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Domingo, 8 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

El diablillo interior

El jueves 3 enero, 2019 a las 3:33 pm

El diablillo interior

El diablillo interior

Para variar en estos días festivos

El diablillo interior

Acostado en la cama, inquieto, después mirar las tiras cómicas, la sección deportiva de El Espectador que todos los días compraba mi padre y las revistas de Roy Rogers, Chanoc y el Pato Donald, esperando a que la negra Silveria tuviera listo el almuerzo, sentía como un gusanillo rondándome la cabeza.

Recordaba la salida con la gallada a los guayabales de ‘Gallo Tieso’, el sábado en la mañana, cuando ‘Calambre’ puso la penitencia de “va la madre y es una niña el que no me siga”, a la par que se trepaba en un saliente de la tapia que daba a la escuela de Los Libertadores y se fue aguantando equilibrio sobre los ladrillos hasta bajarse al patio por un poste.

Para no ganarnos la penitencia, lo seguimos y ya adentro buscamos la tienda escolar donde a través de la reja por la que vendían el mecato, vimos las canastas de gaseosas apiladas en un rincón. -Hoy vamos a pescar como hicimos en el Colegio, dijo Pepino Viejo, sacando el nylon que llevaba enrollado y envuelto en el bolsillo del pantalón y buscaba entre el rastrojo una vara pequeña a la que lo amarró, quitó el anzuelo y en el extremo hizo un nudo corredizo de anchura suficiente como para deslizarse sobre el cuello de las botellas de Coca Cola y apretarlo para halarlas en medio de la reja de las ventanillas. Con el destapador de la navaja multiusos que llevaba Ramiro abrimos las cuatro gaseosas y todo iba en calma mientras nos las tomábamos hasta que el Morado dijo: -metámonos por la ventana abierta- y lo seguimos.

Era la sala de profesores pues había cinco escritorios y una pequeña biblioteca, un mapamundi, los mapas de América, Colombia y el Cauca y colgados en las paredes, reproducciones de pinturas de Bolívar y Santander. Recuerdo que ojeamos los libros y a ‘Calambre’ le gustó La María y uno de Tomás Carrasquilla que se guardó en medio de la camisa y todo iba bien hasta cuando el ‘Demente’ se encontró un frasco de tinta china lo destapó y empezó a floreárselo a los mapas y retratos de los héroes de la Independencia.

-Güevón la cagaste- le dije.

-Vámonos de aquí, dijo Calambre.

Con el gusanillo del remordimiento taladrándome la cabeza nos turnamos para treparnos a la tapia por el poste que usamos en la bajada, hasta que alguien en la calle gritó ¡ladrones en la escuela!

Me encaramé como pude y ya en la tapia me tiré a la calle y salí corriendo.

-Esos son los hijos de doctores y riquitos del centro… ya los conocí, alcanzó a escuchar la voz de un vecino. –El lunes los vamos a buscar en las escuelas, agregó.

Sí. A pesar de que intenté distraer la preocupación leyendo las revistas y cuentos favoritos, el gusanillo de la preocupación rondaba en la cabeza. Sentía que no estaba bien lo que hacían cuando andaban con la gallada y les daba por poner penitencias.

Los tres meses que estuvo en el hospital de Popayán, recuperándose de la quemada con pólvora que se pegó el 24 de diciembre y los siete meses acostado bajo el ‘iglu’ combado de varillas de metal que ponían encima de la cama para echarle las cobijas con el fin de que no se le pegarán a la llaga en carne viva en proceso lento de cicatrización, lo habían vuelto lector empedernido, escucha de noticias, radionovelas y pensador en tantos ratos solitario. Por eso, tres meses después de regresar a su pueblo y reencontrarse con los amigos, se sentía algo distante y dudoso de seguirlos en todo lo que se les ocurría para demostrar que eran machos y berracos y no maricas ni nenas.

¿Qué tal que me reconozcan el lunes en la escuela?, pensaba.

-¿Me echarán, nos mostrarán como animales raros ante toda la escuela reunida en el patio, o nos mandarán a la correccional de Popayán, como dijo mi papá que nos pasará si seguimos juntándonos con esos vagos para pescar ya no con vara como lo hacíamos antes sino con jugo de cabuya, petaca y dinamita con el ‘Mono Ochoa’ y quebrar bombillos, vidrios y tejas jodiendo con esas hondas y caucheras y de repeso robando mecato, plata y libros en las tiendas escolares?

-Niño Andrés ya está listo el almuerzo…-

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Otras publicaciones de este autor en: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/felipe-solarte-nates/

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