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El domingo 8 febrero, 2009 a las 12:58 pm
EL DESEMPLEO, UNA LACRA SOCIAL EN COLOMBIA

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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Email:
leoquevedom@hotmail.com

No comer o vivir votando y mendigando, podría decir hoy Shakespeare. A eso hemos llegado, a cubanizarnos. Se impulsó la ley 50 y se acabaron las pocas garantías que tenían los trabajadores. Tanto se flexibilizó la ley laboral que ha quedado reducida a un solemne monumento y a un ministro, sucesor del elefante blanco que dejó el buen Juan Luis Londoño. Salieron de empresas estatales y privadas millares de empleados a probar para ellos y sus familias la crueldad del hambre y el ocio improductivo, en los campos, en los parques y avenidas.

Bien lo dice uno de los pocos columnistas que se preocupan de cuestiones sociales, Jorge Restrepo*, en El Tiempo: los medios y la sociedad en Colombia se han trivializado. Se presenta la bancarrota de un magnate o de los bancos como una gran catástrofe, mientras que el despido de seres humanos de las fábricas, de los pocos puestos de trabajo existentes, se registran como un minúsculo índice en los datos del DANE. Y el común de la gente no se inmuta, porque se oye que se dan los sub-sidios mensuales que inventó Fidel en forma de cuota alimentaria para calmar la hambruna y tener en la mano los votos que lo perpetuaron. Ni una marcha ha habido contra este gran flagelo.

El niño ya no trae el pan debajo del brazo desde que nace, como el dicho popular. No hay beneficios para los padres que traen un colombiano más a engrandecerla, como existen en otros países. Su educación no está asegurada y, si se educa, no está asegurado un puesto de trabajo. Sus cartones de bachillerato y de universidad se guardarán en el cajón de los trebejos y el muchacho o la joven entrarán a la fila de espera de la vida ociosa. Esa es la seguridad social que ofrece el Ministerio de su nombre, o a esperar que encuentre “un buen partido” que la lleve a casa a vacacionar haciendo oficio.

El desempleo puede ser un estado del hombre o mujer en su edad productiva. Colombia ostenta el deshonroso primer puesto en desempleo con un 12% en su población económicamente activa. Casi todos los países de Suramérica tienen el 8 u 8.5 en promedio su tasa de desempleo. Muchos compatriotas han debido emigrar a otros países a buscar en suelo ajeno su sustento, abandonando su terruño y fabricando otros sueños lejos de su patria y sus familias.

Las sociedades suelen tener capital privado que cree empresas comerciales, de la banca y de servicios, y entidades oficiales que matriculen en sus oficinas a los burócratas pagados por el Estado. Ellos gozan de un relativo buen salario o sueldo y servicios de salud. Ellos son afortunados porque tienen un padrino político que los recomienda. Pero también existe el mundo enorme del subempleo que se llaman las microempresas y el rebusque en casetas y tienditas de barrio. Ahora pululan las filas de los que acuden a cobrar la infeliz mesadita mensual que les engañe el hambre y les asegure una subsistencia indigna.

Obama ha prometido en este período cuatro millones de empleos en la peor recesión de EE.UU. ¿Dónde está la cifra de puestos de trabajo que ofrece este gobierno para bajar el ominoso primer puesto en desempleo que nos señala como país improductivo y despreocupado por la suerte de sus conciudadanos? ¿A dónde podrán ir los millares de egresados que por cientos en el semestre salen de cada universidad o instituto tecnológico?

* http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jorgerestrepo/combustiblehumano_4799021-1

02-07-09 – 11.15 a.m.

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