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El despelote colombiano

El viernes 16 noviembre, 2018 a las 1:50 pm

El despelote colombiano

El despelote colombiano

Al observar en forma reflexiva, tranquila y calmada, los primeros cien días del actual gobierno Duque-Uribe, como lo llaman algunos comentaristas y críticos, con un catalejo y una lupa al estilo y tamaño de un tambor de la que usaban la familia de gitanos desarrapados en “Cien Años de Soledad”, sin los afanes que nos impone la actual prisa de los tiempos modernos, llego a la conclusión personal y espero que ustedes también la tengan y compartan, que estamos en un gobierno desorientado, sin brújula, sin norte, en dos palabras: “sin gobernabilidad”, entendiendo este concepto como la certeza infalible de saber que hay un presidente “allá arriba” que nos está dirigiendo y gobernando con sabiduría, justicia y fortaleza, que tiene las riendas de un país sin los conceptos, caprichos y deseos de otros miembros de su equipo de gobierno, como si fuesen ellos los que estuviesen haciendo esa labor tan necesaria y útil en un país que, como Colombia, está saliendo del túnel que ya sabemos, hacia otro destino mejor y diferente, necesitando con urgencia un presidente con carácter que haga esa tarea indispensable.

Como estamos al garete, sin brújula ni poder que nos oriente, en un vaivén semejante al viaje en un barco inmenso, en medio de una tempestad y borrasca, el actual gobierno duquista es un gobierno que funciona a bandazos, sin unidad de mando, sin consensos, esperando siempre que alguien “por allá” diga o se le ocurra algo ingenioso, la fórmula mágica, “para salvar la patria”, recordando las palabras celebres de Simón Bolívar dirigidas a Juan José Rondón en la famosa batalla del Pantano de Vargas, cuando todo estaba perdido. Esos bandazos son esporádicos, imprevistos, caprichosos, sin la intervención del presidente como gobernante central, sin su aquiescencia, sin su voluntad, como si “alguien” detrás de él (ya sabemos quién es), le estuviese dando órdenes, a la manera de un titiritero, cumpliéndolas dócilmente.

Durante estos cien días, cuando la nave colombiana ha estado al vaivén y en peligro de un naufragio inminente, han ocurrido sucesos impensables y hasta paradójicos, estando seguro de que al examinarlos García Márquez estaría asustado, pues algunos de ellos sobrepasan el llamado realismo mágico (aunque ustedes no lo crean). Por ejemplo, la suavemente llamada “ley de financiamiento”, que no es otra cosa que una taimada reforma tributaria a lo Carrasquilla, que coloca el temible IVA del 18 % a los productos básicos de la sufrida canasta familiar, ha sido el tormento para la mayoría de los colombianos, dizque para tapar el agujero negro de 14 billones que hacen falta en el presupuesto nacional, debiendo pagar nosotros ese faltante, que quizás los corruptos ya se robaron hace años. Las justas protestas estudiantiles y docentes, reclamando presupuesto para la educación, sabiendo que existen los respectivos rubros que quedaron al “invertirlos” en la guerra pasada. La existencia de tres presidentes al mismo tiempo: Duque, Macías y Uribe.

Para completar el despelote, no podía faltan dos “osos” grandotes: la reunión de Duque con Maluma, mientras afuera nuestros estudiantes exigían presupuesto y la metida de pata en París, cuando Duque citó en un discurso ante el mundo a los 7 enanitos, recordando al cabalístico número 7: ¿en qué gobierno estamos? ¿Quién podrá defendernos?

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