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EL ASNO DE ORO (1)

El jueves 15 septiembre, 2022 a las 8:58 pm
EL ASNO DE ORO (1)

EL ASNO DE ORO (1)
Antecedente de la novela moderna

Donaldo Mendoza

    El asno de oro o La metamorfosis (s. II d. C.), para ser justo con lo narrado, ese es el título completo de la novela de Lucio Apuleyo (h. 114 d. C. / h. 184). Escritor de origen africano, cuya vida y formación profesional transcurren entre Grecia y Roma. Su novela es una de las dos escritas en lengua latina, la otra es Satiricón, de Petronio. La obra de Apuleyo nos llega completa, la de Petronio se armó con los fragmentos encontrados, posterior al suicidio obligado del autor.

    Y los «antecedentes» hacen referencia a nexos del Asno con el Quijote. Bien decía Gabo que el origen de una novela suele ser una imagen. A esa circunstancia debemos, en parte, la creación de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. El nombre Quijote, las aventuras, los encantamientos, las historietas insertadas y hasta el aliento literario se anticipan en la novela de Apuleyo. Para el curioso lector, estas líneas: “…comenzamos a andar nuestro camino bien descalabrados, y cada uno contaba su mal: los unos, heridos de piedras; los otros, mordidos de los perros, de manera que todos iban lastimados. Yendo adelante ya buena parte del camino, llegamos a un valle verde y fresco con una arboleda espesa, adonde acordaron aquellos pastores que nos llevaban de holgar un rato, por descansar y curarse de las heridas; así que se echaron todos por aquel prado, y después de haber reposado, se curaron sus llagas lo mejor que pudieron…” Y en otra línea, esto se lee: “…otro iba armado con quijote y capacete y barbera y con su broquel en la mano…”. Esto para decir que la susodicha «modernidad» viene de muy atrás.  

    Para ayudarme y ayudarle al lector con la reseña, resumo el argumento de El asno de oro. Los hechos narrados tienen lugar en Tesalia, en su tiempo una famosa ciudad griega. Lucio, el protagonista, narra en primera persona extraordinarias anécdotas que le ocurren, unas veces a él y en otras como testigo. Lucio, además de viajero, es de naturaleza bastante curiosa. Ha llegado a Tesalia con una carta de recomendación a la casa de Milo, un usurero. Allí se enamora de Fotis, la empleada doméstica, bastante atractiva, y es correspondido. Al regresar una noche a la casa, Lucio mata en extraña circunstancia a tres ladrones; por este accidente es juzgado en la plaza pública. Al final, todo se aclara: los tres cadáveres eran tres vejigas que Pánfila (esposa de Milo y hechicera de oficio) les había dado vida aparente. Una broma para celebrar la fiesta de la risa, que tiene su diosa. Oculto, un día Lucio observa a Pánfila en un ritual de hechicería. Curioso impenitente, Lucio le pide a Fotis que le unte un ungüento que lo convertiría en ave; pero por un error de procedimiento queda convertido no en ave, sino en asno. Y es el principio de una cadena de eventos, la mayoría desafortunados. Como en la picaresca, pasa por una serie de amos, buenos y malos; los primeros son unos ladrones que habitan en una cueva (más de un nexo con Alí Babá). Allí conoce a una joven, Caris, que llora inconsolable; y a quien una anciana que trabaja para los ladrones le cuenta como consuelo la famosa fábula de las tres hermanas (una alegoría sobre la envidia que hace parte de la tradición literaria). «Había una vez un mercader que tenía tres hijas. Las dos mayores pronto se casaron, pero la tercera, que era hermosísima y admiraba a cualquiera que la viera, no conseguía que ningún hombre la desposara, porque Afrodita, celosa de la muchacha, la había embrujado. …». Entre tanto, Lucio un día escapa a una playa, en donde ‘conoce’ a la diosa Isis, que se apiada de su suerte. Un sacerdote de la diosa es avisado, en sueño, de que Lucio vuelve a su estado humano si le dan de comer rosas; como ocurre en efecto, tras un año de vivir en la piel de asno. Lucio renuncia a los vicios del pasado y se hace sacerdote. Y ya no es Lucio, sino Apuleyo, abogado en Roma y sacerdote de Osiris.

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