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Martes, 22 de octubre de 2019. Última actualización: Hoy

El dulce ácido del chisme

El viernes 19 julio, 2019 a las 9:00 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/30Ly0nJ
El dulce ácido del chisme

El dulce ácido del chisme

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

El chisme es una verdad escondida, una perla de mala suerte, un premio chimbo, un chiste mal echado, una verdad sabida que llega ingenua a casa no invitada y con vestido prestado.

Pero, todo el mundo la quiere conocer y oír de primera mano lo que trae en su coleta. Es como la invitada que siempre aspiró a iniciar el baile y se quedó ahí…sentada. Sí, el chisme tiene género masculino. ¿Por qué será?

Creo que el chisme es tan peligroso porque nació en el mismo paraíso terrenal. Lo traía en su lengua aquella víbora que se deslizó desde el suelo hasta ponerse en manos y bocas de Eva y Adán. Eso. Es como una manzana risueña y coloradita que invita a estar en boca del primero que la coja al vuelo. Está inocente escondida en la rama del árbol de la ciencia y el bien y ahí descuelga su cuello terso.

Porque el chisme cuando llega parece una verdad de a puño. Importante. Cuando alguien lo promulga deja un sabor raro en la boca y un sonido de rara avis muy sonora y risueña.  ¿Acaso fue verdad?, todo el mundo se pregunta. No hay duda es tan cierto que nadie lo cree. Pero, en el fondo, es tan agradable el escozor que invita a saborearlo, no importa que lo deba luego escupir, cuando la aplicación la rechace.

Un chisme, por lo general, sí se sabe de dónde sale. Todo el mundo sabe su origen y tal vez es de boca de un amigo o compañero de clase o de un vendedor de la calle. Pero se toma como propio, como le pasó a nuestros primeros padres. No es sino que lo intenten retomar y la culpa aparece. Ya se lo habían tragado y lo habían hecho propio. El chisme no aguanta en una tercera persona. Esa sí que lo divulga. No tiene compromiso y no tiene empacho en divulgarlo. Me lo contó fulano.

Es que el chisme tiene un olorcillo, un sabor a remordimiento, no es amargo su primer bocado, pero cuando ya está en el estómago quema y se revuelve como condenado que se lo quiere llevar el diablo. Quien lo gustó sabe lo que produce pero olvida que tiene el mismo placer agridulce de cuando lo oyó por primera vez.

Ah, el dulzarrón cosquilleo del chisme en la lengua… Ah, el placer de echarlo a volar por enésima vez… No se sabe cuántos matrimonios, negocios, amistades se han perdido por un inocente y minúsculo chisme. No, no es inocente ni minúsculo el chisme, corrijo. Es mejor la verdad fea y lironda.

El chisme es lo peor. Es creer que su dulzor no equivale a un veneno que corroe desde que entra a los oídos. Y el que lo oye se ríe pero sabe que lo que oyó es látigo, hoguera y escándalo aunque lo cantara Javier Solís o Raphael. Y es inicuo, luciferino con la Sonora Dinamita.

18-07-19 -12:00 m.

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