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El arte de los títeres se mantiene vivo en un payanés

El miércoles 15 mayo, 2019 a las 5:07 pm

Leidy CruzRedacción Popayán

Andrés Hoyos Muñoz, comenzó haciendo títeres como una necesidad sin imaginarse que encontraría en sus muñecos una vida artística de más de 20 años de experiencia.

Andrés Hoyos Muñoz

Hijo de un payanés y una valluna, se sintió atraído por el arte desde pequeño. Es el mayor de tres hijos y ha contado siempre con el apoyo de sus padres y sus hermanos. “Afortunadamente mi familia siempre me ha apoyado. Mis papás y mis hermanos aplauden todo lo que hago, se ponen muy contentos. Todo lo que he querido hacer siempre lo he hecho con su respaldo, afortunadamente” resaltó.

Estudió en el Instituto Técnico Industrial Don Bosco, en donde se caracterizó como un buen estudiante y en donde tuvo la oportunidad de hacer teatro durante todo su bachillerato.

Estudió Arte Dramático en la Casa Nacional de Teatro en Bogotá, en donde reafirmó su gusto por el arte y la cultura. Sin embargo, pese a las oportunidades ofrecidas por la capital y las grandes fortalezas de la misma en el campo del teatro, Hoyos quiso regresar a la capital caucana. “Popayán ha sido siempre mi casa. Aquí hay mucho por hacer” dijo.

El teatro fue el arte que lo llevaría más tarde a la necesidad de suplir actores ausentes en un montaje para la Corporación Artística y Cultural Artemaniacos y entonces, los títeres fueron la opción para que el montaje cumpliera con el número de “actores”.

Gracias a ello Andrés pudo reconocer en los títeres un gusto que más tarde se volvería una pasión por sus muñecos. “Yo los quiero a todos mis muñequitos” expresó, mientras sostenía a algunos de ellos.

Una vez descubrió el poder de los títeres se enfocó en estudiar y formarse en ellos. Tuvo la oportunidad de aprender del maestro cubano Julio César Cordero, aprendiendo de técnicas, materiales y otros temas afines con los títeres.

Esos, que más allá de ser unos muñecos, constituyen una compañía y el resultado de disciplina y gusto. Manifestó que el títere que más aprecia es “El Lobo”, “él en escena es el más malo, pero acá en la privacidad, porque yo hablo con ellos (risas) él es el más tierno. Tiene esa cara de bravo pero mentiras, es lo más de querido, a veces hace bueno, reflexiona y todo”.

Andrés diseña y crea sus títeres, los construye y les confecciona su vestuario. Realiza un taller con cada uno para crearle su personalidad y temperamento para que se distingan unos de otros. “Se hace un trabajo arduo en cada personaje, mis títeres se diferencian el uno del otro, les doy un valor agregado que es su personalidad. Me siento orgulloso del trabajo q se hace” mencionó.

Así mismo, concibe los títeres como una herramienta lúdica que gusta tanto a niños como a adultos. Una actividad que requiere de talento, de disciplina, seriedad y compromiso; y que permite procesos de aprendizaje de mayor aceptación e igualmente, de mayor recordación.

Por otra parte, reflexionó en torno a que ser titiritero es significativo y que la profesión es tan importante como cualquier otra, “no se puede discriminar a nadie. Es tan importante un titiritero como el gran médico. El actor de teatro como el gran abogado. Cada uno en su rama es importante para el mundo y para la gente que se va a beneficiar de ellos en algún determinado momento” expuso.

Tan importante como el derecho, por ejemplo, del que tiene total conocimiento pues además de ser titiritero, Andrés es también abogado. “Estudié derecho y gracias a la parte cultural pude sostener mi carrera” dijo, mientras contó el por qué querer ser abogado, “toda la vida he sido muy organizado y un amigo de la justicia, eso tenía razón de ser en el derecho, en su esencia como tal”, reveló.

Como lo indica él, ha defendido hasta el momento muchos procesos con muy buenos resultados, lleva años litigando y gusta hacerlo; tanto como lo apasionan sus títeres. “Soy un 90% titiritero y un 10% de la parte jurídica. Yo me divierto mucho de las audiencias, pienso en -qué dirían ellos- he tomado mucho de mí cómo titiritero en mi yo abogado, manejo de masas, para hacer una buena defensa, para no sentir nervios. Van de la mano” indicó.

“Habrá gente que cree q la parte artística no es tan importante porque solo piensan en la parte económica. Pero esto se lleva en el corazón y mira, llega el dinero, y bien, porque se necesita, pero es más por el amor y la pasión con la que haces las cosas. Yo hago mis títeres con mucho amor” señaló. “No me mueven tanto los deseos materiales, son los espirituales con los que me lleno yo” agregó.

Habló también de cómo algunas personas se sorprenden al conocer sus dos profesiones. Explicó que una es la “pinta” del abogado, con saco y corbata y otra la del titiritero, con sudadera y tenis. “Me ven y me preguntan ¿usted es Andrés?, ¿usted es el abogado? Y yo les digo sí, soy el abogado y ahora soy el titiritero. Me desenvuelvo muy bien en las dos aguas”

Dijo que para ser titiritero hay q tener ganas y talento, sentir el llamado por los escenarios, querer dejar un mensaje, se requiere de “esa vaina artística” que se siente con pasión. Resaltó su ciudad, como un lugar con talentos y ganas, en donde es posible explotar mayormente el potencial artístico de sus habitantes.

Andrés Hoyos Muñoz es un payanés dedicado al arte y las leyes, que se ha destacado entre los titiriteros de la región. Es muestra del tesón y las ganas que se tienen para dedicarse a lo que se lleva dentro, apostando por contribuirse a sí mismo, a su familia y a su ciudad.

“Siento que en Popayán hay mucho por hacer en los dos campos: tanto en el del derecho como en el de los títeres. Se debe confiar y apoyar más los talentos de quienes vivimos aquí”, finalizó.

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