Miércoles, 13 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

EL CAUCA REAL

El sábado 7 septiembre, 2019 a las 10:54 am
EL CAUCA REAL

EL CAUCA REAL

EL CAUCA REAL

La entidad estatal de administrar las estadísticas del estado Colombiano, DANE, estableció que el Cauca, es un departamento con los mayores niveles de pobreza, con el 52% de su población con ingresos menores a doscientos mil pesos mensuales, por debajo de la mitad de un salario mínimo.

En contraste con ser un territorio saturado de historia, de recursos humanos, de una naturaleza pródiga, en un paralelo en donde los suelos y los climas son óptimos para la producción agropecuaria y en donde se supone la ubicación geográfica da ventajas comparativas, nada funciona.

Por el contrario, no hay problema en este país que no se refleje en el Cauca, la corrupción campea, con alta producción de coca, amapola y marihuana, porque son muchos los territorios abandonados, en donde los habitantes no tienen ninguna otra posibilidad de subsistencia.

La minería que fue razón económica de la Colonia, se abandonó totalmente, dando paso a su explotación por otras organizaciones, sin que haya sido de interés su explotación a partir de bases comunitarias, precisamente en las zonas de mayor afectación de la pobreza.

No son una solución cierta los consejos de seguridad, ni las ofertas millonarias por los presuntos actores armados, ni los ciento cincuenta policías más que anuncia el ministro de la Defensa, ni las fotos de las buenas intenciones, nada de esos rituales sirven para nada.

Tampoco sirve que en el ejercicio electoral se asuman posiciones heroicas; el número de muertes diarias en el Cauca es muy diciente de las circunstancias que rodean estas situaciones, siendo la más reciente la muerte de la candidata a la alcaldía del municipio de Suárez.

Para qué sacrificios, si la problemática del Cauca, agravada por mil circunstancias locales, debe ser tratada en los círculos que definen los movimientos de la globalización de la economía y la universalización de la cultura o del consumo; qué hacer aquí, si los grandes movimientos monetarios que inician ilegales, en determinado momento pasan a la legalidad, y alimentan el sistema capitalista a partir de mover el sistema financiero internacional.

Cómo negar que estas circunstancias no afectan a todo el Cauca; es un asunto de tratar en los círculos de las Naciones Unidas, del Banco Mundial, del Banco de Desarrollo, de las reuniones de los grandes grupos económicos; no es un asunto sencillo, diferente que aquí se ha tomado la posición de mirar para otra parte, como la disculpa cómoda, por quienes tienen la responsabilidad de asumir responsabilidades, como debe hacerlo la clase política.

Cómo pedir sacrificios si no hay posiciones claras por parte de las grandes naciones como Estados Unidos, Rusia o la China con los mercados colombianos. ¿Acaso los Tratados de Libre Comercio y las transnacionales no afectan todos los días la precaria producción agropecuaria del país? ¿No está en riesgo el azúcar, el café, la mediana industria?

No es problema como algunos tratan de presentarlo, de las antiguas denominaciones de derechas o de izquierdas que ya no se usan, son los efectos del neo-liberalismo, del mercado sin fronteras, de la ganancia sin importar consideraciones éticas o de sostenibilidad. ¿Acaso, por ejemplo, cuando señalan a Colombia por sus producciones de coca, hacen una relación con los precios del café? ¿O con los costos de los abonos?

El Cauca real es el de cientos de pobladores que en medio de todas las dificultades trabajan con entusiasmo en sus respectivos frentes de trabajo, en sus pequeñas fincas, con sus equipos de transporte, sus pequeños comercios, sus tiendas, las manufacturas, las artesanías, que sudan y sueñan con que es posible salir adelante, pero se acaba el tiempo y todo se diluye.

Mientras tanto cualquier cosa distrae, un partido de futbol, la vuelta a Francia, un nuevo escándalo, un derrumbe o un aguacero, los capos de la televisión, o cualquier evento lugareño, un centenario o un bicentenario, las actividades electorales o lo más triste, la memoria o la repetición de alguna tragedia.

Si esta generación no resuelve asumir una línea de pensamiento crítico y de resolución sobre los asuntos del Cauca, las descendencias futuras solo heredarán un territorio desolado sin mayores perspectivas; así nos echemos cuentos adobados con las pomaditas analgésicas de los pequeños sueños, para creer que el Cauca que vivimos es real.

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