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EL AS EN LA MANGA DEL SACO

El domingo 2 marzo, 2008 a las 8:09 pm
N. Sandoval-Vekarich

Nadie puede saber lo que pasará mañana. En la mesa del tahúr el juego es imprevisible. Una reina, un rey, ¡una sota de bastos!, el resto son faroles, ofuscación, luces de colores que pueden confundir pikes y tréboles o convertir las copas en diamantes o en monedas de oro. Si de la noche a la mañana un río no cambia de cauce, un solo historiador puede alterar un hecho o poner cien años patas arriba. En el Siglo VII ya existía y desde muchísimo antes en las cuencas del Danubio el reino de los racios, rebautizados tracios por Grecia: Raska. Hasta el día de hoy los húngaros llaman racios a los serbios y los etruscos también decían serlo.

En aquellos tiempos cuando no existían fronteras y el hombre podía divagar por aquellas extensas regiones de bosques, valles, ríos y lagunas, en las playas de grava y lodo lentamente aparecieron pequeños puertos que con el tiempo se hicieron aldeas y ciudades, una de ellas fue Dubrovnik, en el Jadran, gemelo del Jónico, embellecida por los mercaderes de todos los mares y cuyos señores comerciaban con el Emperador Dusan, en las grandes ferias de Smederevo, remontando el apacible y ancho río Danubio. Fue llamada por los italianos Raguza Sette Bandieri.

Si las lluvias violentas y los huracanes pueden modificar una fisonomía geográfica, las pasiones políticas en el juego de la sinrazón levantan torres de papel. Lo que antes era un bello país compuesto por la libre asociación de cinco estados en la actualidad cada uno suelto a su libre albedrío, hoy simplemente se trata de un espacio geográfico, un vacuom quizá en un próximo futuro irreversible, denominado Yugoslavia que va de las fronteras con Italia a las fronteras de Bulgaria, Grecia y Turquía como un tampón que el mundo occidental para suplir su ignorancia por no conocer la historia de estos pueblos, velados sabiamente por los griegos y que exaltan los Omer en la Odisea*, hace mal uso de un vocablo griego para designar todo aquello que les era ajeno pero no extraño: “várvar”, la escritura latina modificó las consonantes, con el mismo rigor como ha cambiado nomenclaturas y toponimios, pero conservando sus raíces. ¿Recuerda alguien acaso que Roma se llamaba Goritzia? Así la proclamaban los etruscos, un pueblo racio que, como los raguzinos en el Adriático, eran dueños y señores del mar Tirreno. Las ciudades y aldeas tanto de Troya como de Tracia, Dacia o Iliria eran civitas amuralladas, protegidas por una valla o cerca denominada “var” de donde proviene “ward” en el inglés de los celtas: defensa y “warm”: gentío. De tal manera que aquello que significaba una civilización protegida por un cinturón de murallas, vallas o cercas, una civilización que tenía su escritura, conocía la aleación de los metales y disfrutaba de una artesanía de alta calidad y belleza tergiversando el aparente y cínico calificativo griego los occidentales advenedizos lo convirtieron en sinónimo de salvajes e incivilizados, hicieron de esa región una zona de intolerancia y de revueltas, que efectivamente sí lo fueron cuando la intromisión de fuera agredió el cuadro sinóptico de unos pueblos emparentados que se compensaban entre sí antes de ser botín de fuerzas extrañas. Los filósofos y maestros griegos y no griegos eran huéspedes frecuentes en estas cortes amuralladas cuyos habitantes se distinguían por su largueza y tradición anfitriónica, algunos quizá recibían el título de “druida” y otros más afortunados fueron preceptores de príncipes, tal el caso de Lesander, hijo de Filipo, rey de Macedonia, cuyo destino lo condujo hasta más allá de los templos de Persia,* siguiendo las huellas de sus antecesores que siglos antes partieron del Danubio: Nino, fundador de Ninive, y Serbon que dejó en la India una colonia que en el devenir de los años seria el núcleo de los arios.

En los príncipes y reyes quedó la remembranza de su gran pasado, cada uno de ellos en vida construyó un templo que sería su último refugio memorial, por esas obras pías se les recuerda, así tenemos por ejemplo los monasterios de Kalenic, Resava y Milesevo, entre otros varios por su singular importancia. Milesevo empezó a construirse entre 1219 y 1235, su figura histórica ha quedado reseñada por haber sido primordialmente el sepulcro de San Sava, uno de los grandes y carismáticos personajes de la iglesia ortodoxa serbia, por otra parte, entre los frescos conservados y restaurados que son, sin ninguna duda, inapreciables tesoros artísticos del medioevo serbio, se encuentra el Angel Blanco de una gran perfección en el sincretismo de la expresión, la posición parsimoniosa y sublime contrastando con los colores en donde predomina la pureza de la luz. Además de haberse registrado en los frescos las imágenes, los retratos de los principales gobernantes de la época, Milesevo es de una relevante importancia para la cultura serbia ya que en ese Monasterio el invento de Gutenberg encontró apropiada resonancia y valiosos son los ejemplares editados en ese taller que empezó a funcionar entre los años de 1544 a 1557, el primer folio editado trata de un salterio conteniendo a la vez un horologio y Synaxar. El edificio corresponde a la arquitectura de la época denominada románica, dentro de esos delineamientos se encuentra asimismo Kalenic construido entre 1408 y 1417 catalogado en el estilo del Morava, que pertenece en general al arte serbio, hecho con mármoles blancos y bloques rojizos de arcilla cocida. No se destacan solamente los frescos del ruso Andrei Rublov sino también por aquellos otros cuyos nombres no han podido ser recordados, asimismo por los relieves de armoniosa sincronización y belleza que le dan al templo singular realce. Por su expresión y característica espiritual serbia una de las más importantes plazas de mercado de Belgrado luce como distintivo de honor el nombre de Kalenic, una callecita que conduce a ella tiene el mismo nombre y paralela a la plaza otra calle, más abajo, lleva el nombre del Monasterio de Milesevo. Resava era el hogar de los monjes copistas y su biblioteca tuvo un valor sublime en la historia cultural del mundo bizantino.

Cuando hubo pasado, ojalá pueda ser cierto, el último temporal que ha afectado la vida política y social de Serbia, uno de aquellos tantos sábados en que acostumbro como cualquier otro parroquiano de la ciudad de hacer mis compras semanales en dicho mercado, el vendedor de frutas correctamente vestido y luciendo un sombrero de ancha ala, al escuchar mi acento me habla en inglés y me pregunta, como es regla general en estos casos, de dónde soy. Le digo bromeando que soy aborigen en un 50 por ciento y le explico que mi madre era de Dubrovnik, que tal vez por esa razón llegué un día a Yugoslavia a estudiar antropología en la Universidad de Belgrado. ¡Ah, Dubrovnik!, me respondió el hombre con un gran gesto de desolación mientras sus manos acariciaban las purpúreas naranjas que venían de Grecia. Dubrovnik era mi cuartel general, me dice iluminado el rostro con una sonrisa cordial, “soy marino, sigo siéndolo”, mientras él me hablaba con esa nostalgia por el mundo de Ulyses yo recordaba unos hermosos versos de Rafael Alberti y una sentencia de Borges: “los hombres libres amarán siempre el mar!”

Sandoval-Vekarich

Belgrado, abril de 2001

* Homero ( Omer/Omar) fue un ingenioso invento de los griegos cuando se tradujeron La Iliada y la Odisea a ese idioma. Los Omer eran, digámoslo así, una asociación de aedas, de trovadores que tenían una escuela en la cual desde muy jóvenes se instruían y memorizaban las historias, leyendas y cantos épicos que de esta manera se transmitían de generación en generación. Recordemos que OM es un mantra oriental. Al morir uno de estos aedas, antes de ser sepultado o entregado a la hoguera sagrada, se le colocaba en la boca un pedrusco. Quizá fue ciego uno de estos Omer y esa ceguera le hizo célebre cuando sentado en las gradas de algún templo o palacio cantaba sus estrofas acompañando su voz con el sonido de las cuerdas de una gusla, instrumento que aun perdura en Serbia y Montenegro en donde aun existen estos trovadores. En la plazoleta de la Universidad de Belgrado, comúnmente llamada «Plató», se destaca, por su hermosura y proporciones, un monumento a uno de los más célebres trovadores de esta región en siglo pasado.

N. Sandoval-Vekarich

*NOTAS

Danubio, proviene del celta Dunav que significa aguas profundas.

Drvida (druida, voz slavocelta) de “drvgo, drvgi (drugo, drugi): otro, y “vid” de ver, esto es: drvid: ver de otra manera, ver desde dentro, desde el alma.

Lesan dar: de “Dar”: regalo, presente y “Les” divinidad de los antiguos serbios o ilirios, de donde proviene Lesandar rebautizado por los griegos Alesandar. Alejandro, hijo de Filipo, era un príncipe de Macedonia, no griego.

Vid – Divinidad de los antiguos serbios, Ser Supremo, de donde procede “vidente” en español y “vidovit” en serbio.

MI ORACION POR SERBIA

Hiroshima fue el sacrificio, la advertencia cruel a la irracionalidad del hombre. El holocausto ha sido olvidado como si hubiera sucedido hace ya muchísimos siglos confundidos con la tierra y la arena de aquel monte que hoy llamamos Calvario.

Una mujer hizo de su amor eco de protesta y oración por los despojos de carne y piedra armada convertidos en pavesas, alarido siniestro, indescifrable hoy, de tantos que fueron inútilmente inmolados cuando ya sus ejércitos habían prácticamente depuesto las armas. Pero el enemigo, soberbio y a la vez cobarde en su arrogancia tenía que rubricar con ese holocausto su advertencia a los otros pueblos que pretenden ponerse de pie para templar sus fuerzas.

Tiempo atrás un solitario desde el Lago de Lerma levantó su voz contra los mercaderes de la guerra. Esa voz encontró resonancia en las gargantas de otros inefables seres cuya integridad y amor por la criatura humana -predestinada desde su expulsión de los predios edénicos- se acomoda en el cuero de la honda como un minúsculo guijarro que habría de golpear la frente del cobarde gigantón del garrote y la amenaza.

Romain Rolland, Clemenceau, Tagore son ya polvo en el polvo. Las generaciones de hoy no conocen la historia, simple información para los advenedizos del Laurousse, nombres, cifras, letra muerta. Pero tú, Marguerite Duras, que sientes la llama púrpura y blanca de Hiroshima ardiendo intermitente en este crepúsculo del siglo, ¿dónde guardas tu oración por Serbia, la otra víctima que Europa sacrifica empecinada, enajenada y sádica como también lo hiciera con España? Todavía arden en la memoria los muros de Guernica. También las escuelas y hospitales de Serbia bombardeados por la OTAN.

Los mercaderes de la guerra han desatado las más fétidas tempestades en esa Bosnia serbia que provocó la muerte del Imperio Austrohúngaro y anunció la libertad de los pueblos que estaban sometidos al despotismo y la autocracia. Convivieron allí fraternalmente, desde siempre, católicos cróatas y serbios islaminizados con los serbios ortodoxos. Acaso los mismos que dieron muerte al Papa Pablo han prendido la mecha de la intolerancia y el revanchismo. Acaso el deseo de monopolizar el petróleo ha convertido a los sabios discípulos de Mahoma en depredadores orquestados por los medios de información corruptos vendidos al mejor postor.

Fueron cobardes los aliados europeos en la primera guerra mundial para con los soldados serbios abandonados a la suerte, enfermos y famélicos. Francia los empujó hacia la muerte cuando el viento de la patria atrapada y sometida los llamaba y estos convalecientes de Salónica respondieron al llamado, con furia incontenida se lanzaron contra un enemigo superior en hombres y armas, contra un enemigo tan bien alimentado como los caballos y los bueyes, un enemigo cruel, sádico y cínico que se cebó en la población civil, que deshonró a las inermes mujeres serbias y que colgó en la horca a los ancianos por amar la patria y a los hijos que la defendían. Francia, como Inglaterra, se quedó a la retaguardia, a la espera, creyendo firmemente que estas huestes famélicas y enfermas serían destruidas, que el honor de Europa, el status del Imperio Austrohúngaro quedaría a salvo.

La munición inútil, los cañones inservibles que falaz Francia entregó a los serbios estos soldados eslavos de coraje y sangre roja los substituyeron con su profundo amor y lealtad por la patria y con ese heroísmo inalterable que cantan los trovadores recordando la resistencia de 500 años contra los turcos izaron la vida al tope y asaltaron la muerte, la acorralaron y vencieron ante el estupor de sus cobardes aliados.

No ha sido Francia cobarde y falaz tan solo con Serbia. Lo ha sido también con España, con Argelia, con Indochina y con el pueblo judío vilmente traicionado y entregado a los verdugos.

0trora el Danubio no sólo fue una frontera fluvial, fue un muro contra el cual apoyaron sus espaldas los heroicos caballeros serbios que impidieron que los turcos cruzaran la llanura panónica y enarbolaran las banderas de la media luna en la Catedral de San Esteban en Viena. Entonces el Imperio Austrohúngaro permitió que dentro de sus fronteras se asentaran enormes masas de familias de serbios ortodoxos fugitivos de la ira otomana que automáticamente eran farallones contra los cuales incesantemente se estrellaban las hordas musulmanas. Esos grupos ortodoxos han sobrevivido manteniendo incólume sus tradiciones, su idioma, sus hábitos y religión. Si hubo muchos que por razón de la sobrevivencia tuvieron que cambiar de credo la lengua común los mantuvo unidos hasta el momento en que Europa por sus oscuros y estrechos intereses los ha incitado a una intolerancia religiosa cuyas banderas no pueden amortajar ni cubrir tanta miseria, tanta destrucción y tanta muerte!

¿Dónde está ahora tu voz, Romain Rolland? ¿Dónde está, ahora, Marguerite Duras, tu oración por Serbia?

PAUL DISNARD
Belgrado, invierno de 1995.

De “El Combatiente” Edit. Magnus – Belgrado, 1998

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