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Martes, 27 de julio de 2021. Última actualización: Hoy

El arcoíris que preñaba

El viernes 15 enero, 2021 a las 10:50 am
Imagen cortesía de: https://cutt.ly/cjRIRsp

El arcoíris que preñaba

El arcoíris que preñaba

Un lunes se organizó una minga para ayudar a levantar una plancha de cemento en la casa del capitán Bermúdez, en Potrerillo. Ese día vinieron de todas las veredas del corregimiento del Patía. Eso había gente de Miraflores, San Pedro, Pueblo Nuevo, Piedra de Moler y La Ventica.

Mi abuelo Antonio no quería ir, puesto que esa semana tenía organizada una molienda, pero mi papá dijo que se hacía cargo, entonces nos fuimos. Al abuelo le gustaba llevarme y mi mamá me decía que fuera para cuidarlo, evitando que se sobrepasara en la borrachera con el chancuco.

En el camino, el abuelo me explicó que, a las mingas, como a los entierros de la familia, no se puede faltar porque eran compromisos de gente seria. Que después del trabajo venía la cosa buena y que pusiera atención a la conversa, pues allí se entera uno de muchas cosas.

Una señora de La Ventica trajo un bulto de tamarindos y, en una tinaja de barro empotrada en un rincón de la cocina, se organizó la tamarindada que alcanzó para saciar la sed de los mingueros y bajar el almuerzo.

Ese día lo recuerdo mucho, ya que fue como perder mi virginidad sobre un tema del que tenía muchas preguntas y del que en mi casa no se decía nada: el embarazo de las mujeres.

Resulta que fui a la cocina por limonada de tamarindo, pero al escuchar de lo que hablan las señoras me metí debajo de una de las camas de caña brava, donde ponían las ollas, y me quedé quieto junto a los cuyes, porque en ese tiempo —no sé ahora— además de fogones inmortales y carne ahumándose siempre, era muy común tener cuyes en la cocina.

La profesora Carmencita, esposa del capitán Bermúdez, preparó con la ayuda de varias amigas un sancocho trifásico cargado de yuca, res, pollo y costilla de cerdo, que sirvieron en escudillas blancas esmaltadas y compradas para la ocasión.

—¿Vos te acordás cuando las señoritas del Patía aparecían en embarazo por obra y gracia del orín del arcoíris? —expresó la profe Geraldina. Y entonces me quedé quieto y me puse a escuchar—: ¡Ja!, eso llovía con arcoíris y todos los papás corrían a tapar o a esconder a sus hijas para que no fueran a quedar preñadas.

—Ve, Geraldina, ¡dejate de chichiguas!

—Eeh niña, ¿Y yo qué hago si aquí todos los hombres creían en eso? Era la forma de tapar los embarazos de aquellos que no querían responder, de ocultar aventuras con casados, de esconder a los hijos con los primos o los tíos, dado que era mal visto tener hijos con gente de la familia. Es que a veces las mujeres nos quedábamos preñadas de arrecheras por joder y sin ganas de compromiso ni marido y, entonces, pues eso: no había marido.

Desde ese día, cada vez que veo llover con arcoíris me pregunto a quién irá a preñar o, mejor aún, a quién estarán preñando.

Web: www.valenciacalle.com

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