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El «Calumniador» calumniado

El jueves 7 septiembre, 2017 a las 6:54 am

Por Alfonso J. Luna Geller / Director Proclama del Cauca

Se sentó frente a mí. Eran justamente las once de la mañana, hora indicada para iniciar la audiencia de conciliación. De manera forzada saludó diciendo que no había venido a conciliar. Me miraba con rencor y antipatía, inclusive con angustia, hasta cuando le tocó el turno de embestir. En medio, estaba la funcionaria de la Fiscalía 04 Delegada ante jueces penales municipales de Santander de Quilichao, quien preguntaba y escribía en el computador las respuestas.

La dama denunciante, de 65 años, de los cuales calculo que lleva unos 40 haciendo siempre lo mismo en la Notaría Única de esta ciudad, había presentado una demanda por el supuesto delito de calumnia e injuria en contra mía; otra de las tantas que tenemos que afrontar regularmente por nuestro oficio de escribir editoriales críticos, por denunciar la corrupción en la administración pública, la minería ilegal, la criminalidad, la contaminación ambiental, los injustos tratos a los usuarios de los servicios públicos, la mala atención a los ciudadanos en las oficinas públicas, además de las amenazas, persecuciones en las redes sociales, en fin.

Cuando comenzó a hablar pensé que me había metido en el despacho que no era, que estaba en el lugar equivocado. Dijo, textualmente: el señor aquí presente… “me tiró al suelo y me pisoteó como él quiso”. Obviamente, quedé pasmado, aterrado, porque quien declaraba sí era la persona que cuestionaba y veía mi labor de periodista como un asunto casi “delincuencial” -por eso puso la demanda-; me habían citado a conciliar por una supuesta calumnia o injuria, pero la señora llegó alterada, trémula; estaba decidida a mentir, porque si algo hubiera ocurrido sobre lo que desvariaba, el delito por el que debía haberme denunciado sería entonces por lesiones personales o algo parecido, de eso no sé. Yo creo que lo más cerca que he estado de aquella persona fue el día de la audiencia, uno al lado del otro, a pocos metros; antes, cuando más próximo, debió haber sido a más de 10 o 20 metros de distancia. Nunca recuerdo haberle siquiera estrechado la mano para un saludo porque jamás hemos tenido ningún tipo de relación personal. Sólo una vez fui a hacer un trámite notarial pero no recuerdo siquiera haberla saludado. ¡Y se atrevió a sindicarme de esto!

Es más, como norma de vida, en mis también 65 años bien vividos – o mejor, regularmente trajinados-, mi cuerpo sólo lo he utilizado para las funciones básicas de la supervivencia: respirar, mirar, oír, hablar, alimentarme, expulsar fluidos, eyacular, darle curso a la circulación sanguínea y que los huesos y músculos me sirvan para albergar el cerebro con el que pienso y el corazón con el que amo, y para estar de pie mientras no esté dormido, para caminar y practicar algún deporte, cuando lo hacía, pero nunca como un arma para aplicar violencia. ¡Dios me libre de semejante imbecilidad! Pero la señora, a pesar del tiempo que lleva viéndome por estas calles quilichagueñas, creyó, con tirria, siempre equivocada, que mi endeble cuerpo podría ser abusado como un instrumento de combate, cuando siempre ha sido es de amistad, cordialidad y deleite.

Estaremos pendientes de que la Fiscalía abra entonces un nuevo proceso, de oficio, por el supuesto delito de falso testimonio en el que la dama incurrió al iniciar la audiencia de “conciliación”.

A continuación, extraviada, confundió la evidencia del pésimo servicio notarial en Santander de Quilichao, como se describió en el editorial titulado “Ciudadanos reclaman nueva Notaría para Quilichao”, inicialmente calificado por ella como una “calumnia o injuria”, con otro supuesto delito cometido simultáneamente por este periodista: “violencia de género”.

María Luisa, en una arbitraria y extravagante maniobra acudió maliciosamente al concepto “violencia de género” para sindicarme, asunto que también deberá investigar, de oficio, la Fiscalía, porque esta grave declaración así mismo quedó consignada en la diligencia como otro falso testimonio.

A propósito, cree que la controversia con ella, por ser mujer, como no tiene argumentos válidos o debidamente soportados para descartar la apertura de una nueva Notaría en esta ciudad, que es urgente, y por eso me ratifiqué en el editorial que motivó esta situación, al cual ella no se refirió en ningún momento en la diligencia, entonces supone que el culpable del despelote en la Notaría soy yo, simplemente por ser varón y que por esta condición debo estar en una cárcel. Una actitud que indica a las claras que quiere desviar la atención sobre las verdaderas motivaciones de la publicación e implicar a la Fiscal y su asistente, también mujeres, en solidaridad de género intentando seducirlas e inducirlas a decisiones emocionales no ajustadas a Derecho. Creo que se equivoca otra vez.

La servidora de la Notaría debiera comprender que el feminismo no es un arma que pueda usarse sin criterio alguno en contra de los hombres. No debiera ser un arma para atacarlos. El feminismo es algo muy serio como para utilizarlo en la generación de daños a terceros. Bueno, pero María Luisa cree que es para esgrimirlo con fines mezquinos.

Un periodista no podrá, según ella, criticar o reprobar la gestión de una servidora pública o hablar de la corrupción ejercida por una mujer porque el riesgo es que dicha acción, como en este caso, sea olímpicamente calificada como “violencia de género”. ¡Qué absurdo! Además, en el editorial ella es protagonista no por ser mujer sino porque en sus tantos años en el cargo, es la más notoria funcionaria, es la tramitadora casi exclusiva de todo lo que ocurre en la Notaría. No tiene ese poder el vigilante, ni el mensajero, ni el cajero, ni la secretaria, inclusive, ni el mismo notario, porque es un ejecutivo que delega y firma cuanto documento lleva el recibo de pago y el visto bueno de María Luisa, igual que ocurre en otras partes con los servidores, o servidoras, en quienes se deposita toda la confianza.

Finalmente, como estamos en una sociedad demasiado enferma, en una sociedad tremendamente violenta e intolerante, entonces, la señora “que da fe pública” avanzó más: prácticamente insinuó que tengo instintos sicariales o asesinos, que deberían ser reprimidos por la Ley. Dijo, textualmente: “el 6 de julio (un día después de publicado el editorial) a las 06:00 de la tarde que yo llegué a mi casa, encontré a dos muchachos en una moto sin placa tomándole fotografías a mi casa, así que si a mí o a cualquier miembro de mi familia le llega a suceder algo el único responsable es el señor Luna aquí presente…”.

¡Increíble! Afortunadamente soy un ser que razona antes de tomar cualquier decisión y muy pocas veces las emociones negativas mueven mi ánimo a la acción. Es más, cuando esto ocurre deposito toda mi fe en la Justicia. Confío en la imparcialidad y la equidad de las decisiones jurídicas. Y eso espero, pronta y cumplida Justicia, porque la señora María Luisa en una diligencia judicial me sindica de sicario o presunto asesino, acusación que afortunadamente quedó registrada en el proceso. ¿Cree alguien que todo esto pueda ocurrir por el simple hecho de ser un periodista que trata de darle voz a una comunidad que no tiene voz? Semejante injusticia también tendrá que investigarla, de oficio, la misma Fiscalía ante la cual se espetó tan inmoderada sindicación, otro falso testimonio. Igualmente, procederemos a darle traslado de esta lamentable situación a la Procuraduría para lo de su competencia, pues en estos presuntos delitos ha incurrido una servidora pública.

Conclusión, asistí como presunto calumniador o injuriador por demostrar el pésimo servicio notarial que padece la comunidad quilichagueña y terminé calumniado en una viperina exposición en la que se me sindicó de un poco de delitos –lesiones personales, violencia de género, sicariato- menos el de “calumnia e injuria”, para el cual había sido citado, asunto que resultó indemostrable. La Justicia, entonces, tiene la palabra.

Pensándolo bien, si no fuera porque este expediente es materia de investigación en los estrados judiciales y pronto en el Ministerio Público, estaría yo desternillado de la risa, de las carcajadas, pues me pareció que me había metido a un circo a escuchar cuanta barbaridad se le puede ocurrir a un payaso… !!!

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En contexto: el editorial que provocó esta situación puede leerse en el siguiente enlace:

https://www.proclamadelcauca.com/2017/07/nueva-notaria-para-quilichao.html

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