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Jueves, 25 de febrero de 2021. Última actualización: Hoy

El derecho a ser feliz

El martes 26 enero, 2021 a las 12:13 pm
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2Mojgt4

El derecho a ser feliz

El derecho a ser feliz

El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices. Oscar Wilde

Pensar en el futuro de la educación es un ejercicio arriesgado y muchas veces estéril que solo presenta un panorama hostil. Sin embargo, es difícil resistir a la tentación de imaginar que lo que está por llegar puede ser apocalíptico. Por tal razón, todos debemos dejar de lado los egos malsanos y sin distinción de filiación, animar y potenciar espacios para que la escuela pueda convertirse en un verdadero espacio de felicidad. Si nos unimos, podemos fundar un pedacito de cielo.

Debemos insistir en construir una escuela más humana y caritativa, una casa común para el tiempo que precisa llegar, porque según parece, estamos caminando en el sinsentido de nuestra propia acción o estatismo.

A pesar de los mezquinos miramientos, de los oscuros señalamientos, de los juicios inquisidores, de las fastidiosas manías de prevalecer el número sobre el sujeto necesitamos en la educación altura de miras, un pensamiento proactivo que no se cierre en las fronteras de lo inmediato o en la ilusión de un futuro perfecto. A la manera me interesa comprender de qué modo el pasado está inscrito en nuestra experiencia y cómo se vislumbra ya en la historia presente.

Hoy, el sistema de educación pública está puesto en entredicho por corrientes y tendencias que lo consideran obsoleto e incapaz de renovarse. Las críticas parten desde los frentes más diversos y se alimentan de un sentimiento de crisis que llegó con el coronavirus y dejó en evidencia, al menos, tres perspectivas en los sistemas de enseñanza que, aunque diferentes, son portadores de miradas reales.

La primera, apunta hacia la vinculación directa y responsable del núcleo familiar. La responsabilidad educativa primordial de los padres no debe negociarse ni sustraerse; menos dejarla en manos inexpertas, porque hoy más que antes se necesita preservar los valores, promocionar estilos de vida saludables que solo son viables con el apoyo y sustento de la familia.

La segunda, se basa en definir la educación como un bien público y no privado, insistiendo sobre todo en desmontar las leyes de mercado y en la promoción de una dinámica competitiva entre ambas partes. Desde el extremo de este punto de análisis, el Estado debe intervenir la oferta y la demanda de los servicios educativos y cerrar la puerta a la cobertura; de esta manera, generar verdaderos espacios para ser feliz.

La tercera, el coronavirus clarificó el valor de las nuevas tecnologías, desnudó el mercado voraz de las comunicaciones, las falencias de las estrategias de los encuentros asincrónicos y sincrónicos, a su vez, creo un panorama incierto que opacó la alegría. Somos conocedores que la educación puede ocurrir en cualquier lugar y hora; sin embargo, se debe clarificar que la tecnología es la clave para la enseñanza en el futuro; porque si no hay transformación, habrá extinción.

Los anteriores escenarios son reales, las evidencias clarifican el panorama de angustia e incertidumbre; desde nuestra perspectiva, lo único que puede hacerle frente a esta emergencia es la construcción de espacios, estrategias y modelos que directamente se relacionen con la felicidad, este magno valor humanizará la escuela y reestablecerá la importancia de la educación para transformar la sociedad.

La pandemia llegó para acentuar las desigualdades escolares y sociales, ha sido la excusa perfecta al promover formas de infelicidad en la escuela y la sociedad. Por lo tanto, urge contextualizar cada uno de los tres momentos y explicar de qué modo las cuestiones planteadas abren o cierran caminos en favor de humanizar los espacios educativos.

Según lo actual, el horizonte que plantea la pandemia no existe para llevarnos de vuelta a nuestro origen, sino para medir toda la distancia que aún nos queda por recorrer en nuestra hermosa profesión docente.

Hablo por la vida, en favor de una escuela humanizada y feliz.

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