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EL DÍA A DÍA

El domingo 16 septiembre, 2018 a las 8:55 pm
EL DÍA A DÍA

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

EL DÍA A DÍA

El día a día es tomar a tragos la Vida. No se puede pensar que uno se va a tragar el año de un bocado. Si ni siquiera un día le cabe a uno en el puño o el estómago. Ya, -si se quiere hablar en serio-, uno puede decir que vive día a día. La realidad es que uno solo puede disponer del segundo o del minuto que tiene entre manos. Cuántos han empezado el día y no lo han podido terminar…

Vivir día a día es suficiente. Así se vive sin afanes. Nadie puede adelantar ni siquiera el día siguiente. No puede uno ser atragantado.

Día a día puede uno planear, mejorar lo que hasta ayer había pensado. Porque hay cosas importantes que se olvidan y en la víspera tan solo se le ocurren a uno. Y las puede remediar o programar.

Qué tal que todo se tuviera que hacer el mismo día o que el año no se dividiera en meses, semanas y días y horas y minutos y segundos. Un día basta para ser feliz, para triunfar en una etapa o presentar un examen y ganar un puesto o llegar a la hora a la cita. Tantas cosas se pueden realizar en un día…

Poco a poco llena la gallina el buche, se dice. Y la gallina no lo sabe. Porque quizás al día siguiente le toca estar en el plato. No. La vida del humano no es tan frágil y volátil como el de la sabrosa presa de la que acabo de hablar.

Los días, repartidos del año en meses y semanas, hacen vivible la vida. Sería insoportable que tampoco hubiera esta repartición y todo fuera un día tras día. Que no tuviéramos un mes para comenzar y terminar el año. No habría Año Nuevo ni Fin de año. Qué tal que las industrias, restaurantes y almacenes no tuvieran oportunidad de preparar el mes de mayo, o el mes del padre o todo el diciembre.

¿Fueron los emperadores romanos los que establecieron los grandes eventos que hoy tenemos? Cada día dedica una honra a divinidades como la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y los católicos se inventaron el domingo para su Dios y para descansar. Porque no todo es adoración y trabajo. También hay que dedicar tiempo al descanso y al relajamiento.

El hombre en su cotidianidad halló en la distribución del tiempo una manera de pensar en cosas celestiales y terrenas y hasta en guerra. Honró también a la noche, no solo al día. El primer día lo dedicó a mirar a la Luna meciéndose en su amarilla silla. Y la mayoría de los meses los dedicó a dioses cercanos como la sangre Marte o Júpiter tronante o Saturno.

Vivimos entre dioses y diosas, entre colores, lluvias y olas del mar y fragores de guerra. Solo la Luna nos hace suspirar en noches serenas y nos vuelve a hacer más humanos y soñadores.

10-09-18                                                    10:00 a.m.

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Otras publicaciones de este autor en: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

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