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Domingo, 20 de septiembre de 2020. Última actualización: Hoy

EL DERECHO A LEER

El sábado 4 julio, 2020 a las 2:27 am
El derecho a leer
Imagen de referencia tomada de https://bit.ly/38oQsY6

EL DERECHO A LEER

El derecho a leer

El derecho a leer es un ejercicio tributario del derecho a elegir. En el infinito universo de los libros, cada lector elige libremente lo que quiere leer. A veces con alguna orientación o sugerencia, pero (ojalá) nunca como imposición y menos como prohibición. De mi todavía reciente experiencia docente, me quedó la satisfacción de haber incubado en muchos estudiantes el hábito de la lectura, a través de un escritor brasileño que publicaba en El Espectador dominical versiones personales de apólogos, cuentos, mitos y leyendas orientales. Enamorados de esos textos, algunos estudiantes empezaron a preguntar en la biblioteca de la institución por las obras de Paulo Coelho.

Fue así como hubo que comprar colecciones completas de Coelho para satisfacer una audiencia lectora que crecía y crecía. El alquimista, Once minutos, Verónika…, Maktub, A orillas del río Piedra…, y otros títulos acompañaban a los estudiantes, hasta en la media hora del recreo. Por varios años Coelho fue el best-seller de los estudiantes y de algunos profesores contagiados. Para los docentes de español y literatura ese prolífico autor brasileño fue la carnada para despertar en algunos estudiantes el interés por los elegidos del canon literario: Gabo, Rulfo, Cortázar, Hemingway, Steinbeck, Kafka, Saint-Exupéry…

Si como docente y lector me hubiese dejado influir por lo que Héctor Abad Faciolince decía de Paulo Cohelo, hubiera sido incierta mi intención de desarrollar primero el hábito lector y despertar después la curiosidad por los canonizados de la estética literaria. Y sí que había razones para el influjo, pues miren nada más lo que en 2003 se preguntaba Héctor Abad sobre el autor brasileño, en su ensayo «Por qué es tan malo paulo Coelho»: “¿Y por qué, siendo un escritor rudimentario en el uso del lenguaje, tan pobre en el pensamiento y tan elemental en sus recursos estilísticos, consigue tocar la sensibilidad de tanta gente?”. Y lo de ‘tanta gente’ sí que es cierto, el mismo Abad lo dice: “Traducido a 56 idiomas, publicado en 150 países, con más de 54 millones de libros vendidos…”.

Ahora la pregunta es mía: ¿puede un escritor rudimentario, pobre y elemental seducir a tantísimos lectores? ¿Cabe acaso la respuesta de que son 54 millones de estúpidos?, muy difícil creerlo. De menor calidad que Coelho era Corín Tellado, que alcanzó cantidad semejante de lectores con sus fotonovelitas rosas y fue referente para que Gabo dijera que aspiraba un día a entrar a tantos hogares (lectores) como lo hacía Corín.

Pues, qué le vamos a hacer; ahora el que se ha metido en los colegios de Popayán, Cauca y otras regiones con sus Leyendas extraordinarias de Popayán, es Marco Antonio Valencia Calle. Y lo logró con una estrategia similar a la de Coelho con los cuentos orientales: se metió, dice en nota preliminar, a la biblioteca del Banco de la República a leer todo lo que encontró sobre mitos y leyendas de Popayán y con ese material hizo las versiones personales de sus leyendas extraordinarias. Transijo en que no son piezas de alto vuelo literario, pero doy fe de que, por lo menos en gramática (sintaxis) y ortografía, su libro no tiene errores; ¿y por qué lo digo?, porque le cobré una fortuna por la tarea de revisar y editar los originales.

Hace unos días la controversia era con la extendida pintura de Efraín Martínez en el paraninfo de la Universidad del Cauca. Aquí, me parece, está servida otra oportunidad para la discusión: el derecho del lector a elegir. Sé que hay una élite lectora que prefiere aburrirse con Proust o con Fuentes en La muerte de Artemio Cruz, que leer a Coelho o a nuestro coterráneo Valencia Calle. En el mundo, es mucha la gente que, ante los afanes de la vida y sus inagotables circunstancias, prefiere descansar en la levedad y no en la gravedad. Es el legítimo derecho a elegir… y a leer.

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