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Martes, 27 de octubre de 2020. Última actualización: Hoy

El Cuchuflì

El lunes 22 noviembre, 2010 a las 3:16 pm
Reinel Gutiérrez

Muchos artículos y objetos de uso diario hay en las casas, los cuales al ser preguntados en los almacenes no se encuentran, e inclusive son desconocidos totalmente.

Sucede que los seres humanos, atestados de cosas, de agite y de trabajo, cambian el nombre de lo que tienen, y esto se convierte en una jerga de uso cotidiano considerado como normal.

Si Usted amable lector va al mercado a preguntar por un «vainolo», lo más seguro es que le averigüen qué es eso. Pero para la señora de la casa es ese aparatico donde siempre se cuelgan las llaves, o se depositan las monedas.

De allí en adelante ¿quién sabe qué es un «piringolo», y en dónde está instalado el «churumbelito» donde se dejan los recibos de servicios públicos?. A un empleado nuevo de una empresa los antiguos operarios le fregaron sus emociones por las fallas que él tenía aprendiendo a manejar las máquinas, porque ellos le decían que debía revisar el «cotoplo», y él nuca lo encontró.

Sabrá quien, qué es un «piltrafón», y a un vecino siempre lo apodaron «cocorote», palabra que no ha recibido aprobación académica. En consecuencia, con este enredo de palabras se formó el «merequetengue» que seguramente, por el uso permanente de ese término ustedes sabrán de qué se trata. ¿ Y «merequetengue», no será lo mismo que un «coge-coge», ahora graciosamente remplazado por el «rifi-rafe»?

Cada día con estas cosas estamos recibiendo un «guacatazo», al cual hay que irse acostumbrando, porque también desde siempre se aplicó el «mamonazo», que también duele.

Entonces el «cuchuflí» en casa de Doña Juana, puede ser una cosa, y donde Don Modesto otra, y esto solo se entiende en cada hogar. Y si nos metemos en el mundo de la «guaripola», el «miriñaque» y el «estrolín», hasta el Sumo Pontífice se va a pronunciar. Por su parte los carentes de oficio se inventaron el nombre de la medicina que sirve para evitar el sida, y se trata de «olucradón».

Espere un «tris», dice la gente o deme un «trisito», algo que no está definido en cantidad o en tiempo, pero que si no se usa, las personas no se pueden entender. El «tarascazo» fue duro, comentan cuando ha sucedido algo, seguramente violento. Pero hay quienes le ponen mucho «requeñeque» a la cosas y así resulta imposible, pues con una persona «requeñecuda», no se puede llegar a un acuerdo ni entenderse en algo.

Pero las personas también inventaron el «rato» para hacer esperar inoficiosamente a los demás, porque quién va a saber cuántos minutos tiene un rato, y un «buen rato». Ninguno se ha preguntado cuál es la diferencia entre una «mañanita» una «tardecita de éstas», y una mañana o una tarde.

Otra «cosiánfira», auto-obsérvense en su casa y verán cuantas palabras raras usan, para mencionar más rápido un objeto, porque la memoria no ayuda a recordar el verdadero nombre. El «cosiolo» puede ser el televisor, el aparato de sonido, el armario, el inodoro o el escritorio. En fin, en la vida cotidiana todos quieren ponerle «perendengues» a los conceptos, y a las acciones, para entenderse mejor, o para incomunicarse también.

Es mejor terminar este comentario antes que nos dé un «yeyo», que no se sabe que es eso, pero puede sobrevenir.

Muchas palabras surgen por accidente, por incidente, y se van acomodando a la cotidianidad y al habla hasta que por fin llegan a los estrados de la academia de la lengua, y los cultores en la materia tienen que aprobarlas. Este comentario pueden recortarlo y colgarlo allí en el «cuchuflí» de la casa para volverlo a leer y siempre tener en cuenta lo que aquí se escribe. Como tarea a los lectores está la siguiente: Lean de atrás para adelante, la palabra que señala la medicina contra el sida.
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