida fácil de imaginar, construir y satanizar un enemigo externo.

Durante mucho tiempo, para ser más precisos, desde 1973, los gobiernos colombianos adhirieron al Movimiento de Países No Alineados y desde 1983 Colombia es un miembro pleno de tal organización multilateral. En este sentido habría que suponer, y así lo hemos hecho ingenuamente, que nuestra república ha optado por la neutralidad ante las potencias mundiales, lo que a su vez implica que nuestro país está totalmente opuesto a inmiscuirse y mucho menos declararle la guerra a otro país, por mandato o por solidaridad con terceros. Eso creíamos, o nos hicieron creer.

La verdad verdadera es todo lo contrario, los gobiernos colombianos, desde las épocas de Francisco de Paula Santander, asumieron una postura de alineación, por no decir sumisión (cosa que suena fea por lo de la soberanía nacional), frente a la política externa de Estados Unidos de América, con todo y que mi general Bolívar, padre fundador, ya había alertado sobre la propensión al bullying, o matoneo que llaman, de los colosos del norte.

Lo anterior es fácilmente constatable al revisar la línea histórica de las posturas de Colombia frente a los conflictos o guerras en las que nos hemos metido o hemos apoyado sin que tengamos velas en esos tristes entierros.

Al actual cuasi presidente de Colombia, don Iván Duque Márquez, preso como está de la siniestra, truculenta y aterradora visión de su partido, o mejor, del partido que dijo que él fuera y que no lo deja ser, ha asumido la misma postura genuflexa de varios de sus antecesores, es decir, agachar la cerviz ante los designios del coloso del norte, en cabeza de don Donald, no el pato, sino Trump el del díscolo copete, asumiendo como nuestra una pelea que quiere dar don Trump con don Maduro y en la que nosotros, los de a pie, nada tenemos que ver, pero que sí vamos a pagar con plata y con sangre, si todo sigue como lo ha insinuado don Duque y han deseado los señores de la guerra, incluido, el patrón del Ubérrimo.

El cuasi presidente Duque ha puesto en movimiento todo el engranaje necesario para subyugar al colombiano del común al encantamiento de la guerra.

Primero, antes de que su patrón dijera que él (Duque) era el elegido, viajó todo juciciosito, como aparenta ser, a presentar su programa de gobierno ante sus otros patrones, para que ellos también lo aprobaran, con todo y que se oyeron risas entre algunos economistas serios que por allá tienen, asegurándose de paso que esos castrochavistas periodistas del New York Times y del Washington Post dejaran de publicar esas horrendas cosas sobre su patrón criollo, el del Ubérrimo, cosa que si él se seguía portando juicioso, como cuasi presidente de acá, las autoridades de allá, donde Donald, el pato y el presidente, no se lleven preso a su patroncito, el de los crocs. Hasta ahí, hecha la tarea, patrón, dijo el orgulloso púber cuasi presidente de Colombia.

Lo que no sabíamos, pero sospechábamos, es que don Donald, no el Pato, bravucón como el que más, como todos, según mi general Bolívar, también condicionó el buen suceso del novel cuasi presidente colombiano a su incondicional decisión de apoyarlo en una guerra preventiva contra el satánico Maduro y sus secuaces, con el fin de reinstaurar la libertad y la democracia en esa tierra querida de Venezuela y de paso asegurar para Gringolandia, o mejor para los petroleros republicanos, uno que otro barrilito de petróleo veneco, que buena falta les hacen.

Algunos periodistas, amiguetes del Ubérrimo y del dueño de la chequera de la publicidad estatal, ávidos de sangre, pero sobre todo de la torta publicitaria del Estado que don Duque maneja, ni cortos ni perezosos han jugado el importante papel de desinformadores contumaces del despropósito guerrerista en que nos piensan meter, y ahora quieren hacernos creer sobre la sagrada y humanista necesidad de comprar misiles, llamar a la reservas, de pobres, por supuesto, para librar al bravo pueblo de Páez de su innombrable gobierno.

Quieren hacernos creer que quien no esté de acuerdo con la noble cruzada en contra del diablo Maduro es un apátrida y un traidor, porque ¡lo que es con Duque, es con Uribe y lo que es con Uribe es con Colombia, carajo!

Y así, entre posverdad y terrorismo mediático nos piensan meter en la fiesta de la guerra de otros, pero que vamos a pagar nosotros: ¡QUE VIVA LA FIESTA! …de la guerra.

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Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/omar-orlando-tovar-troches/

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