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El colapso de Popayán

El lunes 4 abril, 2016 a las 7:42 am

Fabio Arevalo -web

Fabio Arévalo Rosero MD*

Popayán es mi ciudad de base, donde está mi casa, nacieron mis hijos y he tenido maravillosas experiencias con la gente. Mis afectos y arraigo son profundos, lo cual me obliga a tener serias preocupaciones y a coadyuvar con alternativas de transformación dada mi experiencia en múltiples ciudades del mundo. Por razones de mis ocupaciones laborales en Nariño, Bogotá y Lima, generalmente atiendo a mis pacientes los días sábados en mi consulta particular en Cuerpo y Mente. Me sorprendió de forma ingrata el pasado sábado 2 de abril encontrarme una ciudad descuadernada y colapsada, como jamás la había sentido y vivido. La anarquía en el espacio público y en la movilidad estaban agudizadas, en muchos sectores era más rápido desplazarse caminando que en auto. Me comuniqué con el secretario de Gobierno (respondió de inmediato), pero entendí que le quedaba muy difícil responsabilizarse de las competencias de la dependencia indicada para ello.

Pero lo más curioso fue saber que el transporte público (taxis y colectivos) estaban en paro, lo cual indicaría que la ciudad estaría más despejada. Pero no ocurrió así, ese día no laborable hasta altas horas de la noche el caos en la ciudad persistía. Aparentemente inexplicable, pero hay razones suficientes ante semejante crisis. En esta ciudad ha hecho escuela un profundo culto al auto particular y la minoría que los poseen hacen un uso irracional de los mismos con miles de viajes diarios cortos e inútiles (además de irresponsables). Obviamente esto se acentúa psicológicamente un día sin transporte público, donde muchos consideran que tienen más largas y licencias para ocupar las calzadas. Ni que decir de los motociclistas.

En Popayán una pequeña ciudad colombiana de menos de 300 mil habitantes (localidades bogotanas como Kennedy y otras son ocho veces más grandes y complejas), el número de autos privados ya está por encima de los 50 mil y solo existen menos de mil taxis. El más grave problema de movilidad en esta ciudad no es el número de autos sino la enorme cantidad de viajes diarios innecesarios e irracionales. A menudo se ven flamantes camionetas y carros de alta gama con una sola persona que injustamente están ocupando una enorme porción del espacio público. Lo mismo ocurre con los autos oficiales, donde los funcionarios públicos son los primeros en no dar ejemplo.

Este paro del transporte público ha servido para mostrar la dimensión del problema del mal comportamiento de una minoría motorizada responsable de la mayor parte del colapso de la ciudad. Los motociclistas irresponsables son otro cuento aparte, que en Popayán se le dio largas por falta de autoridad, compromiso y visión de los gobiernos municipales.

Particularmente he sido muy crítico con el mal servicio público de transporte en esta ciudad (colectivos y taxis), es precario, indigno y tal vez por kilómetro promedio – persona recorrido el más caro del país. Desde hace unos ocho años venimos proponiendo una solución temporal como lo hicimos en la ciudad de Pasto con el modelo Ciudad Sorpresa que inauguramos en el 2008 con el alcalde Eduardo Alvarado. Es un servicio transitorio, ordenado, uniformado, amplio y barato ($1300). Pero la soberbia de estos alcaldes ha podio más que la generosidad de recibir ayuda y opiniones externas. El tiempo nos dio la razón totalmente.

Paro de Transportadores en Popayán - Proclama del Cauca

Fotografía: Fabrit Cruz.

Hoy seguimos insistiendo en lo mismo: hay que realizar una profunda transformación cultural de la ciudad, casi que cambiarle el ADN. Mejorar y enriquecer el comportamiento humano solo será posible con un ambicioso y decidido programa de Cultura Ciudadana y Convivencia, pero que no sea más de lo mismo de lo que se ha hecho todos estos años con un fracaso total. El alcalde actual se comprometió a ello y firmó públicamente un acuerdo con este servidor en representación de La Ciudad Verde y Ciudad Feliz. A medida que pasan los días pareciera que la voluntad política se diluye, por otros intereses a lo mejor más vanidosos o egocentristas, lo cual ocurre con frecuencia cuando el poder obnubila y no se cuenta con una adecuada asesoría.

Insistimos, el transporte público de Popayán tiene unos pecados grandes. Es precario, de baja calidad, uno de los más costosos del país, desordenado y en general un mal servicio. Los taxistas tienen su propia dictadura y los mototaxistas aprovechan esa falencia. Pero la culpa más que de los mismos transportadores y empresarios inicia en las administraciones que han sido permisivas, erráticas en las decisiones, sin visión, faltas de autoridad y con funcionarios incompetentes para resolver asuntos medulares y prioritarios. Esto viene desde tiempo atrás y la actual administración heredó un grave problema en el que hoy está enredada para afrontarlo y enfrentarlo. Al sector del transporte se le han dado largas y han impuesto su ley afectando a los ciudadanos.

Solución urgente y provisional

Por todo ello la administración vigente debe ser cuidadosa en las decisiones y no ser errática, como en la reducción del ‘pico y placa’ (un acto regresivo por complacer a la minoría propietaria de autos particulares) lo cual fue un grave error ya que es un cambio hacia atrás desde lo ambiental, la seguridad, la movilidad y la salud pública. Igualmente no enviar mensajes equivocados al dar privilegios a los funcionarios en el uso del espacio público con sus autos privados y oficiales. El alcalde y su equipo deberían ser los primeros en acogerse a cualquier restricción que se imponga a los ciudadanos y dar ejemplo.

Al tiempo que se debe desestimular el uso irracional de autos particulares debe mejorarse el servicio de transporte público de forma urgente. Y sobre esto desde hace varios años hemos insistido en medidas básicas de choque, mientras se establece un modelo sostenible y definitivo. Medidas que resultan de una gran mesa de trabajo técnica, basada en un estudio sobre las necesidades y la dinámica de la ciudad apelando a mediadores expertos que representen legítimamente a todos los sectores. En Pasto el servicio con los buses naranja ha sido un éxito mientras se llega al definitivo con un sistema integrado. Algo que debió hacerse en Popayán hace por los menos seis años y no estuviéramos en estas, además de desproteger el transporte público, el más importante para la mayoría de estudiantes y trabajadores.

Esto no es difícil, en menos de seis meses podría implementarse un valioso sistema provisional, eso sí con un GRAN PROGRAMA DE CULTURA CIUDADANA Y CONVIVENCIA realizado por expertos (y con gran voluntad política) para logar una efectiva transformación cultural de la ciudad. Esa sería la nuez del asunto bajo acuerdos entre todos los actores de la movilidad, en un marco de formación ciudadana, autoridad, voluntad política, inversión generosa y libre de presiones de sectores minoritarios, tradicionales y ‘poderosos’. Es importante tener en cuenta que la mayoría de personas se movilizan en transporte público. Menos del 20 por ciento se benefician del auto privado. De allí que las decisiones y acciones deben privilegiar a las mayorías.

Apostilla: Sorprende que algunos despistados celebren el paro por la no circulación de autos públicos, que seguramente no les estorban. Personajes que no dimensionan la tragedia que viven los trabajadores más humildes (que jamás se beneficiarán del auto privado), los niños sin colegio, universitarios que no alcanzan a llegar a sus clases o parciales, el vendedor ambulante que arrastra impotente su mercancía, los humildes que pierden una cita médica, el discapacitado motriz que agrava su desventaja, etc. El impacto en las clases populares ha sido terrible mientras la ignorancia alimenta la indolencia.

* Experto en movilidad y desarrollo – EcoPlan International.

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